Representanes de vecinos y comerciales de la zona plasmaron sus inquietudes ante la Comisión Especial de Seguridad y Convivencia y denunciaron problemas de convicencia y pérdida de calidad de vida.
Representantes de vecinos y comerciantes del
barrio La Aguada de Montevideo plantearon esta semana su
preocupación por el incremento de inseguridad, problemas de convivencia y la pérdida de calidad de vida que dicen vivir en los últimos años.
Lo hicieron el jueves en la Comisión Especial de Seguridad y Convivencia de la Cámara de Representantes, donde destacaron, además, que parte de esta problemática se debe a un refugio que abrió este año en el barrio.
"La Aguada es un barrio de personas y familias, de trabajadores, estudiantes, empresas, comercios e institutos educativos, y concentra un flujo importante de personas. Sin embargo, los cambios ocurridos en los últimos años generaron incertidumbre y desconfianza, y
han hecho que inversiones de empresas y comercios no se concreten", indicó uno de los vecinos, José Luis Romero.
En concreto, planteó la necesidad de una "mejora de la seguridad, la convivencia y la calidad de vida en Aguada, impulsada por vecinos, comerciantes y empresas del barrio, que refiere a la zona comprendida entre el
Palacio de la Luz, el Palacio Legislativo, Antel y sus áreas de influencia" por donde transitan "unas 28.000 personas diariamente", estimó.
Según indicó, "especialmente en los meses recientes", varios vecinos, trabajadores, comerciantes e instituciones "han sufrido reiterados robos, amenazas y un deterioro progresivo de las condiciones de seguridad, convivencia y orden urbano en diversos sectores del barrio".
A modo de ejemplo, otro de los que concurrió de la delegación, Ignacio Izquierdo, citó el ejemplo de
un comercio a tres cuadras del Palacio Legislativo que fue robado 62 veces entre abril y agosto.Romero aclaró además, que la situación no se limita solo a hechos delictivos graves sino también a conflictos recurrentes de convivencia que afectan varios aspectos del barrio más allá de lo material, como "movilidad peatonal, actividad comercial y empresarial, limpieza, mantenimiento y uso compartido de espacios urbanos".
Para el vecino, más allá de atacar el problema puntual, la solución pasa por la prevención con un incremento del patrullaje policial. "Que se anticipen a las cosas que suceden. No queremos que atrapen; queremos directamente que no sucedan".
Asimismo, aclararon que estaban abiertos a trabajar en conjunto con las autoridades para solucionar los problemas. "Comparecemos para ofrecer colaboración, aportar información, participar activamente en la búsqueda de soluciones y contribuir a la construcción de acuerdos duraderos", destacó.
Refugio.
Una preocupación concreta plasmada por los vecinos refiere al refugio que comenzó a funcionar en abril de este año en el barrio. El espacio, aseguró la vecina Heidi Do Matto, llegó a reunir unas 220 personas por día y eso llegó a desbordar a los profesionales que lo gestionan diariamente.
"Vemos el cansancio en los educadores; a la Policía desbordada, revisándolos con guantes; las volquetas desbordadas. La fisonomía del barrio, la tranquilidad y la libertad, hoy por hoy, no existe.
Comenzó a crear situaciones de violencia, algunos no entran al refugio, se quedan afuera, en grupos de 10 a 12 personas y no cumplen con la ley de faltas. Esas situaciones invadieron el barrio, y realmente se siente", afirmó.