Lunes, 19 de Octubre de 2026

Nuevo frente en Medio Oriente

ChileEl Mercurio, Chile 19 de octubre de 2026

La guerra en Yemen, que enfrenta a milicianos hutíes con fuerzas yemenitas apoyadas por Arabia Saudita, abrió un nuevo frente en Medio Oriente, sumando tensión al conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que sigue remeciendo los mercados del petróleo y la economía global.

Con un ataque al aeropuerto de Riyad que dejó 13 heridos el sábado 10 de este mes, los hutíes -una guerrilla chiita proiraní que lucha desde 2014 en Yemen- intensificaron el conflicto y confirmaron su capacidad de impactar en el corazón de Arabia Saudita, propinando un golpe no solo a su economía, sino a la reputación del régimen. Han sido 20 ataques al mismo aeropuerto, a los que se suman otros contra cinco terminales aéreos más y contra instalaciones como la sede de Aramco, la petrolera insignia, en los que se han utilizado misiles balísticos, cohetes y drones: una muestra del enorme poder de fuego adquirido por la que fuera hasta hace pocos años una milicia religiosa desordenada, ahora transformada en una fuerza que puede infligir enorme daño a sus enemigos locales (y también al resto del mundo, con su capacidad para bloquear el tráfico marítimo por el Mar Rojo). Los sauditas han invertido miles de millones de dólares en armas y cuentan con los más sofisticados equipos, desde aviones F15 hasta misiles Patriot, pero no son los más adecuados para una guerra con los hutíes, por las asimetrías de las fuerzas y las dificultades geográficas que impiden detectar a tiempo los ataques.
Para Arabia Saudita, esta guerra que llegó a su territorio supone una amenaza al ambicioso proyecto del príncipe heredero y gobernante de facto , Mohamed Bin Salman, llamado Visión 2030, con el que pretende transformar al país en un centro de negocios y de turismo regional, compitiendo con varios Estados del Golfo Pérsico. La incapacidad de las defensas sauditas de detectar e interceptar los proyectiles hutíes muestra la vulnerabilidad del reino, que no puede dar garantías de seguridad a los inversionistas que intenta atraer con propaganda y reuniones de alto nivel. Muchas de las citas de negocios, torneos deportivos y otros encuentros internacionales que estaban organizados para lo que resta del año han sido suspendidos o postergados, afectando la imagen y confiabilidad del país.
Con todo, los sauditas han sido reacios a involucrarse en terreno en la guerra, lo que quedó en evidencia hace unas semanas, cuando los hutíes hicieron un avance hasta tomar el control del paso clave de Bab el-Mandeb, la entrada sur del Mar Rojo. En esa ofensiva, las fuerzas del gobierno de Yemen debieron retirarse al no recibir apoyo aéreo de los sauditas. Hace unos días, se emprendió una operación para recuperar la zona, la que ha tenido algunos éxitos pero no uno definitivo. Desde Riyad se dice que intervendrán en Yemen "hasta que el Estado y sus instituciones sean restauradas, y las milicias ya no sean una amenaza a las ciudades sauditas y a la navegación marítima". Estados Unidos, responsable de que la región se haya convertido en un avispero, da apoyo en términos de inteligencia, selección de los objetivos y reabastecimiento aéreo, pero Donald Trump rechazó en septiembre un pedido saudita para atacar blancos hutíes, y el viernes sugirió que "quizás" Israel podría ayudarlos. Antes había mencionado a Turquía, la que es renuente a colaborar, a pesar de que firmó en agosto un acuerdo de defensa mutua con los sauditas y Pakistán. Hay que considerar que en 2025 EE.UU. bombardeó las posiciones hutíes desde donde se habían lanzado ataques a barcos en el Mar Rojo, pero luego se llegó a una tregua.
Coletazos de la guerra civilLa última escalada de violencia en Yemen comenzó en julio, pero tiene sus antecedentes en la larga guerra civil que asoló el país entre 2014 y 2022, la que se desató luego de que los hutíes tomaran la capital, Saná, y quedaran en control del norte del país. El gobierno yemenita, reconocido internacionalmente y apoyado militarmente por Arabia Saudita, se trasladó a la ciudad de Adén, desde donde intenta ejercer la autoridad. La lucha de tantos años -que tiene un trasfondo de rivalidad entre chiitas y sunitas- dejó un país fracturado, con millones de desplazados y una crisis humanitaria que se agudiza con estos nuevos combates. La intervención de Arabia Saudita se remonta a 2015, cuando organizó una coalición de 10 países en defensa del gobierno sunita, pero que en la práctica se redujo a dos, los sauditas y los Emiratos Árabes Unidos, que a su vez se retiraron de Yemen en enero pasado por diferencias con Riyad.
Durante todos estos años, los sauditas han tenido una influencia total sobre el gobierno de Adén, razón por la cual los hutíes lo consideran una marioneta financiada desde el exterior. De hecho, un componente clave de la tregua que se firmó en 2022 fue la entrega de recursos sauditas para pagar salarios de los funcionarios de todo el país, los que superan los mil millones de dólares anuales; sin embargo los del territorio bajo control hutí están suspendidos por esta última guerra.
No se ve que haya condiciones para una nueva tregua, pero hubo intentos de mediar para una negociación, a la que los hutíes, fortalecidos con sus avances en el terreno, se negaron. Arabia Saudita, por su parte, necesita terminar la guerra, pero quiere debilitar a su contraparte antes de conversar, porque cada vez que lo hicieron, los milicianos redoblaron sus demandas. Dado este panorama, esperar una solución diplomática rápida no parece realista.
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