Premiar lo que aporta
El contraste resulta notorio: en una pantalla, una joven con la polera de Chile lo da todo en la pista de atletismo
El contraste resulta notorio: en una pantalla, una joven con la polera de Chile lo da todo en la pista de atletismo. Logra romper su propio récord y se queda con la medalla de oro; en otra pantalla, una entrevista se entromete en la intimidad de una pareja creando contenido que apela más al sensacionalismo que a la información. Es lo que pasa en la televisión por estos días. Por un lado, TVN transmite con éxito los Juegos Sudamericanos en los que Chile obtuvo 49 medallas de oro convirtiéndose en la mejor participación en el extranjero de la historia; por otro, su competencia escoge atraer audiencia con contenido que nada aporta.
Hay una regla básica en la creación de valor de la cual la televisión no está exenta: lo que se construye pensando en el mediano y largo plazo genera beneficios. Mientras que, si solo se piensa en el punto de rating de mañana, se destruye valor. En la industria audiovisual eso tiene nombre propio. Se llama pérdida de confianza, y es lo único que un canal no puede comprar de vuelta.
TVN apostó por lo primero. Casi 6 millones de espectadores únicos vieron los juegos Odesur y el rating promedio alcanzó las 248.786 personas por minuto, lo que le permitió mejorar su ubicación en el ranking de lo más visto. Esto demuestra con datos que la audiencia responde positivamente frente a contenidos edificantes. Pese a que en el papel no incluía deportes "masivos", la apuesta por los Juegos Sudamericanos atrajo a un público leal y numeroso.
Pareciera ser que no es un caso aislado. En las Fiestas Patrias, el Tedeum, la Parada Militar y las celebraciones populares sumaron 9 millones de televidentes. Las noticias, el deporte y una cultura popular que responde a tradiciones tienen legitimidad y audiencia.
Todo esto es importante y conviene tenerlo a la vista, porque el Congreso discute el futuro de la televisión pública cuando TVN arrastra una deuda millonaria y el debate se ha dado casi por completo en clave financiera. Si bien es una pregunta muy importante, la cuestión de fondo no puede ser cuánto cuesta el canal, sino qué se le exige a cambio de financiarlo. Una ley que resuelva el financiamiento sin definir obligaciones de contenido ni consecuencias por incumplirlas terminará financiando lo mismo que hoy acumula quejas en el Consejo Nacional de Televisión: los realities y la farándula.
Premiar lo que aporta no es un gesto moral. Es diseño institucional que debe ir unido a indicadores que midan servicio y no solo sintonía, y un directorio que responda por las dos cosas. El presidente de TVN preguntó hace algunas semanas si Chile todavía considera que una televisión pública es un bien necesario. Los Odesur y el 18 de septiembre dieron una respuesta orientadora.