Antes de la estrategia
Lue Araujo
Durante años pensé que el orden era claro: primero la estrategia y, a partir de ella, la cultura organizacional que pudiera hacerla viable
Lue Araujo
Durante años pensé que el orden era claro: primero la estrategia y, a partir de ella, la cultura organizacional que pudiera hacerla viable. Estaba equivocado. La cultura ya está presente, en forma de mindset, cuando nos sentamos a formular la estrategia. Influye en las preguntas que hacemos, en las oportunidades que reconocemos y en los futuros que nos atrevemos a imaginar. Como por esta época del año las empresas, las organizaciones y los individuos estamos definiendo nuestra estrategia para los próximos años, quisiera proponer un paso previo. Antes de la estrategia, tenemos que revisar y transformar nuestro mindset: la mentalidad desde la que construimos la estrategia. Los seres humanos somos como peces dentro de una pecera. Nuestra mirada es incompleta. La pecera es toda nuestra realidad. Representa el límite de nuestra imaginación, de lo posible e incluye nuestras creencias, dudas, miedos y la ansiedad por sobrevivir. Price Pritchett lo expresa con contundencia así: "Tus dudas no son producto de un pensamiento preciso, sino de un pensamiento habitual". Su invitación es a cuestionar esas conclusiones sobre nuestro potencial que, de tanto repetirlas, terminamos aceptando como verdades. ¿Cuántas decisiones empresariales descansan sobre límites que nunca hemos puesto a prueba? La oportunidad de planificar lo que viene exige revisar los supuestos con los que concebimos la estrategia. Para hacerlo, propongo mirar el mindset desde dos dimensiones: nuestra historia y nuestro estado. La historia reúne las creencias, experiencias, hábitos y comportamientos con los que explicamos por qué hacemos lo que hacemos. Es el cuento que nos contamos sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. "Siempre hemos sido una empresa que hace las cosas de esta manera". "Nuestros clientes nunca aceptarían eso". Luego está el estado: la disposición emocional desde la que interpretamos lo que ocurre y tomamos decisiones. Me interesa especialmente la invitación a transitar del miedo al coraje. Del paradigma de supervivencia al de creación. Pensemos en los integrantes de un equipo directivo que se reúnen para planear los próximos tres años. Lo visible son las cifras, proyecciones y análisis del entorno. Lo invisible son sus temores, ambiciones, frustraciones y lealtades. ¿Desde qué historia están conversando? ¿Desde qué estado están decidiendo? Estas preguntas tienen consecuencias concretas. ¿Las metas ‘realistas’ reflejan un análisis riguroso o el tamaño de nuestra comodidad? ¿Buscamos crecer dentro de nuestras capacidades actuales o desarrollar capacidades nuevas? Antes de aprobar el próximo plan estratégico, hagamos explícitas las creencias que estamos dando por ciertas y reconozcamos las emociones que están orientando nuestras decisiones. Cuestionemos los límites que hemos aceptado y consideremos las posibilidades que hemos descartado. Ese trabajo exige coraje, porque nos obliga a revisar certezas que nosotros mismos hemos defendido durante años. La estrategia que construyamos dependerá, en parte, de lo que nos atrevamos a cuestionar antes de formularla. Si nuestra manera de entender lo posible permanece intacta, corremos el riesgo de ponerles fechas nuevas a los límites de siempre.
fundador Boost Your Mind™ luearaujo | luearaujo.com