Lluvias, con efecto mínimo en
embalses; sigue urgencia de ahorrar luz
Las lluvias frenaron en los últimos días la caída de los embalses de Colombia, pero el ahorro de energía sigue siendo urgente porque los niveles en las hidroeléctricas siguen por debajo del colchón necesario para tener algo de tranquilidad para evitar racionamientos, con El Niño en curso y la demanda en máximos
Las lluvias frenaron en los últimos días la caída de los embalses de Colombia, pero el ahorro de energía sigue siendo urgente porque los niveles en las hidroeléctricas siguen por debajo del colchón necesario para tener algo de tranquilidad para evitar racionamientos, con El Niño en curso y la demanda en máximos. A finales de septiembre el sistema eléctrico estuvo a punto de enfrentarse a dos apagones y, semanas después, con las lluvias en aumento, los embalses del país que alimentan las hidroeléctricas interrumpieron una caída observada en los días anteriores y empezaron a recuperarse, un alivio aún pequeño frente a lo que el sistema necesita acumular para que el fin de año no llegue con ese mismo riesgo. Según fuentes del sector consultadas por EL TIEMPO, el 28 y el 29 de septiembre faltó generación para cubrir la demanda a la hora de mayor consumo, y solo maniobras de último momento, entre ellas la capacidad adicional que aportó Hidroituango, evitaron un racionamiento de emergencia. Durante unas tres semanas, entre mediados de septiembre y el 8 de octubre, los embalses perdieron agua casi a diario, según los datos públicos de XM, el operador del sistema eléctrico. Desde entonces, la aguja cambió de dirección. Entre el 8 y el 13 de octubre el nivel subió de 74,8 a 75,7 por ciento de la capacidad total, un avance pequeño pero que corta la racha de pérdidas. El giro coincide con un cambio en el cielo. Un cálculo de EL TIEMPO con los reportes diarios del Ideam en 16 estaciones de ciudades y aeropuertos muestra que la lluvia promedio pasó de 4,9 a 10,5 milímetros por día frente al período anterior, y que la proporción de estaciones con lluvia en un día subió de 41 a 69 por ciento. ALIVIO PARCIAL Una cuenta de ahorros ayuda a entenderlo. Cuando llueve poco, el sistema retira más agua de la que recibe y el saldo baja. Con las lluvias, las entradas superaron a las salidas por primera vez en semanas, aunque el saldo todavía está lejos de lo que se querría tener guardado. La señal más clara está en los ríos que llenan los embalses. El agua que entra cada día al sistema, los llamados aportes hídricos, aumentó con las lluvias. Aun así, entre el 9 y el 13 de octubre equivalió a 70 por ciento de lo que suele llegar en esas fechas, es decir, cerca de dos tercios. El agua mejoró, pero todavía no es la de una temporada normal. Además, el alivio no fue parejo. En Antioquia, la región que más agua aporta al sistema, los ríos entregaron entre el 9 y el 13 de octubre apenas la mitad de lo habitual. En cambio, en la región Centro, donde están embalses como Betania y El Quimbo, ya superaron el promedio de la época. Esa diferencia importa porque el nivel nacional de los embalses es la suma de lo que ocurre en cada región, y Antioquia, que pesa más que las demás, todavía no se recupera al ritmo del resto. El avance, además, es corto y frágil. A finales de septiembre hubo un pico de agua que no se sostuvo. El nivel de un embalse tampoco depende solo de lo que llueve, sino de cuánta agua se use para generar. Si el consumo de energía sigue alto, buena parte del agua que entra vuelve a salir. Las estaciones del Ideam miden la lluvia en las ciudades y no dentro de las cuencas que alimentan los embalses, y sus cifras diarias son preliminares. Por eso el dato sirve apenas como señal del cambio de clima, pero no prueba que la lluvia sea la única causa de la recuperación. LA META DEL VERANO Frenar la caída es una buena noticia para todos los que dependemos de la luz de cada día, pero no resuelve el problema que existe de fondo. El Niño, que el Ideam y los organismos internacionales ya registran en curso, suele reducir las lluvias en las regiones Andina y Caribe en el último trimestre del año y a comienzos del siguiente, justo cuando el país depende más del agua almacenada. Para saber si ese colchón alcanza, el sector mira una línea de seguridad llamada senda de referencia. La calcula XM con datos de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) y marca cuánta agua deberían tener los embalses cada día para que el país no tenga apuros con la luz. Mientras el nivel esté por encima, el sistema tiene margen. Si baja de esa línea, el riesgo de desabastecimiento aumenta y el regulador debe vigilar de cerca al sistema. Esa línea no es una opinión. Se publica con reglas de la Creg para cada temporada, y la vigente se calculó en abril para el invierno de 2026, con supuestos como la demanda de energía y los escenarios de lluvia. Por eso es la vara con la que el sector mide si los embalses van por buen camino. Con esa vara, la meta no se está cumpliendo. El 13 de octubre los embalses estaban en 75,7 por ciento, frente a una meta de 77,9 para ese día, es decir, 2,2 puntos por debajo. La brecha es menor que la de comienzos de octubre, cuando superó los tres puntos, pero llevan más de tres meses sin alcanzar la meta, desde el 8 de julio. Para dimensionarlo, esa diferencia equivale a la energía que consume el país en cerca de día y medio. Es la reserva que habría que recuperar para volver a la senda. Y la meta sigue subiendo. Para finales de noviembre, la senda pide que los embalses estén en 82,5 por ciento, casi siete puntos por encima del nivel de mediados de octubre. Esos siete puntos equivalen a cerca de cinco días de consumo de energía del país. Es la reserva que faltaría reunir, y no sale solo de la lluvia, sino también de cuánta electricidad se deje de gastar en el camino. No cumplir esa meta sí aumenta el riesgo de apagón, aunque no significa que habrá racionamientos de forma automática. En un documento de agosto, la Creg advierte que en dos de cada 100 escenarios simulados la demanda no podría cubrirse, lo que podría llevar a racionamientos. La demanda energética, además, sigue marcando récords. Con 75,7 por ciento de su capacidad al 13 de octubre, los embalses requerirían aumentar cerca de cuatro puntos de aquí a finales de noviembre, para alcanzar el 82,5 por ciento requerido en ese momento, la cifra que el sector, con XM como referencia, ha planteado como punto de partida deseable para llegar a diciembre. Cerrar esa distancia exige más lluvia y menos consumo, porque cada kilovatio hora que no se gasta queda guardado como colchón para los meses en que el agua escasee. Cuando los embalses no alcanzan, el sistema recurre a las plantas térmicas, que queman combustibles que son más costosos. Por eso el precio de la energía en bolsa se encareció entre los meses de julio y agosto, y para El Niño se esperaría que estas plantas aporten bastante más de lo que han entregado. La propia Creg hizo una petición hace dos meses, tanto a empresas como a hogares, para un uso responsable y eficiente de la energía durante el segundo semestre, por el aumento del consumo y la posibilidad de El Niño. Es el llamado que hace el propio regulador a usuarios y empresas. Los embalses ya mostraron que la lluvia puede detener la caída, pero lo que realmente quede de reserva a fin de año dependerá también de cuánta electricidad use el país se vuelven a llenar.