Martes, 20 de Octubre de 2026

Los viejos y sombríos tiempos

PerúEl Comercio, Perú 20 de octubre de 2026

Por Ian Vásquez
Una de las aflicciones de nuestros tiempos ansiosos es el escepticismo hacia la modernidad

Por Ian Vásquez
Una de las aflicciones de nuestros tiempos ansiosos es el escepticismo hacia la modernidad. Así, tanto en la derecha como en la izquierda, sobre todo en sus extremos, se está idealizando cómo era la vida antes de la industrialización. Aquellos tiempos eran más simples, se nos dice. Se vivía en armonía con la naturaleza, apegados a valores tradicionales de la comunidad y valorando las cosas no materiales que realmente importan.Chelsea Follet nos advierte, sin embargo, que tal nostalgia dista completamente de la realidad. Ella acaba de publicar ?Los viejos y sombríos tiempos? (?The Grim Old Days: An Introduction to the Preindustrial Past?), libro que detalla cómo era la vida preindustrial en 27 áreas tan diversas como el nacimiento, los matrimonios, los alimentos o la medicina. Su conclusión es que, desde la perspectiva de hoy, ?el pasado era un lugar inhumano y tremendamente intolerante?.Ese pasado parece tan distante porque el progreso inédito que se inició hace 250 años transformó el mundo. Para recordarnos de tal progreso, el humorista estadounidense P. J. O?Rourke solía decir que, ?cuando pienses en los buenos viejos tiempos, piensa en una sola palabra: odontología?.En su capítulo sobre odontología, Follett documenta cómo la caries dental era habitual: hasta los dientes de la reina Isabel de Inglaterra eran negros. Según un testimonio sobre la higiene, ?no solo olía la piel, sino también la boca?. La extracción de dientes, que carecía de anestesia, era extremadamente dolorosa, y frecuentemente provocaba una fractura de mandíbula, pérdida extrema de sangre y muerte por sepsis.La higiene era atroz. Según Kristin Olsen, incluso en el siglo XVIII, ?la gente comía con las manos, escupía, se limpiaba las manos en la ropa en lugar de servilletas, eructaba, se tiraba pedos y se sonaba la nariz con las manos?. Las calles de Londres estaban ?llenas de aguas negras, estiércol de caballo y despojos de carnicería?. Montes de basura y excremento humano alrededor de las casas era tan común que Follett dice que ?en todos los asentamientos humanos se percibía el olor a aguas residuales?. La gente no se bañaba frecuentemente; algunos solo una vez al año.El agua no era apta para el consumo. En muchas ciudades, los ríos servían como alcantarillado y fuente de agua a la misma vez, generando así enfermedades. Eran frecuentes los brotes de cólera en Londres en el siglo XVIII.Antes de la revolución industrial, las enfermedades y la mala salud eran lo común. Fernand Braudel reporta que en 1775 la viruela afectaba al 95% de la gente y que mataba a una de cada siete personas. Las pandemias eran devastadoras y ocurrían con regularidad. La peste mató a quizás la mitad de la población europea en el siglo XIV.La medicina carecía de una base científica y muchas veces empeoraba la condición de los pacientes. ?Para tratar las enfermedades de transmisión sexual?, dice Follett, ?algunos defendían la práctica de escaldar los genitales con hierros al rojo vivo calentados al fuego?. La expectativa de vida era baja, más aún para las mujeres que frecuentemente morían dando a luz. No era común llegar a una edad avanzada.La violencia era un aspecto aceptado de la vida cotidiana, ya fuera en forma de guerras constantes, homicidios u otras manifestaciones. La crueldad hacia los animales era común. También hacia las mujeres. Una ley en Londres en 1595 prohibió gritos repentinos debido a la violencia doméstica después de las nueve de la noche. Observa Follett que esta norma fue para regular la bulla, no para proteger a las mujeres.Hoy tenemos acceso a lo mejor de la era preindustrial, dice Follett, sin tener que sufrir sus horrores. Podemos ?disfrutar de las obras de arte de la Florencia renacentista sin riesgo de contraer la peste bubónica?. Hay que desromantizar el pasado, no idealizarlo.
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