Lunes, 12 de Octubre de 2026

Campaña millonaria

ChileEl Mercurio, Chile 12 de octubre de 2026

Ni demócratas ni republicanos están libres de cuestionamientos.

La de este año será la campaña electoral más cara de la historia de EE.UU., en la que se estima se gastarán unos 11.600 millones de dólares en publicidad política, 400 millones más que en las de 2024, cuando se elegía también al Presidente. Estos datos confirman algo que ya sabemos: la gran importancia del dinero en la democracia moderna. Y, siendo así, preocupa el origen y la forma en que se usan los fondos.
El problema que ha surgido en estas midterm es que la comisión independiente encargada de fiscalizar el financiamiento electoral, la FEC, no está en condiciones de cumplir esa obligación, por falta de quorum para sesionar. Con solo dos de los seis miembros que la componen, la agencia escasamente puede recibir y publicar los informes financieros de las campañas, pero no puede establecer reglas ni abrir investigaciones sobre la recaudación de los fondos, ni aplicar multas en caso de transgresiones a la ley, ni responder a las consultas legales de los candidatos. O sea, con este vacío, aumenta el riesgo de malas prácticas, tanto en las donaciones como en el gasto, lo que afecta la transparencia de todo el proceso democrático. En particular, es inquietante que en estas elecciones sectores como el de las criptomonedas estén haciendo aportes a las campañas de candidatos de ambos partidos -"que apoyan la innovación", dicen-, para que influyan en las regulaciones de la industria.
Ni demócratas ni republicanos están libres de cuestionamientos, y el Presidente Trump tampoco se salva. Hay una acusación en su contra por su anuncio sobre el "control" que dijo tener sobre un Super Pac (o Comité de Acción Política), del que usará millones para premiar a algunos candidatos leales. El caso es que la ley prohíbe que una autoridad maneje ese tipo de fondos, pero la FEC no podrá resolver este tema. Quizás el asunto más llamativo tiene que ver con los "avisos patrióticos" emitidos por televisión, que destacan la figura de Trump -aunque él dice que son para mostrar los logros de su gobierno-, pero que indirectamente buscan reforzar su base electoral en apoyo de los candidatos republicanos. El problema es que ya se pagaron 11,6 millones de dólares con plata del contribuyente, cargados a un contrato del Departamento de Seguridad Nacional con una firma de marketing . A la prensa Trump le dijo que no estaba promoviendo su imagen, sino la del país, y que "feliz" lo pagaría de su bolsillo. Tampoco la FEC tomará parte por ahora en este caso.
Y si se trata de críticas a la intervención de Trump en el proceso electoral, más sustanciales han sido las relacionadas con su orden ejecutiva que dificultaba el voto por correo, de uso generalizado en Estados Unidos. Al final, la Corte Suprema, con sensatez, resolvió que, por falta de tiempo, ningún cambio podía hacerse para estas elecciones. Lo que sí consiguió Trump es que, ante su "sugerencia", varios gobernadores republicanos hicieran rediseños en los distritos de sus estados para favorecer a su partido. Los demócratas efectuaron lo propio, así que una vez más este tipo de maniobras influirá en la composición del Congreso.
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