Miércoles, 28 de Octubre de 2026

Construir desde ambas orillas

PerúEl Comercio, Perú 28 de octubre de 2026

Por Sebastián Arcurievp, Country Head Perú & International Banking Retail Head De Scotiabank
Cuenta una fábula que dos pueblos separados por un río necesitaban un puente

Por Sebastián Arcurievp, Country Head Perú & International Banking Retail Head De Scotiabank
Cuenta una fábula que dos pueblos separados por un río necesitaban un puente. Uno tenía los materiales; el otro, el conocimiento. Ninguno podía hacerlo solo, pero cada uno esperaba que el otro diera el primer paso. Hasta que decidieron comenzar al mismo tiempo, desde sus respectivas orillas. A medida que avanzaban, dejaron de preguntarse quién debía hacer más y se concentraron en cómo llegar juntos al centro.Siempre me ha gustado esa imagen porque refleja un desafío del Perú. Hace algunos años, en una conversación con un ministro de Economía, escuché una reflexión que se me quedó grabada: cuando los intereses del Estado y del sector privado se alinean en torno a un objetivo común, la colaboración se acelera.No significa que deban tener los mismos intereses. Cada uno cumple un papel distinto. Pero cuando entienden qué pueden aportar, las oportunidades pueden convertirse en crecimiento y bienestar. Pocas áreas muestran mejor esa necesidad que la infraestructura: las brechas en agua, saneamiento, energía y transporte afectan la calidad de vida y limitan nuestro potencial de crecimiento.Las próximas autoridades regionales y municipales tendrán esas necesidades sobre la mesa desde el primer día. Por eso vale la pena plantearnos desde ahora una pregunta: ¿cómo lograr que los recursos y la inversión se traduzcan más rápido en beneficios para las personas?La respuesta pasa por construir desde las dos orillas. El sector público debe definir prioridades, establecer y mantener las reglas, y asegurar que las inversiones respondan a las necesidades de las personas. El sector privado puede aportar capital, conocimiento, innovación y capacidad de ejecución.Para que esa colaboración funcione, necesitamos reglas claras y estables. La infraestructura se planifica en años, incluso décadas. Quien compromete capital necesita confianza para ejecutar; el Estado debe asegurar que los proyectos cumplan sus compromisos y beneficien a la población.Por eso creo que debemos entender la colaboración público-privada no solo como una fórmula para financiar obras, sino como una forma de resolver problemas. Y eso significa empezar antes: identificar necesidades, preparar proyectos, evaluar riesgos y dialogar con las comunidades.Aquí la banca puede aportar mucho. Naturalmente, financiando. Pero también con conocimiento sectorial y capacidad para evaluar riesgos y estructurar proyectos que atraigan capital de largo plazo y trasciendan los ciclos políticos.A lo largo de mi carrera he aprendido que ninguna institución tiene todas las respuestas. Colaborar no significa pensar igual. Significa encontrar dónde nuestros intereses coinciden y empezar desde ahí.Esa es la enseñanza de los dos pueblos: los puentes se construyen desde orillas distintas, pero solo cumplen su propósito cuando consiguen unirlas.
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