Un vino para este Wikén
Viña Marty Goutte d'Argent Sauvignon Blanc 2025 Leyda
UNA DE LAS MEJORES FORMAS de echarles un vistazo a los sauvignon costeros chilenos es comenzar por el valle de Leyda, donde viñas como Garcés Silva o viña Leyda han sido pioneras en revelar la influencia fría del Pacífico a través de esta variedad que tan bien queda al aperitivo o cuando el menú indica mariscos o pescados o la mayor parte de la cocina que venga del mar, hasta piures si me apuran
Viña Marty Goutte d'Argent Sauvignon Blanc 2025 Leyda
UNA DE LAS MEJORES FORMAS de echarles un vistazo a los sauvignon costeros chilenos es comenzar por el valle de Leyda, donde viñas como Garcés Silva o viña Leyda han sido pioneras en revelar la influencia fría del Pacífico a través de esta variedad que tan bien queda al aperitivo o cuando el menú indica mariscos o pescados o la mayor parte de la cocina que venga del mar, hasta piures si me apuran.
Sin embargo, no se trata de que un sauvignon blanc sirva para todo. La gracia de las ya casi tres décadas de la variedad creciendo bajo la influencia marina en Leyda es que hoy hay distintos estilos de sauvignon, desde simples y ligeros, clásicos ejemplos para el aperitivo, hasta vinos más contundentes, de mayor complejidad.
Y en medio, algunas locuras como es el caso del vino de este Wikén, uno hecho con levaduras de sake, la bebida japonesa hecha a partir de la fermentación del arroz. Veamos. El enólogo Pascal Marty, un francés que ya lleva 30 años haciendo vinos en Chile, es miembro de la Sociedad de Productores de Sake de Japón y, por lo tanto, tiene derecho a usar levaduras de sake. Son levaduras, explica Marty, acostumbradas a trabajar a temperaturas muy bajas, las de las montañas de ese país, por lo que resultan buenos aliados para usarlas en el sauvignon y, según él, preservar mejor los aromas. Y se toman su trabajo con calma.
Si un sauvignon normal tarda una semana en fermentar, el de Marty, la Goutte d'Argent, puede tardarse hasta tres meses. Y el resultado no tiene nada que ver con sus vecinos del valle. Más floral y herbal que frutal, con un cuerpo cremoso y esa acidez marina que sí es el sello de Leyda. Piensen en este Goutte, un bicho raro y delicioso, para un congrio frito.