Domingo, 01 de Noviembre de 2026

El caso del "dictador" Mbappé

ChileEl Mercurio, Chile 1 de noviembre de 2026

Figuras y organizaciones renuncian vergonzosamente a su libertad al afectarse sus intereses económicos.

Kylian Mbappé, el famoso delantero del Real Madrid, se vio obligado esta semana a pedir disculpas a China después de haber comentado que le divertía "un meme" donde se superpone su rostro al de Mao Zedong, a quien se refirió como un dictador, en una comparación humorística consigo mismo. La reacción a su chiste incluyó la ruptura de contratos de patrocinio y la suspensión de transmisiones del campeonato de LaLiga (la asociación que reúne a los equipos españoles) por la televisión estatal china. También el presidente de esa organización ofreció disculpas. Así, una simple broma en una entrevista terminó convertida en un conflicto comercial y político. El episodio es digno de análisis.
Desde luego, resulta revelador de la fragilidad de las convicciones públicas de ciertas celebridades. Mbappé, quien en 2024 llamó a sus conciudadanos franceses a votar contra los extremos, calificando de catastrófico un triunfo del partido de Marine Le Pen, ahora se disculpa por una referencia que incomodó a una dictadura. Sin duda, una figura pública tiene derecho a intervenir en política y también a rectificar sus palabras. Pero la secuencia entre las sanciones económicas y sus excusas permite cuestionar la consistencia de un compromiso que pierde su firmeza cuando afecta negocios. Quienes asumen una posición de autoridad moral ante sus seguidores deben aceptar que esta sea examinada cuando sostenerla tiene un costo. No menos vergonzosa es la rapidez con que LaLiga y el Real Madrid corrieron a pedir disculpas.
Más grave aún es lo que la reacción revela del régimen chino. Calificar a Mao de dictador describe la naturaleza del poder que ejerció. Asimilar esa referencia a una ofensa al pueblo chino confunde deliberadamente a una sociedad con sus gobernantes, y sustrae a estos del juicio crítico. Los ciudadanos pueden sentirse agraviados y las empresas escoger a sus representantes, pero la intervención de la televisión estatal convierte el rechazo en un mecanismo de presión política. El tamaño del mercado chino permite extender la acción de disciplinamiento más allá de las fronteras, induciendo a figuras e instituciones extranjeras a someterse a las exigencias del régimen.
Esa pretensión de controlar el debate público explica también la preocupación que suscitan en Occidente aquellos liderazgos de distinto signo que, aunque elegidos democráticamente, parecen querer emular a las peores dictaduras cuando persiguen y amenazan con represalias a quienes ejercen la crítica o la sátira política. Más sutiles, pero igualmente nocivas son las prácticas de cancelación que intentan excluir del espacio público a los que se apartan de ciertos códigos de supuesta corrección. El respeto irrestricto a la libertad de expresión es sustento de una democracia y marca una diferencia radical con cualquier sistema totalitario. Por lo mismo, el caso Mbappé no solo impresiona por la reacción china, sino también por la facilidad con que figuras y organizaciones de países democráticos renuncian a su propia libertad al ver comprometidos sus intereses económicos.
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