Los tinterillos del amor
No hace mucho, una voz femenil dijo de pronto: por plata no se preocupen que plata no hay para pagar las pensiones de fin de año
No hace mucho, una voz femenil dijo de pronto: por plata no se preocupen que plata no hay para pagar las pensiones de fin de año. La noticia me espantó como si me hubiera encontrado con Trump en un ascensor para dos. Tan pronto escuché a la ministra del Trabajo, Natalia López, recordé a Woody Allen. Cuenta el cineasta que cuando lo raptaron "mi padre enseguida se puso en acción: alquiló mi habitación". Como di por sentado que no habría mesada, me movilicé. Hice un primer casting entre familiares y amigos pudientes y detecté cuáles tienen las despensas y los bares mejor dotados. Decidí turnármelos para no aburrirlos. Pensé revivir el exótico oficio de sexador de pollos, que consiste en adivinar el sexo de esas aves soplándoles el rabo: si se pone colorado, es pollo, si se pone colorada, polla. Las pollas son sacrificadas. Como todavía soplo, veo allí un excelente modus comiendi. En una época importaban japoneses para tan insólito destino. También decidí que era el momento de terminar una novela que empecé hace 20 años. Se titula El hombre que no escribía novelas. Hay un problemilla: en dos décadas no he pasado del título. Ya contacté a escurridizos amigos de la fauna editorial y quedamos en que la "obra" estaría lista para circular en diciembre. Ante la perspectiva de un fin de año sin el vil metal, recordé que en una ocasión, de paso por Nueva York, un colombiano nostálgico encontró que mi tono de voz neutro era ideal para el doblaje de películas o telenovelas. No le acepté porque mi sueño era bogotano, no americano. Ahora estoy buscando al barranquillero que me descubrió esa mina de oro. De pronto Scorsese o Spielberg necesitan la voz neutra de un octogenario "misteriosamente feliz". Dejé para el final la mejor opción, la de tinterillo del amor. Son escritores que van de feria en feria del libro con una máquina de escribir jubilada ofreciendo sus luces. Escriben cartas de amor, desamor, haikús, sonetos sin el primer cuarteto o décimas de nueve versos. El cliente siempre tiene la razón. Puse a punto mi Olivetti Lettera 22. Si la ministra López nos vuelve a dañar el semestre, saldré a la llanura a ofrecer mis servicios de amoroso tinterillo. Menos mal el presidente Abelardo, pistola al cinto, ordenó conseguir el billete para garantizarnos a los jubilados el matrimonio buñuelos-natilla en diciembre. Si, al parecer, logró, entre otros, el milagro de la defenestración del presidente de la Andi, lo de la plata para los pensionados es pan comido. ¿El poder para qué? ¡Viva Cristo Rey, carajo!
Escriben cartas de amor, desamor, haikús, sonetos sin
el primer cuarteto o décimas
de nueve versos. El cliente siempre tiene la razón.
OTRAPARTE
Óscar Domínguez Giraldo