El misterio del peso
Es esperable que este auge del cobre venga acompañado de un dólar fuerte, y no débil como otrora.
La pregunta es simple: ¿Cómo es posible que, con el cobre a este nivel, el dólar roce los mil pesos? La inteligencia artificial y las inversiones en energía y centros de datos están empujando la demanda por cobre a niveles extraordinarios, lo que se refleja en un precio que es comparable con el observado en sus momentos de mayor valor histórico. Al mismo tiempo, el peso está cerca de un 10% más barato, en términos reales, que su promedio desde el año 2000. El valor actual es comparable con los alcanzados después de la crisis asiática o durante la crisis financiera, en condiciones muy diferentes a las actuales.
Históricamente, períodos de altos precios de materias primas han coincidido con bajas tasas de interés en el mundo y un dólar débil. Es que la fortaleza de las economías emergentes en esos momentos -en que se ven inundadas por capitales extranjeros, inversiones y consumo- provoca un fortalecimiento de sus monedas y un aumento en el gasto de los hogares.
Este fenómeno es conocido como la Enfermedad Holandesa. Enfermedad, porque la apreciación de las monedas perjudica a los sectores exportadores no relacionados con materias primas, y holandesa, porque fue en ese país donde el descubrimiento de yacimientos de gas natural a fines de la década de 1950 provocó una crisis en el resto de la manufactura. Mientras el fortalecimiento del florín dejaba estragos en la industria exportadora, los servicios despuntaban como consecuencia del mayor gasto de los hogares.
El ciclo actual tiene un sabor diferente. El alza en la demanda por cobre ocurre al mismo tiempo que el dólar mantiene su fortaleza global y con tasas de interés que suben a niveles que habíamos olvidado. La principal explicación es que el epicentro del boom actual es Estados Unidos. El dólar se hace fuerte cuando su economía crece más que las demás -como es el caso en la actualidad-, por lo que es esperable que este auge del cobre venga acompañado de un dólar fuerte, y no débil como otrora. ¿Por qué importa? Porque hace a la enfermedad holandesa debilitarse, hasta desaparecer.
El peso barato puede ser una condición que perdure por un período prolongado, más allá de la volatilidad de corto plazo que siempre lo caracteriza. De ser así, las industrias exportadoras chilenas gozarán esta vez de buena salud, y los servicios -que tanto se beneficiaron en el pasado de los altos ingresos- tendrán que esperar un poco.