Jueves, 22 de Octubre de 2026

Suspender el juicio

ChileEl Mercurio, Chile 22 de octubre de 2026

Lo que precisamos son respuestas menos categóricas, acompañadas de conclusiones razonadas, razonables y convincentes.

Casi todos presumimos de tener las cosas claras y disponer de respuestas a las interrogantes globales, continentales y nacionales que nos acosan, y pocas veces nos allanamos a reconocer que lo que nos nace "desde adentro", o sea, íntimamente, es una reacción que podemos llamar "perplejidad". Sencillamente, no entendemos algo con claridad, ni menos con seguridad, aunque nos obstinamos en compartir aserciones que, en el hecho, no son más que opiniones o interpretaciones acerca de lo que ocurre o se ve venir.
No es fácil reconocer ante los demás que lo que desarrollamos muchas veces es una honda perplejidad que, las más de las veces, no resulta posible disipar ni con la virtud teologal de la esperanza, ni con súbitas iluminaciones, ni con la filosofía, ni tampoco con el arte. Resulta difícil admitir que ante ciertos hechos o sucesos quedemos con frecuencia pasmados, atónitos, confundidos, y que, por tanto, permanezcamos por algún lapso paralizados y sin ningún tipo de resolución.
Sexto Empírico, un filósofo del siglo II de nuestra era, optó por recomendar la suspensión del juicio, o sea, no emitir parecer alguno ante lo que divide las opiniones o, cuando más, aceptar que siempre hay posiciones encontradas, especialmente tratándose de cuestiones éticas y políticas, de manera que, contrastando unas con otras, podría llegarse a un balance o a eso que solemos presentar como justo medio entre posiciones opuestas y excluyentes. Sexto propició una actitud que no consistió en una invitación a irnos todos para adentro y permanecer eternamente mudos y resignados. Una invitación, en suma, no tanto a la serenidad, creo yo, sino a mantener una mente siempre abierta, es decir, antidogmática, y que, por lo mismo, recela de verdades firmemente establecidas y seguras, e insta a mantener la calma y a no arrojarse en brazos de lo que otros decretan como verdadero o correcto.
No se trata de buscar la serenidad al precio de extinguir completamente nuestras dudas y turbulencia interiores. Sexto sugirió que a la serenidad se llega por la suspensión del juicio acerca de todo tipo de asuntos incógnitos o disputados, pero dicha suspensión no puede tener lugar ante todo tipo de materias y evitar llegar, en todas ellas, a conclusiones acerca de cualquier asunto. Cosa distinta, lo que sería preciso evitar son únicamente las conclusiones apresuradas o preestablecidas a que arriban con facilidad solo los impacientes, dogmáticos o iluminados que no atribuyen ningún valor a la existencia de posiciones que puedan ser contrapuestas. Hay bastante conocimiento acumulado, especialmente en el campo científico y técnico, y no tendría sentido dudar de todo e invitar a suspender el juicio a perpetuidad. Solo suspendiendo temporalmente el juicio, mas no ante hallazgos científicos y tecnológicos irrefutables, daremos con la estrategia para admitir que, al menos en lo tocante a la ética, la estética y la política, "nada de lo que se considera bueno le parece bueno a todo el mundo".
Quienes emplean la técnica temporal de la suspensión del juicio no rehúsan decidir, aunque lo hacen sin abusar de la lógica simple del silogismo ni de las igualmente sencillas y apresuradas prácticas inductivas. Luego de reconocer nuestras perplejidades, la transitoria suspensión del juicio podría ser un buen punto de partida para intentar salir de ellas. Lo que precisamos son respuestas menos categóricas, acompañadas de conclusiones razonadas, razonables y convincentes que, por lo mismo, toman tiempo y esfuerzos colectivos y no quedan en manos de algún profeta o genio providencial y visionario.
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