Sábado, 10 de Octubre de 2026

Los enojos son internos

UruguayEl País, Uruguay 10 de octubre de 2026

El equilibrio moderado lo pone hoy el MPP, grupo mayoritario dentro del Frente. Pero nada indica que realmente sea moderado.

Los principales dirigentes de Frente Amplio se quejan, con demasiada frecuencia, de la constante crítica que la oposición le hace al gobierno en un momento de fuerte desaprobación a su gestión.

Tanta desaprobación, así como la crítica de la oposición, se explica en gran parte porque el gobierno no está haciendo las cosas bien. Por momentos el enojo de algunos frentistas termina siendo mucho mayor (y más desgastante) que el de los opositores y ese no es un dato menor.

Para el Frente, el problema es la insistencia opositora más que el enfriamiento de los propios. Se enojan, por ejemplo, con el senador Sebastian da Silva por lo arremetedor de sus declaraciones, como si lo de Fernando Pereira, con su tono y cara enfurruñada, fuera otra cosa. O como si no importaran las singulares salidas del senador Daniel Caggiani.

Hay que admitir que la constante crítica de la oposición termina siendo abrumadora. En parte, porque hay abundante material para criticar. El gobierno la hace fácil. También ocurre que al ser tan evidente lo mucho para cuestionar, no es nada distinto a lo que pueda decir hoy un frentista militante o el ciudadano común. Al final estamos todos repitiendo lo mismo. Por eso, sería bueno que la Coalición diseñe otra estrategia que por supuesto no implica dejar de lado la crítica pero que sí agregue, a la vez, propuestas. Que cuestione lo mal hecho pero además diga qué, cómo, en qué plazos y a qué costos haría algo mejor.

Más allá de reproches cruzados, lo que al gobierno (y también al país) debería preocuparle es el verdadero origen de tanto enojo, reflejado en la alta desaprobación que muestran las encuestas. Es tan alta que es obvio que muchos frentistas que votaron al gobierno están tanto o más enojados que aquellos que no lo son.

El argumento de estos frentistas es que el gobierno no está cumpliendo con lo que había prometido en campaña. Argumento que demuestra la poca memoria que tiene mucha gente, porque la verdad es que el Frente Amplio, y en especial su candidato, no prometió mucha cosa. Más bien trató de demostrar que en realidad no había diferencias abismales entre ellos y sus adversarios.

Si al menos todo hubiera quedado en eso, en que no eran tan diferentes. Hoy el proyecto Arazatí estaría a medio completarse. Sin embargo, se optó por una represa de dudosa eficacia y complicados efectos ambientales al punto que quien podría darle crédito para la obra lo está dudando. Los Centros Espínola se habrían consolidado y la reforma jubilatoria estaría bien asentada, entre otras cosas.

No se parecieron al gobierno anterior como algunos dijeron: desarmaron lo que estaba para ser continuado, pero no lo reemplazaron por nada mejor.

Si parte del descontento que expresan las encuestas proviene de los propios frentistas, esto no debería ser motivo para que la Coalición empiece a regodearse soñando un posible triunfo electoral dentro de tres años. Y no solo porque aun falta mucho, sino porque buena parte del voto frentista es rehén. Podrá estar enojado con Orsi, con Oddone, con Castillo, con Pacha Sánchez y con Jorge Díaz, pero antes de votar por otro partido, se mantendrá frentista.

Lo que sí puede ocurrir, más teniendo aún tiempo para ello, es que sus expertos (si es que los tienen) empiecen a preguntarse no solo que están haciendo mal, sino que deberían hacer para volver a captar el favor popular.

Eso puede llevar a la muy peligrosa tentación de atender los reclamos de los grupos más radicales, con lo cual el gobierno empezaría a volverse mucho más activo de lo que es hoy, pero dejaría como legado un tendal de desastres.

La oposición tiene que prestar atención a esto y leer con cuidado las encuestas. La desaprobación al gobierno no significa que automáticamente está ganada la próxima elección. Por ahora, solo expresa malhumor con Orsi como si además fuera el único responsable de esta anodina gestión y nada tuvieran que ver los secretarios de la presidencia, los ministros y buena parte de los legisladores.

Lo peor que le podría pasar a la oposición si changa con los malos resultados de las encuestas, es que el gobierno termine cediendo a la presión que le llega desde la izquierda radical, no de los sectores moderados que son casi inexistentes al menos como organización política, ya que no es que no haya gente de izquierda moderada.

El equilibrio moderado lo pone hoy el MPP, grupo mayoritario dentro del Frente. Pero nada indica que realmente sea moderado. Sus raíces están en el Movimiento Tupamaros, tiene dirigentes con sentido común, es verdad, pero otra es realmente extremista y su olfato político es variable por decir lo menos.

En consecuencia, la baja aprobación al gobierno de Orsi solo demuestra que no está haciendo las cosas bien. No ofrece indicios de hacia dónde puede llevar eso. No garantiza un vuelco de gente en favor de la Coalición y si bien nada por ahora lo indica, no se puede descartar un viraje a la izquierda. Con este Frente tan desconcertante todo es posible. O quizás nada sea posible.
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