¿Y si estamos equivocados?
Luz Magdalena Salas
La semana pasada moderé un panel sobre la situación energética del Caribe colombiano
Luz Magdalena Salas
La semana pasada moderé un panel sobre la situación energética del Caribe colombiano. Llegué a la conversación con una explicación que probablemente compartimos muchos colombianos: buena parte del problema es que en la Costa no pagan la energía y muchos se la roban. Es una explicación sencilla. Pero también es una explicación peligrosamente incompleta. Mientras preparaba el panel y conversaba con quienes conocen el problema desde el territorio, entendí que detrás de esa idea hay una realidad mucho más compleja. Hay pérdidas y problemas de pago, si. Pero también hay pobreza, enormes carencias, ingresos irregulares, redes precarias, problemas históricos de calidad del servicio y desconfianza entre usuarios, empresas y Estado. Entonces pensé en algo que va mucho más allá de la energía: es fácil explicar el comportamiento de los demás por lo que creemos que son, en lugar de preguntarnos por las circunstancias en las que toman sus decisiones. La economía conductual llama a esto "error fundamental de atribución": tendemos a explicar el comportamiento de otros por sus características. Decimos: "son incumplidos", "no quieren pagar", y subestimamos sus razones. Curiosamente, cuando explicamos nuestro propio comportamiento somos mucho más conscientes del contexto. El problema es que estas etiquetas pueden llevarnos a soluciones equivocadas. Si el diagnóstico es que "la gente no paga porque no quiere", la respuesta será aumentar controles, sanciones y cortes. Pero si preguntamos por qué no paga, surgen otras preguntas: ¿cómo y cuándo recibe sus ingresos? ¿puede pagar una factura grande una vez o facturas pequeñas con más frecuencia? ¿confía en la empresa? ¿qué calidad de servicio recibe? La experiencia internacional muestra por qué esto importa. En Sudáfrica, los hogares de menores ingresos compraban electricidad prepagada en montos pequeños y con mayor frecuencia, especialmente alrededor del momento en que recibían sus ingresos. El problema no era solo la disposición a pagar sino también la capacidad y el momento para hacerlo. En Uganda, otro estudio encontró que la confianza entre usuarios, empresas y gobierno, así como las normas sociales, también incidían en el cumplimiento. Las soluciones técnicas eran importantes, pero insuficientes si ignoraban el contexto de las comunidades. Nada de esto significa justificar el fraude. Las pérdidas y el no pago son reales y amenazan la sostenibilidad del servicio. Pero significa entender qué comportamientos aparentemente iguales pueden tener causas distintas y, por tanto, requieren soluciones diferentes. Tal vez esa sea la lección que me quedó de la discusión sobre el Caribe. Juzgar un comportamiento es fácil. Entender qué lo produce es mucho más difícil. Pero si queremos cambiarlo, solo lo segundo nos sirve.
Vicepresidente de ANIF.