"Make America Great Again"
La América profunda se puso de pie. La desmesura ha sido castigada. Calígula tuvo que aceptar la derrota.
Alexis de Tocqueville, el joven francés que se maravilló con la primera democracia del mundo, Estados Unidos, está bailando bajo su tumba. Se envolvió en la bandera norteamericana y giró y giró como poseso, lleno de júbilo. También Walt Whitman está bailando y canta: "para ti este canto mío, !oh,/ Democracia, para servirte;/ ma femme ¡". Emily Dickinson, la poeta más delicada y esencial de todas, salió de su tumba en Massachusetts convertida en colibrí y la vieron volar en Texas, Kansas, California. Dicen que Abraham Lincoln se tiraba la barba de pura alegría. Y también Martin Luther King celebraba y tantos otros. Pero no solo ellos bailaban, en celebración ditirámbica, también Ronald Reagan, Bush padre. Y qué les digo de Theodore Roosevelt y Eisenhower. Gritaban eufóricos los viejos republicanos de antaño. ¿También ellos se unieron al cortejo? !Yes, sir¡ La América profunda se puso de pie. La desmesura ha sido castigada. Calígula tuvo que aceptar la derrota, no todo está perdido. No hay todavía nadie más fuerte que la Democracia más vieja, esa que era joven cuando la visitó Tocqueville.
"!Make America Great Again¡". Pero grande no quiere decir prepotente, ni ordinaria, ni delirante, sino grande en el sentido que le dio Whitman a la grandeza: una madre de brazos muy amplios donde caben todos, desde el vaquero más rústico al refinado artista o poeta. La Democracia hizo crecer a América y si no vuelve a caer en la desmesura, seguirá creciendo, ya no afuera sino hacia adentro. Y cuando digo nadie, digo nadie. Ni desmesura trumpiana ni desmesura "woke". Los demócratas debieran preguntarse por qué el pueblo americano los castigó antes. Si no lo hacen, esta será una victoria pírrica. Y los republicanos deben hacer su descenso y purga. Si América se centra de nuevo, crujirán los goznes de la tierra y se abrirán los cielos del futuro.
Yo, si fuera América, les robaría a los chinos no las exportaciones y la IA, sino el taoísmo, la sabiduría milenaria que nos da las claves más profundas de qué es gobernar y ser gobernado. El taoísmo surgió en medio de la crisis de la dinastía Zhou oriental, una crisis política, social y moral colosal. China después siguió siendo confucioniana, pero fue olvidando su tesoro más noble: el taoísmo. También reinan en ella hoy la desmesura y la voluntad de poder. "El Maestro no persigue el poder/ y así es verdaderamente poderoso./ El hombre ordinario siempre busca el poder/ y nunca tiene suficiente", dice Lao-Tsé. El mundo será taoísta o no será. Y ojo: taoísmo no es esotería: no se trata de ángeles, trompetas y apariciones, se trata del conocimiento del orden natural del mundo, de la vida, que quien quiera alterarlo con su soberbia solo producirá a la larga confusión, inestabilidad, sufrimiento. Y derrota.
Lo peor de todo sería que los demócratas vinieran a cobrar venganza para prolongar la polarización ad eternum . Si los Estados Unidos de América nos dan ejemplo de que es posible una democracia de los acuerdos, tal vez empiece el declive de la lógica de la polarización que tanto daño les está haciendo a los países. Me dirán que estoy soñando, que soy un viejo hippie taoísta iluso: que Trump está ahí todavía, ahora con el "veto" como su último revólver para disparar sobre la Democracia. No me parece... veo a Calígula iniciando su ocaso. América despertó. El Partido Republicano tendrá que recuperar su identidad perdida. Su símbolo es el elefante: simboliza fuerza pero también dignidad e inteligencia. El burro de los demócratas significa humildad, perseverancia, cercanía con la gente común. Como el huemul y el cóndor de nuestro escudo, elefante y burro son arquetipos contrapuestos y complementarios a la vez. Que burro y elefante caminen juntos por la extensa pradera americana. Como dijo Neruda en su poema a Whitman y, con él, a Norteamérica: "entre los pueblos con tu amor camina/ acariciando el desarrollo puro/ de la fraternidad sobre la tierra".