El precio de la violencia: Santiago posestallido social
A siete años del estallido social, vale preguntarnos por las huellas que dejó
A siete años del estallido social, vale preguntarnos por las huellas que dejó. Para ello, me gustaría compartir algunos resultados preliminares de un working paper donde estudio cómo esos meses cambiaron parte de Santiago.
Según registros de la fiscalía, cerca de 12 mil manzanas estuvieron en zonas que concentraron saqueos, incendios o desórdenes, y más de 4 mil sufrieron más de uno de esos hechos. Santiago centro fue el eje, pero la violencia también llegó a subcentros, corredores comerciales y barrios de distintos niveles socioeconómicos.
Los efectos a mediano plazo no son alentadores. En las manzanas más expuestas, el precio promedio de venta de las viviendas cayó más de 5% respecto de sectores comparables, una brecha que se mantiene hasta hoy. En comunas como Santiago y Providencia, la caída supera el 10%.
Se podría pensar que parte de esto se explica por el cierre del metro o por la pandemia. Pero la pandemia golpeó a toda la ciudad -y el país-. Y respecto del metro, los efectos aparecen incluso lejos de las estaciones vandalizadas, mientras se mantienen después de que volvieran a operar con normalidad.
¿Qué cambió en estos barrios entonces? Al comparar los censos de 2017 y 2024, las manzanas más afectadas perdieron cerca del 3% de sus residentes -respecto de su grupo comparable-. Ello, a pesar de que son zonas con buena conectividad y densidad comercial. En otras palabras, la pérdida de población sugiere que dejaron de ser atractivas para vivir.
El golpe es más visible en el comercio. Existe evidencia de que solo en Santiago centro cerraron más de 900 locales en los últimos cinco años. Además, la probabilidad de transar una propiedad comercial disminuyó cerca de 36% en las zonas afectadas, mientras que cayó el número de trabajadores en locales que dependen del tránsito peatonal. En cambio, los servicios profesionales no presentan un cambio comparable. A la falta de vitalidad también se suma un aumento de robos y delitos en zonas expuestas.
Por supuesto, estos resultados no pueden apuntar al estallido como la causa de todos los problemas actuales, pero sí nos invita a mirar sus efectos de largo plazo. La pérdida de valor y dinamismo es algo que importa, pues la renovación urbana de Santiago centro tomó décadas de esfuerzo público y privado, ilustrando lo caro de recuperar un barrio y lo rápido que se puede diluir cuando toma lugar la destrucción del espacio público y el comercio. A siete años, esta es una lección que no podemos olvidar, pues terminamos pagando un precio muy alto.