Martes, 03 de Noviembre de 2026

Estados Unidos vota

UruguayEl País, Uruguay 3 de noviembre de 2026

Como suele ocurrir, la elección se ha transformado en un plebiscito sobre el presidente.

Los estadounidenses votan hoy en las elecciones de mitad de período en las que se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y buena parte de las gobernaciones. Como suele ocurrir en estas instancias, la elección se ha transformado en un plebiscito sobre el presidente, y si ese es el ánimo con el que los votantes llegan a las urnas, todo indica que los demócratas parten con ventaja.

Las encuestas son elocuentes. La aprobación de Donald Trump ronda el 38%, y en la intención de voto para el Congreso los demócratas aventajan a los republicanos por casi nueve puntos. Los mercados de apuestas le asignan a la oposición más de 90% de probabilidades de recuperar la Cámara baja. El Senado es más difícil, ya que los republicanos tienen 53 bancas y los demócratas necesitan ganar cuatro, pero las últimas encuestas los muestran adelante en estados impensados hace un año, como Texas, Ohio o Kansas.

No faltan razones para el castigo. La errática política arancelaria que no trajo la prosperidad prometida sino precios más altos e incertidumbre, la escalada con Irán que empuja el petróleo por encima de los cien dólares y un estilo de confrontación permanente, cambios de nombres de lagos y centros artísticos y un sinfín de dislates parecen estar cansando a buena parte de los votantes. A eso se suma una regla casi invariable de la política norteamericana, el partido del presidente suele perder en la elección de medio término.

Pero más interesante que lo que ocurra hoy es el escenario que se abre hacia 2028. Trump no puede volver a ser candidato y por primera vez en una década ambos partidos deberán definirse sin él en la boleta. Los republicanos tienen un heredero natural en el vicepresidente J. D. Vance, la cara más ideológica y radical del populismo nacionalista MAGA, pero Marco Rubio ha crecido a punto tal que varias encuestas lo muestran empatado o incluso adelante. Hijo de inmigrantes cubanos y senador por Florida durante más de una década, Rubio supo representar al republicanismo clásico, el del libre comercio, las alianzas atlánticas y la defensa de la democracia en el mundo, y aunque como secretario de Estado se adaptó al trumpismo, podría encarnar el regreso de un candidato de viejo estilo. Una derrota contundente hoy podría convencer a muchos republicanos de que no habrá trumpismo después de Trump.

Los demócratas, por su parte, no están mucho mejor. Su ventaja actual es gracias al rechazo a Trump antes que de sus propuestas, y la energía del partido parece estar en su ala de extrema izquierda, la de Alexandria Ocasio-Cortez y del alcalde socialista de Nueva York, Zohran Mamdani. Esa agenda puede entusiasmar a la militancia y ganar en distritos urbanos, pero está muy lejos de lo que se necesita para conquistar los estados disputados que deciden una elección presidencial. Hay figuras más moderadas, pero ninguna ha logrado ordenar a un partido tan desorientado como su adversario.

Así las cosas, hay que prestar atención a que muchos votantes ya no se sienten representados por los actuales partidos republicano ni demócrata, pero tampoco aparecen alternativas claras en el horizonte. Lo cierto es que, pese a todo, la democracia norteamericana resiste, su sistema emprendedor sigue siendo avasallante, su sociedad civil vibrante y su futuro dependerá de sus propias decisiones.
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