Medio millón de copias obligao
Adolfo Zableh Durán
Bob Dylan decía que aquellos que dominaban el mundo no oían música
Adolfo Zableh Durán
Bob Dylan decía que aquellos que dominaban el mundo no oían música. Por otro lado, a un amigo le ofrecieron puesto en una revista donde aspiraba a escribir sobre libros, pero la directora le respondió que ese tema no le importaba a nadie. Lo que ambos querían decir es que el arte es dispensable porque hay un montón de cosas más importantes. Digo esto a raíz del recorte presupuestal hecho al Ministerio de Cultura, particularmente en el área de premios y estímulos. Apenas se supo la noticia salieron a protestar artistas perjudicados, y casi en simultánea muchos aplaudieron la decisión con el argumento de que el arte debe ser rentable, y que aquello por lo que el público no está dispuesto a pagar no debería hacerse. No sabe uno por dónde empezar a explicar por qué esa idea está equivocada. Entiendo, eso sí, que hay gente malacostumbrada a vivir del Estado, no solo en la cultura, y que en un país con un presupuesto limitado es imposible mantener el chorro abierto. Eso es una cosa, y otra, decir que el arte que no sea rentable no debe existir. Soy defensa cuando juego fútbol, y para joder a mis rivales les digo, después de rematar desviado al arco, que si no van a hacer gol, mejor no pateen. El caso del arte rentable es más o menos lo mismo. ¿Cómo le dice usted a un artista que deje de intentar? ¿Cuál es el momento correcto para decirle a alguien: "Hermano, mejor busque puesto en el Éxito porque con la pintura no fue"? No es arte, pero es famoso el caso de Thomas Edison y la bombilla. "No fracasé, solo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una" fue lo que terminó diciendo. ¿En qué intento le hubiera dicho usted a aquel hombre que mejor prendiera una vela? El arte no es cuantificable, no se trata de hacer colchones, y provee al alma un goce y una grandeza que le permiten seguir viviendo. Casos de artistas que han "fracasado" porque no son comerciales sobran. Nick Drake, por ejemplo. Murió a los 26 años luego de sacar tres discos que nadie escuchó. Cuentan que alguna vez se preguntó por qué si los que lo conocían decían que era un genio, no tenía novia, amigos ni dinero. Alguien lo descubrió un cuarto de siglo después de fallecido, y su música explotó: comerciales, películas, recopilaciones, tributos. También está Todd Field. Quizá no les suene el nombre, pero, para que le pongan cara, hace de amigo de Tom Cruise en Eyes Wide Shut, el pianista que le revela que hay una sociedad secreta que organiza fiestas en mansiones. Field ha escrito y dirigido tres películas en veinticinco años, todas obras monumentales nominadas a decenas de premios; solo una de ellas fue rentable. In The Bedroom, Little Children y Tár, por si se estaban preguntando el nombre. ¿Qué hacemos con Drake y Field? ¿Los cancelamos porque generan pérdidas? ¿Mejor oír Aria Vega y ver Los Vengadores porque esos sí facturan a lo loco? ¿Qué creen acaso, que hacer arte es tener muchas reproducciones en Netflix y descargas en Spotify? Hay quien no es capaz de entender la belleza, tampoco de disfrutarla, porque lo único lindo es una cuenta bancaria con muchos ceros. Están como un amigo, que una vez me vio con una chaqueta y lo primero me preguntó fue la marca y cuánto había costado. Para ellos, Andrea Bocelli es el pináculo de la cultura y el buen gusto, los pianos sirven para animar bodas porque al músico se le paga por horas y los escritores somos dispensables ahora que todo se puede redactar con inteligencia artificial. Sé que pierdo el tiempo con ellos, pero no quiero cerrar sin decirles que vale la pena intentarlo así se fracase innumerables veces, y que el arte necesita auxilios y ayudas, de privados, sí, pero sobre todo del Estado así no les guste.
El arte necesita auxilios
y ayudas, de privados,
sí, pero sobre todo del Estado así no les guste.
EL ARTE NO ES CUANTIFICABLE