Sábado, 10 de Octubre de 2026

Mujica, símbolo e historia

UruguayEl País, Uruguay 9 de octubre de 2026

Los relatos públicos no solamente cuentan acontecimientos: los seleccionan, interpretan y ordenan.

Hay figuras políticas que, con el tiempo, dejan de ser solamente personas. Se convierten en personajes y luego en símbolos. Cuando eso ocurre aparece un riesgo: que el símbolo termine sustituyendo a la historia.

José Mujica es uno de los ejemplos más extraordinarios de ese proceso.

Su trayectoria reúne dimensiones muy diferentes: militante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, preso durante años, dirigente político después de la recuperación democrática, legislador, ministro, presidente y figura de reconocimiento internacional. Pero antes del presidente austero existió el militante de una organización que eligió las armas como instrumento de transformación política. El MLN-T no nació como resistencia a la dictadura. Su lucha armada se desarrolló bajo gobiernos constitucionales. Aquella violencia alimentó una dinámica de enfrentamiento con consecuencias devastadoras para el país.

Recordarlo no justifica lo que vino después. La ruptura institucional, la dictadura, las desapariciones y las graves violaciones de los derechos humanos merecen una condena inequívoca. Pero reconocer esos crímenes no exige reconstruir la violencia revolucionaria como si hubiera surgido para enfrentar una dictadura que todavía no existía.

El problema adquiere actualidad cuando actores políticos resignifican aquel pasado manteniendo viva su épica revolucionaria. El 14 de junio de 2025, al conmemorarse el nacimiento de Ernesto Che Guevara, el MPP escribió: "Nacía la rebeldía con nombre y apellido, el fuego que no se apaga, la dignidad de los pueblos que se levantan". Y agregó: "su ejemplo sigue ardiendo". El Che aparece allí no solo como figura histórica, sino como referencia moral vigente.

La incorporación de Mujica a la democracia representativa fue indiscutible en los hechos. Pero tampoco corresponde borrar las tensiones que permanecieron en su concepción del poder. En 2012, al justificar el ingreso de Venezuela al Mercosur, sostuvo que "lo político superaba ampliamente lo jurídico".

Una democracia no consiste solamente en que gobierne quien obtiene las mayorías. Consiste también en que esas mayorías estén sometidas a normas que no pueden dejarse de lado porque dificulten una decisión política. Esa es una conquista esencial del Estado de derecho.

Con los años se construyó alrededor de Mujica una poderosa imagen: el presidente austero, el hombre de la chacra y el viejo Volkswagen, el dirigente que hablaba de felicidad, consumo y libertad. Esa imagen deja en penumbra otras dimensiones de su trayectoria. Para quien escribe estas líneas no se trata solamente de historia. La violencia política de aquellos años dejó consecuencias concretas sobre vidas concretas. Escribo desde el lugar de quien vivió aquella época y quedó marcado de por vida por sus consecuencias. No se trata, sin embargo, de sustituir un relato por otro.

En El relato que nos gobierna sostengo que los relatos públicos no solamente cuentan acontecimientos: los seleccionan, interpretan y ordenan. Determinan qué hechos ocuparán el centro de la escena, cuáles se desdibujarán y qué víctimas serán recordadas o relegadas a sus márgenes. Cuando el símbolo sustituye a los hechos, dejamos de interrogar la historia. Y comenzamos a construir un relato.
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