Miércoles, 28 de Octubre de 2026

Refundación devaluada

ChileEl Mercurio, Chile 28 de octubre de 2026

¿Se renuncia solo a una palabra o también a lo que ella significa?

Signo de tiempos convulsos es la velocidad con que ciertas palabras pierden su estatus en el debate público. Expresión máxima de esa devaluación es cuando quienes las enarbolaban ya no solo abjuran de ellas, sino que las endilgan a sus adversarios políticos.
Notable ejemplo de lo anterior es el desprestigio de la palabra "refundación", evidenciado en la entrevista que diera a Reportajes, de "El Mercurio", Pierina Ferretti, presidenta de la Fundación Nodo XXI, un think tank estrechamente ligado al Frente Amplio. Según Ferretti, sería equívoco atribuir intenciones refundacionales al pasado gobierno de Gabriel Boric, pues este no pretendía hacer borrón y cuenta nueva de la historia nacional, sino simplemente "retomar una larga tradición progresista chilena y renovarla". En cambio, no duda en atribuirle ese ánimo a la actual administración, afirmando que el Presidente Kast y su gobierno "están buscando destruir cuestiones que ha costado mucho construir".
Cabría desde luego preguntarse si en diciembre de 2021 el eufórico Boric que acababa de ganar el balotaje presidencial y que prometía hacer de Chile "la tumba del neoliberalismo" habría estado de acuerdo con desechar tan fácilmente la idea de "refundar". Pero además, meses antes, la propia Nodo XXI había lanzado el documento "Principios para una refundación orgánica del Estado", destinado a orientar el proceso constitucional en curso durante esos días.
Por entonces, lejos de ser un baldón, la idea de refundar era profusamente reivindicada por el frenteamplismo y otros sectores de izquierda. El punto cúlmine fue, sin duda, el 4 de julio de 2021, cuando inició sus funciones la Convención Constitucional y su presidenta, Elisa Loncon, en un vitoreado discurso, prometió: "Vamos a refundar este Chile". Nadie podría discutir que en los siguientes meses eso fue precisamente lo que, con acendrado empeño, la Convención buscó conseguir. Por su parte, una vez asumido, el gobierno de Boric hizo suya la tesis de que aprobar la Constitución que estaban elaborando los convencionales era condición sine qua non para poder implementar su programa: !Qué mejor prueba de su ánimo refundador¡ Pero sabido es cómo terminó eso, con el rechazo ciudadano al proyecto refundacional en el plebiscito de 2022, que obligó a la administración Boric a abandonar tales ambiciones.
A cuatro años de esa dura derrota, y cuando la palabra "refundación" sigue desprestigiada, parece entendible que el mundo intelectual frenteamplista ahora quiera renegar de ella. Cabe preguntarse, sin embargo, cuál es el alcance de este giro, si se trata solo de abandonar un vocablo que se ha vuelto impopular o si verdaderamente se está renunciando también a lo que él significa. Desde ya, esto último parece difícil, al menos si se toman en serio las conclusiones del congreso ideológico realizado por el Frente Amplio este año, con su validación de la lucha de clases, su estatismo exacerbado y su utópica ambición de "superar el capitalismo". Y es que si ese sigue siendo el proyecto del sector, dejar de reivindicar la palabra refundación -y usarla en cambio para descalificar las iniciativas de la administración Kast- no pasa de ser un ingenioso pero poco veraz truco retórico.
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