¿El fin del Reino Unido?
Ricardo Santamaría
No soy experto en política europea ni en asuntos del Reino Unido, pero soy un observador que ve con inmensa curiosidad lo que hoy ocurre en ese territorio donde conviven Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte
Ricardo Santamaría
No soy experto en política europea ni en asuntos del Reino Unido, pero soy un observador que ve con inmensa curiosidad lo que hoy ocurre en ese territorio donde conviven Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Se viene un remezón fuerte. Los tres gobernantes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte son de partidos nacionalistas que quieren ser países independientes. Representan un anhelo de las mayorías. El cómo o cuando se logre esto está por verse, pero el proceso luce imparable. Los países comienzan a deshacerse cuando dejan de imaginar juntos el futuro. Antes de que cambien las fronteras, cambian los afectos. Antes de que lleguen los referendos, aparece una pregunta incómoda: ¿Para qué seguir unidos? En el pasado, un vasto imperio de ultramar y una corona respetada por todos los mantenía unidos. Recientemente, el Brexit, ese proceso mediante el cual el Reino Unido se retiró de la Unión Europea, abrió un boquete muy grande: ¿Por qué nosotros -Escocia, Gales e Irlanda del Norte- no nos retiramos del Reino Unido? Uno a uno se podrían calcar los argumentos. Si la independencia es buena frente a Europa, pues también lo puede ser frente al Reino Unido. Cayeron en una trampa. Aún si el Reino Unido regresa a la Unión Europea, la discusión ya se instaló. Sin embargo, los caminos de cada nación son distintos. Escocia aspira a recuperar su soberanía; El nacionalismo galés busca convertir una identidad cultural en proyecto político; En Irlanda del Norte, el horizonte es la reunificación. Pero lo que las acerca es el deseo de decidir sin depender de Londres, es la idea común. Es hoy el corazón de la lucha. ¿Cómo llegaron hasta aquí? Hoy parece tener fuerza la idea de que la unión administrada desde el centro ya no es una respuesta. Y está la Corona. Una institución cuya utilidad depende de representar continuidad, dignidad y encuentro, ha quedado tocada por escándalos y conflictos familiares. Una monarquía no son solo ceremonias. Puede llenar balcones pero necesita su fuerza integradora. No sé si es la causa principal del separatismo, pero cabe la pregunta: ¿Sigue siendo la Corona un símbolo que sostiene la unión? Están resolviendo tantos conflictos familiares, que no tienen tiempo para consolidarse como ese punto de unión La independencia exige mayorías, acuerdos y respuestas sobre moneda, comercio, pensiones, fronteras. También exige respetar a quienes quieren permanecer. Ninguna emancipación merece ese nombre si desconoce la voluntad democrática. Sin embargo, tarde o temprano, por caminos diferentes, estas sociedades terminarán quizás, escogiendo un futuro fuera del Reino Unido: Unas como Estados independientes; Otra, dentro de una Irlanda reunificada. Las uniones perduran cuando se renuevan libremente. Cuando necesitan invocar su grandeza pasada para explicar su existencia presente, han empezado a despedirse. Una discusión paralela que se abre es el papel de las monarquías. Y no solo la inglesa.
Analista.