Viernes, 06 de Noviembre de 2026

Impuesto amargo para el café colombiano

ColombiaEl Tiempo, Colombia 5 de noviembre de 2026


Margarita Bernal
En la mañana, en la oficina, en las cafeterías, en la visita y en la sobremesa: en Colombia, el café se consume a toda hora y en todas partes


Margarita Bernal
En la mañana, en la oficina, en las cafeterías, en la visita y en la sobremesa: en Colombia, el café se consume a toda hora y en todas partes. Según la firma de estudios de consumo Worldpanel by Numerator, se estima que 99% de los hogares lo compran. Por eso preocupa esta propuesta incluida dentro del proyecto de Ley de Rescate Económico: subir su IVA del 5% al 19%. Si el Congreso la aprueba, comenzará en enero 2028. Estas noticias desalientan a un sector en un momento difícil. La producción cayó, el caficultor recibe menos por su cosecha porque han bajado el precio internacional y el dólar, y el terremoto de agosto golpeó varias zonas cafeteras. El año que viene transcurriría en la incertidumbre. Con esta propuesta, se teme que el consumo interno, hasta ahora estable, empiece a bajar. Para las marcas, cobrarle el aumento completo al comprador es inviable. Se trata de una compra frecuente y, en la economía del hogar, cada incremento suma al bolsillo. Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, advirtió que el alza podría empujar a los consumidores hacia granos importados de menor precio. Ahí está el golpe al sector nacional. Cada vez que alguien cambia una bolsa de café colombiano por una de grano importado, el dinero de esa compra sale del país. El caficultor vende menos en su propio mercado, el tostador nacional pierde ventas y deja de quedarse aquí el valor que se agrega al tostar, empacar y vender. La presión también llega por otro lado: la misma reforma subiría al 19% el IVA de los insumos agrícolas. Para quien cultiva, producir costaría más mientras sus ingresos bajan. Para no perder clientes, la industria tendría que asumir una parte del impuesto y reducir sus márgenes. El reto sería encontrar un equilibrio entre un precio que el comprador pueda pagar y una ganancia que la cadena resista. En teoría, el sector tendría tiempo para prepararse. Las marcas podrían amortiguar el impacto, por ejemplo lanzando presentaciones más pequeñas a un valor accesible y ofrecer líneas de café a distintos precios para que quien necesite gastar menos siga fiel al producto. Estas ideas pueden alivianar el golpe, aunque para muchos resultarán insuficientes. En los últimos años, la cultura del buen café ha crecido en el país. Surgieron emprendimientos, marcas, tostadores y fincas pequeñas. Con ese movimiento llegó un consumidor que quiere aprender: pregunta por el origen, por quién cultivó lo que toma, por la variedad y la tostión. Valora una buena taza, la disfruta y está dispuesto a pagarla. Un precio más alto podría detener ese camino, y esto sería un reversazo. Las consecuencias son hipótesis. La pregunta queda abierta: ¿qué pasará con un país que empezaba a descubrir su propio café, y con toda la cadena que depende de que siga en la mesa nacional?
Comunicadora y consultora gastronómica.
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