Recambio político frustrado
El caso Bachelet ilustra la dificultad de nuestra política para renovar liderazgos.
Luego de haber abierto ella misma hace algunos días la posibilidad de una nueva postulación presidencial, esta semana Michelle Bachelet dijo que ni ella ni el expresidente Boric "estamos de candidatos". Todo sugiere que por un largo tiempo Bachelet se mantendrá en esa ambigüedad, dando alternadamente señales en uno u otro sentido, en una jugada que ya la ha reinstalado como líder de facto de la izquierda, a cuyos llamados concurren obedientemente los partidos. Abundan las especulaciones respecto de sus reales intenciones, si de verdad le interesa una nueva candidatura o si, en la sociedad que ha establecido con Boric, su papel será despejarle el camino ordenando y uniendo a la oposición.
Pero más allá de alimentar corrillos, este episodio ilustra un problema serio, cual es la dificultad persistente de la política chilena para renovar liderazgos. Entre 2006 y 2022, el país alternó durante dieciséis años entre los mismos dos gobernantes. Además, un expresidente volvió a competir en 2009 y otro exploró hacerlo en 2017. Ciertamente, es legítimo que un exmandatario busque repostularse y volcar en un nuevo proyecto su experiencia. El problema surge cuando la posibilidad permanente de un retorno se instala como un factor que condiciona a su propio sector. La experiencia muestra que entonces la competencia se congela, las figuras de recambio quedan a la espera de una definición que puede tardar años y el surgimiento de nuevos liderazgos se aborta, fosilizando el sistema.
Hay aquí, por cierto, un problema de cultura política, pero cabe también preguntarse si no existen elementos de diseño institucional que contribuyen a perpetuarlo. En Chile, la Constitución prohíbe la reelección inmediata por buenas razones, pues así se impide que el gobernante pueda poner el aparato del Estado al servicio de su continuidad. Sin embargo, al admitir la reelección indefinida por períodos alternos, crea un incentivo menos advertido, porque quien deja el cargo no cierra su ciclo, sino que se transforma en candidato latente, cuya sombra sigue dominando el paisaje.
A la luz de esta experiencia, la Comisión Experta del segundo proceso constitucional, en un acuerdo transversal, propuso que nadie pudiera ejercer la Presidencia más de dos veces, sin reelección inmediata, norma que luego el Consejo Constitucional aprobó por unanimidad. Pero incluso la Convención previa, en 2022, desde una vereda muy distinta, había fijado el mismo tope de dos mandatos, aunque sin prohibir la reelección inmediata. Al final, el rechazo de ambas propuestas arrastró consigo una regla que concitaba un consenso poco frecuente. No es sencillo retomar ahora el tema, pues las ambiguas señales de Bachelet contaminan cualquier debate. Sin embargo, ninguna discusión seria sobre necesarios cambios a nuestro debilitado sistema político podría pasar por alto este asunto.