Martes, 13 de Octubre de 2026

Otoño turbulento

ChileEl Mercurio, Chile 12 de octubre de 2026

Mientras el gobierno francés intenta aprobar un presupuesto de austeridad para enfrentar la crisis de deuda, los estudiantes protestan en las calles, demandando más gasto y mejores condiciones en las escuelas. Alinear expectativas será difícil, en un ambiente de precampaña electoral.

Razones para salir a la calle no faltan: colegios deteriorados, escasez de profesores de reemplazo, exceso de alumnos por clase, jornadas escolares agotadoras. Además, se demandan becas para estudiantes vulnerables y un proceso de selección universitaria más transparente. En definitiva, más financiamiento para la educación. Pero aun considerando que las peticiones pueden ser comprensibles, no es aceptable que las protestas pacíficas deriven en violencia, vandalismo, saqueos y quema de establecimientos. Tampoco, que la policía actúe con fuerza excesiva y sin el cuidado para evitar que jóvenes resulten heridos de gravedad, por el mal uso de elementos disuasorios. Las tomas de colegios son ilegales en Francia y las autoridades hacen valer la ley para desplegar las fuerzas policiales en torno a las manifestaciones, detener a violentistas y reducir los daños a la propiedad privada y pública. Durante las últimas dos semanas de disturbios, se ha detenido a más de 6.600 jóvenes y unos 400 estudiantes y 750 policías han resultado heridos. Los daños son por millones de dólares.
El jueves, el ministro de Educación presentó un plan de emergencia para terminar con la huelga, ofreciendo incorporar a tres mil docentes para suplencias en forma inmediata, no realizar recortes de personal, mejorar infraestructura y modificar horarios para evitar jornadas demasiado largas. También se ofreció reformar el sistema de admisión universitaria y buscar instancias de debate y participación de los alumnos en la gestión escolar. Las propuestas fueron rechazadas por considerarlas insuficientes, y los estudiantes reafirmaron su exigencia de que se asignen 10 mil millones de euros adicionales a los presupuestos educacionales.
Acosado por la enorme deuda pública, el gobierno hace un esfuerzo al presentar este plan y un presupuesto de educación para 2027 más alto que el de este año: 64 mil millones de euros, pero que, corregido por inflación sería algo menor al vigente, según los críticos. El punto con el que se defienden las autoridades es que la matrícula escolar bajará por la caída demográfica, argumento que no tranquiliza a los escolares, quienes, apoyados por sus profesores y con la solidaridad de universitarios y sindicalistas, ven que pueden seguir presionando. Ya convocaron a una movilización nacional para mañana.
Dilema de FranciaEl dilema para Francia, que comparte con toda Europa, es cómo financiar las demandas de la ciudadanía en época de crisis, cuando se requiere recortar, y no aumentar, los presupuestos, y además, destinar un monto importante al gasto en defensa, por la guerra en Ucrania. El caso de los franceses es aún más apremiante, considerando que su déficit fiscal es de 5,4 por ciento y la deuda pública llega al 119 por ciento del PIB -equivalente a 3,6 billones de euros- y se estima que crecerá al 122 por ciento para 2027. Este panorama obliga al gobierno a hacer recortes que no son comprendidos por la población, acostumbrada a que el Estado financie los servicios públicos, la educación, las pensiones, la salud y otros beneficios sociales.
En el presupuesto que acaba de presentar el primer ministro, Sebastien Lecornu, al Parlamento, se hacen recortes por 54 mil millones de euros, los cuales, supuestamente, no tocan educación, y se establece una meta de disminución del déficit fiscal al cinco por ciento, por encima de la regla europea, que lo limita al tres por ciento. Este déficit ha sido financiado históricamente con créditos que estos últimos años han visto alzas significativas de las tasas de interés. Esto ha incrementado el monto del servicio de la deuda, que el próximo año se estima llegará a los 100 mil millones de euros. No obstante estos datos, Francia no está al borde de una crisis financiera, porque, a pesar de que no puede acceder a créditos tan baratos como antes, todavía tiene credibilidad internacional, gracias a una economía que sigue creciendo, es diversificada, con un robusto sistema bancario y una base de inversiones amplia. Y, en caso extremo, como miembro de la UE, tiene el respaldo del Banco Central Europeo.
Presidenciales en el horizonteA seis meses de las elecciones presidenciales -en las que Emmanuel Macron no puede postularse, por haber cumplido dos mandatos-, algunos candidatos aprovechan el descontento juvenil. Es el caso de Jean Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, un partido de extrema izquierda, quien ha apoyado con entusiasmo las protestas para presentarse como el defensor natural de las causas sociales. Denunció la represión policial, calificándola de "salvaje", y se ha defendido de acusaciones del gobierno de haber alentado la violencia callejera. Mélenchon tiene posibilidades de ir a un balotaje con Marine Le Pen, líder de la derechista Reagrupación Nacional, quien lidera las encuestas de cara a las elecciones de abril y mayo próximos, y ha sido a su vez crítica de esa violencia, llamando a dar más poder a la policía.
Hay otra docena de candidatos que buscan también pasar a segunda vuelta, como alternativa a los dos extremos de Mélenchon y Le Pen. Si bien la campaña oficial no ha comenzado, la ola de protestas puede ser un anticipo del ambiente en que se desarrollará la competencia.
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