Lunes, 02 de Noviembre de 2026

El orden multilateral puede en semanas estar recuperando su vigor, según el ex secretario general de OCDE, Ángel Gurría

UruguayEl País, Uruguay 2 de noviembre de 2026

El hecho de que Argentina, Brasil y Perú entren en breve a OCDE va a hacer más viable la aceptación de Uruguay, un país muy bien manejado, donde tiene en marcha muchas de las políticas que se promueven desde la organización

Para el economista y diplomático mexicano Angel Gurría, las decisiones electorales que se están gestando en estas semanas pueden reconfigurar el contexto global, donde el multilateralismo está en jaque. Gurría Canciller de México (199-1997), Secretario de Hacienda de su país (1998-2000) y Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2006-2021) sostuvo que Trump "tiene perdido" el Congreso y es probable que pierda la mayoría del Senado, lo que le va a obligar a negociar sus decisiones. El ex funcionario de OCDE advierte que esa organización "atraviesa severas dificultades", ante una reducción de las contribuciones de parte de los países. Asegura que un eventual ingreso de Uruguay a OCDE es algo merecido, "por las políticas públicas que desarrolla el país", y favorecido "por el inminente ingreso de Argentina, Brasil y Perú a la organización". A continuación, un resumen de la entrevista.

¿Qué reflexión le merece la coyuntura política global?

El mundo está muy patas para arriba. Y con mucha incertidumbre, en medio de una crisis de liderazgo realmente seria. En Francia, Macron se va el año próximo y hoy está soportando un clima político complicado; Merz es el canciller de Alemania desde hace apenas un año y medio y ya ha perdido dos elecciones locales muy importantes, a manos de la extrema derecha. El Reino Unido está con graves problemas. El desastre del servicio de salud y de las finanzas públicas le está trayendo un gran dolor de cabeza. En pocas semanas tenemos elecciones en España, anticipadas y polarizadas, muy difícil para Sánchez.
Además, acabamos de pasar dos elecciones muy apretadas. El triunfo de Lula en Brasil, cuando parecía que iba a triunfar Bolsonaro por el resultado de la primera vuelta y los respaldos que había obtenido entre los demás partidos. Después vino la elección de Israel, donde habrá que esperar para que se forme gobierno y Netanyahu, alguien que no es muy creyente del multilateralismo, se está jugando el pellejo. Habrá que negociar para armar un gobierno.
Y ahora tenemos las elecciones de medio término en Estados Unidos.

¿Qué espera de estas elecciones en Estados Unidos?

Las señales parecen indicar que a Trump no le va a ir muy bien. Perdería el Congreso, algo que hace algunos meses parece consolidado y también podría perder en la renovación parcial del Senado, según lo visto en las últimas semanas.
Y esto es algo que tienen consecuencias en el mundo entero, aunque no esté en juego la presidencia. Va a obligar al señor Trump a negociar, algo que nunca ha hecho hasta ahora ha, donde ha gobernado a base de órdenes ejecutivas y el Congreso, que controla, se lo ha permitido. Eso seguramente va a cambiar. Después de Trump, seguramente los americanos van a escoger qué les gusta del nuevo régimen y qué no les gusta, independientemente de si el sucesor es demócrata o republicano en el 2028.
Las próximas semanas pueden dar al multilateralismo la posibilidad de recuperar vigor, creo que estamos frente a una situación en la cual puede cambiar el mundo entero.

América Latina no es ajena a la tensión y la polarización global.

Es cierto. Las últimas elecciones en América Latina han mostrado una paridad muy grande, definiéndose por muy pocos votos. El mapa mundial, parece partido en dos y cada fracción atrincherada hacia los extremos. Es cierto que ha habido últimamente más victorias de derecha, lo que estaría indicando, en una lectura rápida, que la izquierda no satisfizo a sus electores; quizás la excepción sea Uruguay, donde hoy gobierna la izquierda y la alternancia en el poder no ha sido tan fraccionada.

¿Europa es el ejemplo más claro de esa crisis global?

Europa vive un proceso de envejecimiento y además, un problema de escasez de recursos. La gente se jubila temprano, aunque en algunos países han aumentado la edad de retiro, con un horizonte de vida mayor, las finanzas públicas se tensionan, y los activos también tienen demandas insatisfechas. Los números no dan y la gente sale a la calle. Además, con esos números que no dan, Trump los presiona para que contribuyan con más recursos a la OTAN y los países, con presupuestos rígidos, están quitando recurso de las partidas para ayuda al desarrollo. Todo esto está creando problemas en toda Europa y también en otras partes del Mundo donde la asistencia se reduce.

¿Qué le deja Donald Trump a Estados Unidos después de sus dos gobiernos?

Las consecuencias de alguna de sus acciones son muy graves y la lista es larga. Lo último, el arreglo que hizo con Putin por el gasoil, por cantidades que no son tan importantes aunque capaz que le permiten bajar algo la inflación, que es lo que busca; pero sobre todo ayuda con divisas a Rusia, en su invasión a Ucrania.
Entiendo que es un acto desesperado de Trump por bajar los precios, de poca monta y tardío, pero además, genera un movimiento inesperado en medio de la guerra, cuando hasta ahora apoyó a Ucrania.
A esto debemos agregarle la guerra arancelaria, donde prácticamente se ha enfrentado al mundo entero. Es difícil entender el propósito, pero la consecuencia está clara: repercusiones inflacionarias y lamentablemente crecientes. Ha tomado esa cuestión de los aranceles como un tema personal; se enoja con alguien y le pone aranceles, se le pasa y se los baja.
¿Para qué lo hace? Demostración de poder. Predecible castigo a sus enemigos, pero también a sus amigos.

¿Hay posibilidades de volver a mediano plazo a una situación de respeto a las reglas multilaterales?

Yo quisiera pensar que podemos regresar a la situación ex ante. Sin embargo, nada vuelve a la situación previa, tal como la conocíamos; eso es un gran desafío. Pero el multilateralismo es la única solución que funciona. Ahora está en crisis, pero insisto en que es la solución a los conflictos actuales y a los conflictos futuros y debemos trabajar en esa línea.

¿Qué hay de la marcha del Tratado de América del Norte?

La Marcha del T-Mec es otro motivo de gran preocupación.
Por lo pronto se sabe que se va a renovar cada año. En teoría, se tendría que haber renovado el acuerdo el primero de julio, pero ahora parece que se irá hacia fines de año. Es una muy mala solución, porque genera incertidumbre, a la par de cada renovación anual de las condiciones del acuerdo. Así, es difícil captar más inversiones.
Estados Unidos es un socio comercial muy importante para México, el 83% de nuestro comercio, 600 000 millones de dólares. La cuestión es que no se trata de un socio confiable.
Yo entiendo que son las empresas norteamericanas las que van a asegurarse de que se renueve el tratado, porque dependen crucialmente de la competitividad de la mano de obra mexicana. Pero si el presidente de EE.UU. ataca a sus socios y pone en duda la marcha de los acuerdos, es complejo que esas inversiones se aceleren.
Usted estuvo 15 años en OCDE como secretario general. ¿Qué rol juega hoy en el mundo esta organización?

Lamentablemente la OCDE es víctima de las circunstancias, de la situación que vivimos, donde todo se pone en tela de juicio.
En ese contexto, hay una serie de recortes muy serios, por ejemplo, las contribuciones voluntarias. Si uno le agrega lo que ya recortaron desde Estados Unidos a través de USAID, y el incremento de gasto en programas militares en Europa, los presupuestos para las organizaciones que trabajan en buenas prácticas de gobierno, como OCDE, han caído.
Y el problema parece ser que las ayudas seguirán reduciéndose. Entonces, instituciones como la OCDE tienen problemas para funcionar.
OCDE ha sido una referencia de buenas prácticas, en materia de gobernanza, de normas anticorrupción, pero ahora hay problemas de alcance con los programas, por bajo presupuesto.
En medio de esto, la organización está buscando ampliar su base de adherentes, y esto permite que las mejores prácticas se adopten en un mayor número de países del mundo. En algunos casos, países que ya habían solicitado la adhesión en mi período.

Uruguay también pediría la adhesión.

Yo diría que el hecho de que entren Argentina, Brasil y Perú va a ser más viable la aceptación de Uruguay, un país que, sin ser miembro pleno, participa en varias comisiones hace muchos años y se le conoce bien en OCDE.
Uruguay es un país muy bien manejado, donde tiene en marcha muchas de las políticas que se promueven desde la organización. Ha sido un ejemplo muy importante de transformación de políticas públicas, sobre todo en temas sociales, donde hay avances notables.
Lo vimos siempre como un caso similar al de Chile, que fue el segundo latinoamericano en ser miembro, luego de México. Después le siguieron Colombia y Costa Rica.

Entre las principales exigencias de la OCDE están los estándares de transparencia tributaria. ¿Uruguay cumple esos parámetros?

Creo que Uruguay es un caso ejemplar, se transformó de un país considerado paraíso fiscal en un lugar en donde actualmente todo mundo paga sus impuestos y se sanción a quienes no cumplen. Sin transparencia fiscal no hay tributación. Y sin tributación no hay capacidad del Estado de poder ejercer sus obligaciones.
Y cuando hablo de esto siempre se me pregunta sobre el secreto bancario. No solo me he opuesto siempre al secreto bancario, sino que trabajé mucho por ese tema en OCDE, ya que atenta contra la información tributaria que las autoridades deben tener.
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