Viernes, 06 de Noviembre de 2026

Diplomacia sin camiseta

ColombiaEl Tiempo, Colombia 5 de noviembre de 2026



Donald Trump llegó a las elecciones de mitad de mandato con la peor aprobación neta de un presidente en esa etapa en 80 años



Donald Trump llegó a las elecciones de mitad de mandato con la peor aprobación neta de un presidente en esa etapa en 80 años. El martes los votantes le cobraron el descontento. Los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes y también el Senado, con victorias incluso en Texas, que no elegía un senador demócrata desde 1988. Para Colombia se reitera una lección que el país aprendió hace décadas y que los últimos gobiernos han subestimado. En Washington el poder cambia de manos más rápido de lo que se cree, y apostarle a un solo partido sale costoso. Trump prometió bajar los precios y mantener a su país lejos de conflictos ajenos. En cambio, entró en guerra con Irán y abrió una disputa arancelaria con sus socios. Más del 60% de los votantes dijo que sus políticas dañaron la economía. Desde enero tendrá al frente un Congreso que promete revisar buena parte de su agenda. Colombia llega condicionada a ese escenario. El presidente Abelardo De La Espriella recibió el respaldo de Trump en su campaña, se alineó con él en el Escudo de las Américas y acumuló roces con los demócratas. A pocas semanas de la votación fue más lejos y respaldó en público a la congresista republicana María Elvira Salazar. Gregory Meeks, el demócrata de mayor rango en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, calificó la intervención de inaceptable y advirtió que ponía en riesgo el apoyo bipartidista a Colombia. Y Meeks había felicitado a De La Espriella en julio por su triunfo en la segunda vuelta. Su partido tendrá la mayoría en ese comité. La Cámara no tiene veto directo sobre la política exterior de Trump, así que los aranceles o el Escudo de las Américas seguirán su curso. El riesgo es que el dinero sí pasa por el Congreso. El paquete de asistencia en seguridad por US$1.000 millones depende de los comités que aprueban el gasto, que quedarán en manos demócratas en ambas cámaras. Desde allí se pueden recortar recursos para equipo militar, exigir condiciones en derechos humanos o canalizar la ayuda a través de ONG. El país lo sabe por experiencia, porque el Plan Colombia nació con Bill Clinton, un presidente demócrata, y se mantuvo con el republicano George W. Bush. El TLC se firmó con Bush y lo aprobó el Congreso con Barack Obama en la Casa Blanca. Esa continuidad la construyeron gobiernos colombianos que cuidaron la relación con ambos partidos. Es cierto que la Casa Blanca sigue siendo republicana y que la visita que prepara el vicepresidente JD Vance confirma el interés estratégico en Colombia. Pero la cercanía con un gobierno no obliga a tomar partido en las elecciones de otro país. Nadie sabe qué partido gobernará en 2029, y esa es la mejor razón para no casarse con ninguno. De La Espriella ya pasó por esto. Apoyó a Flavio Bolsonaro contra Lula en Brasil, vio perder a su aliado y luego tuvo que decir que la relación bilateral estaba por encima de la ideología. Con Meeks no esperó a conocer el resultado. Respondió que el apoyo de los partidos "ha permitido construir una relación que trasciende gobiernos y diferencias políticas" y días después lo llamó. Según los demócratas del comité, hablaron de preservar ese respaldo y de la ayuda tras el terremoto. Fue el paso correcto. Falta que gobierne de acuerdo con esa frase. Eso empieza por no intervenir en elecciones de otros países y por buscar a los demócratas que manejarán el presupuesto. En Washington, el mejor aliado de Colombia nunca ha sido un solo partido, sino el acuerdo entre los dos.
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