Lunes, 12 de Octubre de 2026

Por una política industrial soberana

ArgentinaLa Nación, Argentina 11 de octubre de 2026

En enero de este año México impuso aranceles a más de mil productos de aquellos países con los que no tiene un tratado de libre comercio

En enero de este año México impuso aranceles a más de mil productos de aquellos países con los que no tiene un tratado de libre comercio. Si bien ésta aparenta ser una categoría amplia, en realidad es una manera sutil de detener las importaciones de China sin señalar al país por su nombre, ya que México tiene acuerdos de libre comercio con la mayoría de los países con los que comercia.

La prensa estadounidense cubrió esta noticia diciendo que México había hecho esto como condición de Estados Unidos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. La realidad es más compleja. Aunque es cierto que los socios comerciales estaban de acuerdo con la medida, la verdad es que México impuso aranceles a solicitud de su industria y sus trabajadores. El temor es que las exportaciones chinas de su sobrecapacidad instalada terminaran desindustrializando sectores enteros de México.

Por ejemplo, China pasó de exportar un millón de autos en 2020 a lo que se proyecta sean 12 millones de autos en 2026. Como contexto, el mercado de autos en toda Europa es de 11 millones. Al mismo tiempo, las ventas nacionales de autos en China cayeron 23 por ciento del primer trimestre de 2025 al primero de 2026. ¡Veintitrés por ciento en un año! O lo que es lo mismo, el equivalente al mercado entero de autos en Japón. Si esto sucediera en cualquier otro país, con cualquier industria, el escándalo sería noticia principal por mucho tiempo. Las empresas anunciarían cierres de sus plantas, los sindicatos amenazarían con huelgas para proteger a sus empleados, los políticos se verían obligados a pronunciarse anunciando medidas correctivas.

En China, en cambio, no pasó nada. Ninguna empresa anunció cierres. Ningún trabajador perdió su empleo. Apoyadas por su gobierno, las armadoras de autos empezaron a buscar mercados extranjeros para exportar su sobreproducción de autos. Por eso crecieron las exportaciones de la manera que lo hicieron; a falta de mercado interno decidieron colocar su capacidad en el externo y, en el proceso, Brasil se convirtió en el principal importador de autos chinos del mundo. El cálculo es sencillo: vender por debajo de precio, con subsidios de su gobierno y la ayuda de una moneda artificialmente devaluada, para que sean otros países los que tengan que cerrar sus plantas y despedir a sus trabajadores mientras que se protegen los de China.

Así es como las exportaciones de China llevan a la desindutrialización. Y esa es la ecuación que tienen que tomar en cuenta todos los países que comercian con China: o imponen aranceles y detienen las importaciones chinas, o permiten que Pekín dicte su política industrial por ellos y acaben decimando su industria nacional.

Esa es la conclusión a la que por fin llegó Estados Unidos hace algunos años cuando impuso aranceles agresivos a las importaciones chinas, y ese es el reto que hoy en día enfrenta la Unión Europea. Alemania está perdiendo 10 mil empleos al mes a causa de las importaciones chinas. Por eso la Unión Europea se ha puesto una fecha límite de la primera quincena de octubre para darle un ultimátum a China: o detienen de manera voluntaria sus exportaciones, o las detendrán los europeos en sus fronteras. La realidad, como dice el economista Michael Pettis, es que todo país tendrá necesariamente una política industrial, el asunto es si la decide el propio país o la decide Pekín.

Por eso México impuso aranceles a las importaciones chinas y, en tan solo un año, pasó de ser el principal destino de exportación de autos chinos a ser el cuarto. Esto ayuda a su industria automotriz y, quizás más importante, a la de autopartes que en muchos casos está en manos de mexicanos. Lo hizo en defensa de su industria y de sus trabajadores, como lo hicieron Brasil y Rusia cuando también le impusieron aranceles a China.

Sin embargo, Brasil una vez más se debate entre la desindustrialización y la apertura a China. De acuerdo a un reporte de Citibank, preparado por Gerardo Barra, si bien el candidato Bolsonaro propone una relación comercial más cercana a Estados Unidos, también se espera que quite los aranceles que actualmente protegen a la industria acerera brasileña de la depredación china. Esto sería devastador para una industria que es insignia del poderío económico brasileño. Por eso tenemos que recordarle a diario a nuestras autoridades que esta guerra comercial no la empezó Estados Unidos, la empezó China, y no hay país que no se encuentre amenazado por ella.
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