Martes, 20 de Octubre de 2026

¡Sacamos los celulares del colegio! ¿Y ahora qué hacemos con los estudiantes en las casas?

ChileEl Mercurio, Chile 20 de octubre de 2026

Les quiero contar un experimento impresionante de Harvard hace 12 años

Les quiero contar un experimento impresionante de Harvard hace 12 años. Estudiaron qué tan difícil podía ser para las personas estar 15 minutos a solas con sus pensamientos: sin libros, celulares ni distracciones.
Los participantes primero experimentaban una descarga eléctrica y luego les preguntaban cuánto estarían dispuestos a pagar para evitarla. Posteriormente los dejaban solos 15 minutos con una única instrucción: entretenerse con sus propios pensamientos, o... podían presionar el botón y recibir otra descarga.
¿El resultado? Entre quienes dijeron que pagarían para evitarla, el 67% de los hombres y el 25% de las mujeres terminaron administrándose al menos una descarga. La conclusión de los investigadores fue tremenda: las personas prefieren hacer algo antes que no hacer nada, incluso cuando ese algo es desagradable.
¿Y por qué esto es relevante para los colegios? Llevamos años discutiendo el uso de celulares, el efecto en la concentración, aprendizaje y convivencia escolar. Creamos reglamentos, protocolos y finalmente decidimos sacarlos de las salas. Perfecto. Ahora preocupémonos sobre lo que quedó en los hogares.
Porque un estudiante puede pasar toda la jornada sin celular y seguir sin saber cómo enfrentar el aburrimiento. Puede cumplir perfectamente la prohibición y no haber desarrollado autorregulación. Puede estar siete horas desconectado y seguir necesitando estímulos permanentes para entretenerse.¿Por qué? Porque hemos puesto tanta atención en regular la presencia de las pantallas que olvidamos educar para su ausencia.
Llevo 10 años en educación digital y puedo decirles que es mucho más fácil disminuir horas de pantalla que ayudarlos a entender lo que sienten cuando no pueden conectarse. Por algo la mayoría de los currículos enseñan a reconocer noticias falsas, prevenir el ciberbullying y proteger datos personales, pero casi ninguno a tolerar la frustración, convivir con el aburrimiento, construir vínculos, cuestionar lo que nos dicen los algoritmos y desarrollar la capacidad de pensar sin necesitar una respuesta inmediata.
Porque lo más importante de la vida digital no aparece en la pantalla. Está en la necesidad de aprobación, en el miedo a quedarse fuera, en la incapacidad de desconectarse, en las decisiones que delegamos y en las conversaciones que dejamos de tener.
Mi visión es simple: no podemos educar aquello que no somos capaces de ver. Y mientras evaluemos la vida digital solo por lo que ocurre en la pantalla, seguiremos dejando fuera lo que realmente importa. Y sí...llevamos años preocupándonos por enseñar qué hacer con el celular en las manos. Quizás llegó el momento de preguntarnos cómo ayudarlos cuando no lo tienen.
Es mucho más fácil disminuir horas de pantalla que ayudarlos a entender lo que sienten cuando no pueden conectarse.
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