Plan de cien mil empleos
Recuperar las cifras de 2019, previas a la pandemia, es la gran deuda pendiente de nuestra economía en este ámbito,
Independientemente de la meta de desempleo a la que aspira el Gobierno cuando llegue el final de su mandato (6,5%), un objetivo concreto debería ser el de alcanzar hacia el inicio de su tercer año una cifra que se acerque al 7,2 por ciento. Este fue el promedio del año 2019, previo a la pandemia. No es ideal, pero tampoco imposible, y es la gran deuda pendiente de la economía chilena en esta materia. La inmensa mayoría de los países de la OCDE tienen tasas de desocupación similares o inferiores a las registradas entonces. Chile es uno de los pocos que están enteramente desalineados, y supondría la creación de unas 240 mil ocupaciones adicionales.
La parte más significativa de esta recuperación debe recaer en una economía más dinámica y a ello deberían ayudar no solo la vigencia de la Ley de Reconstrucción, sino un conjunto de medidas que se están desarrollando coordinadamente desde los ministerios para reducir barreras administrativas a la inversión y a la reasignación de factores productivos. Pero estos cambios toman tiempo en cobrar fuerza y por eso es interesante el "Plan Chile Despega", anunciado ayer por el Presidente Kast. La meta es contribuir a la creación de 100 mil nuevos puestos de trabajo, poco más del 40 por ciento de los que se requerirían para alcanzar el objetivo intermedio antes señalado.
El plan tiene cuatro ejes que aparecen bien coordinados y coherentes entre sí. Su influencia debería dejarse sentir en lo que resta del año y en 2027; es decir, servir de puente hasta cuando las medidas más permanentes comiencen a surtir efectos. Supondría una asignación de recursos por alrededor de mil 350 millones de dólares. Una parte está actualmente presupuestada y otra supone aportes de capital que afectan el balance fiscal solo bajo la línea. En la primera dimensión, se contempla asegurar que se ejecute la inversión pública que hoy está rezagada (a julio, ese rezago era de 15%). Aquí, las responsabilidades recaen especialmente en el MOP y Vivienda.
El segundo eje contempla aportar fondos a la capitalización del Fogape, que -cabe recordar- es un fondo estatal, administrado por Corfo, destinado a garantizar parte de los créditos o financiamientos de pequeñas y medianas empresas. Esto puede ayudar a fortalecer capital de trabajo o desarrollar nuevos proyectos. Es una inyección de liquidez fundamental para incentivar la contratación. El efecto multiplicador, además, es significativo, porque posibilita un apalancamiento mucho mayor al aporte que se realiza. Se complementará con un pago a proveedores de salud, reduciendo los niveles de deuda que el Estado mantiene usualmente con ellos.
Una tercera dimensión apunta a fortalecer el programa de subsidios a la contratación que se lanzó en julio y que ha llenado todos los cupos disponibles. Aunque es un plazo breve, es un subsidio importante, que reduce significativamente los costos de contratación, cuya alza explica parte del problema de desempleo. Los nuevos recursos debieran quedar plasmados en el Presupuesto 2027. Quizás se podría reducir su techo, hoy en tres salarios mínimos, para que el esfuerzo se concentre en trabajadores menos calificados, que son quienes tienen más dificultades para insertarse.
La cuarta y última dimensión incluye complementar la ejecución de grandes obras con otras de carácter local, en función de factores como el desempleo comunal, el desgaste de infraestructura y la velocidad de contratación. Es una aproximación novedosa, que puede aprovechar economías de ámbito para generar nuevas oportunidades laborales y una mejor infraestructura local y social.
Por cierto, será clave el seguimiento de estas iniciativas, de modo que produzcan los impactos esperados. Además, es indispensable asegurar la aprobación del proyecto de sala cuna y construir una propuesta contundente a partir de las recomendaciones de la mesa de reactivación laboral. El flojo comportamiento de la ocupación desde la pandemia exige una agenda amplia y potente. Es la única manera, junto con el crecimiento económico, de asegurar niveles de ocupación razonables.