El miedo
Hay algo que se adelanta a la conciencia
Hay algo que se adelanta a la conciencia. El cuerpo lo sabe primero: una contracción, la respiración que cambia, el corazón que se acelera. Todavía no sabemos qué sucede, pero ya queremos alejarnos.
Puede ser una puerta que se abre, un ruido al otro lado, un teléfono que no suena, una noticia que aún no llega. Puede tener un rostro preciso o no tener ninguno. Cuando no lo tiene, comenzamos a inventarlo. Entonces la oscuridad deja de ser oscuridad. El silencio deja de serlo. La habitación vacía ya no está vacía. Y, sin embargo, no hay nada.
La puerta sigue cerrada. El teléfono continúa en silencio. Nadie viene. La noche conserva su quietud. Pero algo ha cambiado. El cuerpo permanece atento, aguardando una señal.
Tal vez lo más inquietante sea eso: puede aparecer antes que aquello que lo provoca. Se adelanta a todo. Acecha en la posibilidad, en una imagen sin forma.
Y mientras todo permanece quieto, seguimos escuchando. Como si supiéramos que algo viene. Aunque no sepamos qué.