Crónica nocturna
Escribo esta crónica en un rato de desvelo nocturno, mientras la lluvia cae inclemente sobre nuestra ciudad y mientras muchos duermen en sus hogares
Escribo esta crónica en un rato de desvelo nocturno, mientras la lluvia cae inclemente sobre nuestra ciudad y mientras muchos duermen en sus hogares. Casi no se ven luces encendidas en otros departamentos de edificios contiguos. Pareciera que el silencio de la ciudad "resuena" tanto como la cellisca que azota los techos y el pavimento. Oigo el agua y "observo" la oscuridad de calles calmadas, pero receptoras del agua interminable de estos días (una primavera poco "primaveral" es la que ha revestido a nuestro país en estas últimas semanas). La noche favorece estas líneas, pues en el sosiego del propio escritorio las ideas fluyen más rápidamente al no estar interrumpido por otros quehaceres.
A diferencia de otras columnas, escritas en medio del fragor laboral y cotidiano, estas líneas surgen al "robarle" unas horas al sueño, como si el no poder dormir fuera una tácita invitación a escribir y dar rienda suelta al pensamiento que aprovecha la vigilia para elucubrar algunas palabras con las que dar continuidad a este oficio de cronista semanal.
Me gusta la escritura en este espacio breve, que obliga a la concisión sin estridencias y que enhebra un tejido personal y representativo del ánimo melancólico que frecuentemente invade a quien reflexiona con lápiz y papel en mano. Al finalizar esta gacetilla percibo que también ha cesado la lluvia en Santiago (!vaya coincidencia¡).