Embate del picudo
Una de las propuestas más esperanzadoras se enfoca en atacar al picudo rojo con esporas de un hongo.
A medida que se van alejando los rigores del invierno con sus bajas temperaturas e inclemencias del tiempo, comienzan a sonar las alarmas por la reactivación biológica de la mortífera plaga de las palmeras. Hemos aprendido de la peor manera que el picudo rojo que llegó para quedarse.
Este escarabajo y sus larvas se alimentan de la tierna yema apical ubicada en la parte superior de la planta. El problema es que se trata del único sector responsable de su crecimiento y capaz de generar nuevas hojas (palmas); por lo tanto la palmera no tiene posibilidades de sobrevivir.
La devastación que hasta ahora ha provocado es evidente a simple vista en muchos barrios de Montevideo. Lo mismo está ocurriendo en otras ciudades y áreas rurales del país.
La gravedad de esta plaga radica en su elevada resistencia, gran voracidad para alimentarse de la palmera infectada, rapidez reproductiva, y la asombrosa facilidad de traslado mediante el vuelo para ampliar su área de distribución. En el acotado tiempo que hemos convivido con el problema, comprobamos que se trata de un enemigo formidable, y que no hay un arma efectiva para eliminarlo.
Por lo tanto, la estrategia apunta al uso combinado de herramientas, pero jerarquizando la anticipación a su avance. Ha sido una grave equivocación inicial esperar a que el problema se haga visible para actuar.
También aprendimos que se debe seguir un procedimiento cuidadoso para eliminar palmeras muy comprometidas o muertas, así como darle un tratamiento riguroso a la eliminación de los restos vegetales, para que no se conviertan en vectores de la plaga (personal idóneo).
Una de las propuestas más esperanzadoras se enfoca en atacar al picudo rojo con esporas de un hongo entomopatógeno que, como lo dice su denominación, su contacto resulta letal para este cascarudo. Así lo demuestran pruebas realizadas en el país. Los resultados obtenidos ubican la mortalidad y patogenicidad del insecto por encima del 80%, tanto en larvas como en ejemplares adultos. Al mismo tiempo, el esparcido de esporas en las palmeras tendría efecto repelente, lo que ayudaría a proteger a ejemplares sanos.
Estas acciones se deben complementar con el rociado foliar con insecticidas específicos, la instalación de sensores en las palmeras que adviertan la presencia temprana del invasor, y con el uso de trampas de insectos usando feromonas. Utilizar todo lo que tengamos disponible.
En esta primavera se reinicia la fase más importante de la lucha, procurando controlar "el despertar" del picudo rojo. Nuestra respuesta debe ser integral, agresiva y de acción inmediata.
Dejamos para el final recordar cuál es el peligro más letal que enfrenta nuestro país; que la plaga alcance a los Palmares de Rocha.
Su destrucción resultaría irrecuperable debido a su muy baja tasa de renovación; a diferencia de lo sencillo que resulta reponer palmeras del ornato público y del sector comercial.
Todas las medidas que se tomen para evitar la llegada de la plaga a Rocha están más que justificadas. No se deben escatimar esfuerzos y recursos, pues la prioridad la tiene proteger una parte muy valiosa del patrimonio nacional.