Así se prepararon atletas con discapacidad visual para correr mañana la Maratón de Viña
Corredores con baja o nula visión se reúne cada fin de semana en el Parque Bicentenario, donde entrenan junto sus guías unidos por una cuerda. La experiencia les ha permitido no solo sumar kilómetros, sino también confianza.
Todos los domingos, a las 7:00 de la mañana, Irma Carrasco (57) sale de su casa en Cerrillos, con dirección al Parque Bicentenario, en Vitacura. En todo el trayecto -que incluye micro, metro y en el último tramo, el auto de un conocido que la acerca a su destino-, Carrasco va acompañada de su bastón: debido a un diagnóstico de miopía magna, hoy solo tiene un 5% de visión, por lo que la herramienta es su manera de desplazarse de forma autónoma.
"Lo aprendí a manejar en la Fundación Luz. Yo pensé que mi destino era estar sola y ciega en mi casa, pero un día busqué información en Google y así fue como la conocí. Al llamar me preguntaron si había tenido rehabilitación y de a poco se me abrió el mundo. Empecé a aprender cosas como el uso del bastón y otras del diario vivir, entre ellas, saber identificar dos calcetines del mismo color sin verlos".
El tip -dice- es pegar "un botón cuadrado a los calcetines blancos y uno redondo a los negros".
Participando en las actividades de la fundación, que se dedica a educar y capacitar a personas con discapacidad visual o con baja visión, Carrasco comenzó a ejercitarse, y a principios de año, Fernando González, kinesiólogo de la entidad, la motivó a empezar a correr.
"Al principio me daba terror, porque no quería chocar. Pero me explicaron que se corre con guías", comenta.
A fines de 2025, González había conversado con trabajadores de Banco Itaú y Mastercard, con quienes acordó crear un grupo de voluntarios dispuestos a capacitarse para ser guías para corredores con discapacidad visual.
Partieron siendo ocho atletas con baja o nula visión, además de ocho guías. Actualmente, los atletas son 20 -varios de los cuales correrán mañana en la Maratón de Viña- y los guías, que van rotando, suman incluso más. Todos los fines de semana practican juntos en el Bicentenario, agrupados bajo Achilles Chile (@achilles_chile en Instagram), una organización internacional que en Chile formó alianza con Fundación Luz.
Narrando desniveles
"La comunicación en tiempo real es clave. El guía debe ir narrando la superficie, giros, desniveles u obstáculos. Otra adaptación es la cuerda guía, en forma de ocho y de 60 a 70 cm, que se toma con las manos o muñecas. Se corre en movimiento de espejo y el guía debe adaptarse siempre al ritmo del atleta, nunca tirando de él", explica González. "Al principio hubo ansiedad, pero al correr en la pista esta fue bajando. Y es que muchos atletas nunca habían hecho educación física, ni siquiera en el colegio, porque sus profesores no sabían adaptar las actividades", agrega.
"La primera vez corrí un kilómetro parando a cada rato, porque no estaba acostumbrada al ejercicio. Al principio también cuesta porque hay que tener mucha confianza en el guía. A mí, por ejemplo, me cuesta percibir las profundidades y las sombras", señala Gabriela Flores (37), quien tiene un síndrome degenerativo que hace que las células de la mácula, al centro de la retina, vayan muriendo. "Pero la confianza se trabaja. Corriendo una hora con alguien de forma suave, vas conversando todo el camino y se construye una relación de amistad. Uno retroalimenta al guía; yo le digo que veo menos por un ojo y él se ubica a mi derecha, que es mi lado más débil", indica.
"Conversamos de todo, de nuestra semana y de las molestias físicas. Incluso nos compartimos recetas de cocina. El otro día hablamos del costillar".
Debido a la cuerda con que se entrelazan, durante los entrenamientos otros deportistas se han acercado a preguntarles en qué consiste el sistema, generalmente felicitándolos por la motivación. "Pero a veces ocurre que otros corredores no se dan cuenta y te chocan al pasar. Creo que es importante llamar a los atletas con visión normal a que sean más conscientes de su entorno y de los demás corredores, para así evitar estas situaciones", dice Flores.
Para hacerse notar, durante entrenamientos y carreras, el equipo de Achilles usa poleras amarillas. Esas mismas son las que parte del equipo llevará a la Maratón de Viña que se realiza mañana, donde correrán 10 km.
"Se va a sumar a mi lista, porque ya corrí 5 km en una, 10 km en la Maratón de Santiago -que completé en una hora y 30 minutos-, y 7 km en la reciente Maratón de la Mujer", celebra Verónica Berrera (61), quien tras haber nacido con un problema a los párpados que le desgastó las córneas, destaca lo que estos logros significan no solo para ella, sino para su familia.
"Mi marido y mis hijos están muy orgullosos y se emocionan cuando me ven correr y cruzar la meta", comenta. Y agrega un dato: "el guía nunca puede llegar antes que el atleta. Tampoco soltar la correa. Él puede entrar un paso más atrás, pero lo común es hacerlo juntos".