Domingo, 11 de Octubre de 2026

Yo elijo educar

ChileEl Mercurio, Chile 11 de octubre de 2026

George Bernard Shaw fue un famoso dramaturgo irlandés, socialista y antagonista político de Winston Churchill con quien no solo rivalizaba en política, sino también en ingenio

George Bernard Shaw fue un famoso dramaturgo irlandés, socialista y antagonista político de Winston Churchill con quien no solo rivalizaba en política, sino también en ingenio. Es famoso su intercambio epistolar en que Shaw le envía a Churchill dos entradas para el estreno de una de sus obras de teatro con una nota que decía: "Le envío dos entradas para el estreno de mi nuevo espectáculo. Espero que pueda venir y traer a un amigo, si es que lo tiene". Sir Winston, ni corto ni perezoso, le respondió con otra nota que escuetamente decía: "Lamento no poder asistir al estreno de su nuevo espectáculo, pero estaré encantado de asistir a la segunda función, si es que la hay".
Shaw, como buen socialista, decía -no sin algo de cinismo- que todo sistema que consista en sacarle a Pedro para darle a Juan contará siempre con el entusiasta apoyo de Juan. Esta es la receta de la izquierda para todo tipo de propuestas de políticas públicas, nunca tienen que ver con motivar o crear incentivos para que Pedro y Juan trabajen o produzcan más, sino siempre encontrar a alguien que tiene para sacarle y darle al que no tiene. Esto lo vemos en el impuesto al patrimonio que están tratando de aprobar en California, en los decretos de vivienda que está tratando de dictar Pedro Sánchez para mantenerse en el poder, o en la famosa metáfora de los patines del exministro Eyzaguirre.
Milton Friedman lo explicaba más gráficamente diciendo que hay tres formas de gastar plata. Si usted gasta plata propia en solucionar un problema propio, le interesará obtener la mejor relación precio calidad. Si gasta plata ajena en un problema propio, le interesará solo la calidad. Pero si gasta plata ajena en solucionar un problema ajeno, solo le interesará quedar bien. En eso consiste la política.
Ahora se ha puesto de moda la discusión sobre el programa de computadores que el Estado regala a los alumnos de 7º básico. Toda política pública se diseña con un fin, en este caso era uno escondido, darles una ventaja competitiva a los colegios municipales sobre los subvencionados, y otro declarado: mejorar la educación digital de los niños. A eso hoy se agrega la familiarización con la inteligencia artificial. Este programa bien intencionado, en mi época, ya no cumplía su propósito, y según hemos escuchado a la ministra del ramo, hoy tampoco lo hace. Es su obligación entonces buscar usos alternativos para esos recursos que permitan cumplir con el objetivo buscado. En la derecha creemos que las políticas públicas deben ser juzgadas por sus resultados y no por sus intenciones. Hoy tenemos varios años desde el comienzo de este programa que cuesta aproximadamente 35 mil millones de pesos anuales, algo parecido a la Teletón, y no se ha logrado el resultado esperado. Son varias las razones: poca capacitación de profesores, carencia de infraestructura en los colegios para usarlos, inseguridad para los alumnos que los expone a que sean robados, comercialización de los notebooks , mal uso en los hogares, etc.
Por eso hoy en el nuevo Presupuesto se ha incluido su eliminación. Me parece razonable, no para ahorrarse dinero, pero sí para redestinarlo a un programa alternativo que cumpla con el objetivo. Esto puede ser un menú de alternativas, desde laboratorios computacionales en algunos colegios, hasta mantener el programa en colegios que muestren buen uso y resultados, pasando por la complementación de la subvención para otros, inversión en infraestructura, etc. No se trata necesariamente de ahorrar plata, pero sí de destinarla a un uso que mejore la educación y no que la empeore.
La entrega de los computadores es una fiesta de la política. La cara de felicidad de las familias cuando alcaldes y parlamentarios los entregan hace de esta eliminación una tarea formidable. Honrando a Friedman, regalar plata ajena para solucionar un problema ajeno hace que todos se motiven por quedar bien. Es función de la sociedad civil presionar a la élite política para que los programas que se financian con los impuestos que pagamos todos sean eficaces y no simplemente una ejercicio de populismo. A los chilenos nos encantan los regalos, lo vimos en las colas para recibir tulipanes. Si regalamos cajitas felices, se llenará de gente, la pregunta es si para eso son los impuestos, el gobierno y las políticas públicas.
Estos son $35 mil millones que no se les quitan a los niños, sino que se les quitan a las casas de apuestas, a los sitios de juegos online , a los lanzas que roban computadores, a las ferias donde se revenden sin IVA y a la política que vive una fiesta cuando los entrega. Es hora de que ese monto enorme se dedique a mejorar la educación de nuestros jóvenes aunque la política sufra un poco.
La entrega de los computadores es una fiesta de la política. La cara de felicidad de las familias cuando alcaldes y parlamentarios los entregan hace de esta eliminación una tarea formidable.
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