No es un cuco
En ocasión de un aniversario de José Stalin, comunicadores y políticos compatriotas llegaron a homenajearlo por "haber derrotado al nazismo", omitiendo el infame pacto Molotov-Ribbentrop.
A raíz de la interpelación al ministro Castillo, llevada a cabo desde el miércoles hasta la madrugada de ayer, legisladores oficialistas se quejaron de que la oposición incurriera en generalidades e hiciera hincapié en la filiación comunista del secretario de Estado.
Intentaron menoscabar la iniciativa opositora con el argumento de que el conflicto en el puerto ya se había solucionado, pero no brindaron las explicaciones solicitadas por el diputado interpelante Adrián Juri. Seguiremos sin saber cuánto perdió el país en ese proceso injustificadamente demorado, que afectó en forma gravísima a nuestro comercio internacional y, con ello, impactará en pérdida de fuentes de trabajo y salarios a corto, mediano y largo plazo.
Como suele pasar en política -cuando el interpelado hace foco en alguna acusación genérica para zafar de dar explicaciones sobre lo particular y específico- el oficialismo destacó con ironía que el debate parlamentario devino en críticas al Partido Comunista.
Sobre todo desde el retorno a la democracia de 1985, la izquierda uruguaya ha sido hábil en minimizar ese tipo de imputaciones, igualándolas al anticomunismo que proclamaban los dictadores de la década del 70. La burla de siempre es que los partidos fundacionales "agitan cucos" o "asustan con los tanques rusos" (¡lo decían burlonamente en el mismo momento en que Mujica recomendaba no colocarse delante de las tanquetas venezolanas!).
En la reapertura de la década del 80, es cierto que los partidos fundacionales y el FA -comunistas incluidos-hicieron causa común por la reconquista de la institucionalidad democrática.
Pero eso no impidió ni deberá impedir separar los tantos: liberalismo democrático y marxismo-leninismo son ideologías claramente antagónicas, y los partidos que representamos los valores republicanos tenemos que decirlo siempre con orgullo y sin miedo.
Por supuesto que el diputado interpelante estuvo bien en cuestionar la filiación comunista de un ministro que debería equilibrar intereses laborales en conflicto, en lugar de extenderlos innecesariamente para chicanear en beneficio de unos contra otros.
Por supuesto que cada vez que está en juego la prosperidad de los uruguayos, deben oponerse claramente las ventajas de la economía de mercado contra el nefasto estatismo marxista, que ya dio muestras en todo el mundo de su inaplicabilidad práctica y de su paradójica socialización de la miseria ("Los socialistas aman tanto a los pobres que los multiplican", solía decir Margaret Thatcher).
En nuestro país, el problema es aún más grave, porque el Partido Comunista no realizó las autocríticas propias de otras colectividades semejantes de Occidente.
Mientras en 2019, el Parlamento Europeo emitió una declaración que condenaba en forma conjunta los crímenes cometidos por los regímenes nazi y comunista, y algunos países llegaron al punto de prohibir la exhibición del símbolo de la hoz y el martillo, equiparándolo con la esvástica, en Uruguay esas banderas siguen ondeando y se llega al extremo de que cada primero de mayo, los afiliados al Pit-Cnt entonan la Internacional con los puños en alto. En ocasión de un aniversario del genocida José Stalin, comunicadores y políticos compatriotas llegaron a homenajearlo por "haber derrotado al nazismo", omitiendo que escasos años antes había firmado el tristemente célebre pacto Molotov-Ribbentrop y que la adhesión de la Unión Soviética a los aliados se produjo a partir de que fue Hitler quien resolvió romperlo.
El FA menosprecia estas críticas, como si fueran detalles obsoletos que nada tienen que ver con la realidad actual, pero aún cobija sectores que defienden a estos criminales de ayer y homenajean a Fidel Castro y al actual tirano del vulnerado pueblo cubano.
Son los mismos sectores que empujan al presidente Orsi a adoptar medidas irracionales y empobrecedoras, infiriendo falazmente que su mala imagen pública se debe a la tibieza "liberal" de un ministro de Economía siempre en la cuerda floja de su propia interna.
Bien por el diputado Juri y por los opositores que no se sienten "gorilas" ni "fachos" por decir las cosas como son: que un comunista que se dice orgulloso de su filiación ideológica perimida, no debería ocupar un cargo de semejante responsabilidad en un país que aún se precia de su institucionalidad.
Ojalá el bloque opositor de blancos, colorados e independientes, no tema poner el cascabel al gato y, con la unidad de la que el FA hoy carece, defienda fuerte y claro los valores del republicanismo y la libertad.