Israel entrampado
Expresión de un sistema proporcional extremo, la falta de mayorías puede llevar a un nuevo llamado a elecciones.
Solo parcialmente acertaron las encuestas en las elecciones de Israel. Se esperaba que el partido Yashar, del líder opositor centrista Gadi Eisenkot y aliados, superara ampliamente al desgastado bloque oficialista de derechas y partidos religiosos y ultranacionalistas del Primer Ministro Benjamín Netanyahu, lo que no ocurrió. En cambio, los sondeos de opinión acertaron en que ninguno de los dos bloques reuniría la mayoría necesaria de 61 escaños que permite conformar un gobierno y elegir Primer Ministro, con riesgo de repetir los comicios.
Con el 90% de la votación, el oficialista Likud elegiría 26 escaños, siendo el primer partido político, y en conjunto con sus aliados, el mayor bloque, con 53 escaños. Yashar podría elegir 21, y con sus aliados sumaría 48. El resto corresponde a partidos de la minoría árabe e islámica, que han aumentado sustancialmente su representación. El conjunto de la oposición, aunque dividida, suma 67 escaños. Pero si bien sectores de izquierda abogan por formar una coalición con partidos árabes, tanto el oficialismo como opositores relevantes se niegan a cualquier alianza de este tipo. Los resultados oficiales serán conocidos el 4 de noviembre.
Netanyahu, no obstante su mayor rechazo, es reconocido por lograr la más estrecha relación con Estados Unidos y decisiva influencia y afinidad con el Presidente Trump, a lo que suma el buen funcionamiento de la economía israelí y la capacidad para abordar simultáneamente cuatro frentes bélicos. A pesar del impacto por la guerra, con serias repercusiones en la mano de obra por el desplazamiento de más de 200 mil militares, Israel ha mantenido una tasa de crecimiento de su producto per cápita superior a la de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia.
Eisenkot, exjefe del alto mando de las Fuerzas Armadas no difiriere sustancialmente de Netanyahu en la defensa de la seguridad de Israel y respecto de las relaciones con Estados Unidos. Las diferencias son más bien tácticas en ambas dimensiones. El general (r), más de 10 años menor que Netanyahu, se comprometió a terminar con Hamas en seis meses, revertir las reformas al poder judicial promovidas por Netanyahu, acabar con los financiamientos a requerimiento de los sectores ultras y exigirles el servicio militar, así como mejorar la imagen internacional de Israel. Otra de sus propuestas es investigar a fondo las responsabilidades del Primer Ministro en fallas de los servicios de inteligencia en la masacre de octubre de 2023. Habría que consignar que ni Roosevelt ni George W. Bush fueron culpados políticamente por las fallas de inteligencia que permitieron Pearl Harbour y los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El bloqueo político en el parlamento de Israel no es novedad. El sistema electoral proporcional, con un umbral del 3,25% de la votación para constituir partidos, conduce a la fragmentación y ha derivado en decenas de colectividades que en varias ocasiones han impedido formar gobiernos de mayoría. En esta elección, 38 partidos presentaron candidatos. En 30 años, Netanyahu -y solo en el actual mandato, luego de gobernar por cerca de 20 años con varias interrupciones- es el único Primer Ministro que ha terminado el máximo de su período constitucional.
De no conformarse un gobierno de unidad nacional por ambos bloques, a falta de incorporar a los partidos árabes a la alianza opositora, y a menos de conformarse un gobierno de minoría, debería haber un llamado a nuevas elecciones en los próximos meses. En el intertanto, Benjamín Netanyahu permanecería en su cargo de Primer Ministro, siendo el político de mayor influencia en la formación de un nuevo gobierno.