Después de salir de la Catedral de Montevideo, se subió a su auto y, con la ventanilla baja, saludó a quienes quedaban en la plaza, cuando ya había caído la noche.
Pocos minutos después del atardecer en la capital, cuando el cielo aún no había oscurecido del todo pero ya estaban encendidas las luces de la calle, alrededor de las 19:30, el papa León XIV se subió a una versión reducida del papamóvil al lado de la Puerta de la Ciudadela para trasladarse hacia la Plaza Matriz. Y lo hizo acompañado de una cuerda de tambores.
León XIV, parado en el minipapamóvil, recorrió la peatonal Sarandí rodeado de seguridad y entre una marea de gritos de las personas detrás de las vallas, con muestras de veneración y agradecimiento por la visita. Durante ese trayecto, que duró pocos minutos, su equipo le acercó a tres bebés, todos de pocos meses, a quienes hizo la señal de la cruz en la frente. Mientras los gritos no cesaban, sobre todo los de "¡León!" o "¡Papa León!", el pontífice descendió del vehículo para encontrarse con el intendente de Montevideo, Mario Bergara. En una ceremonia que duró pocos minutos, tal como estaba previsto, recibió la llave de la ciudad. Rápidamente volvió a subir al vehículo para atravesar la Plaza Matriz por un camino central, también vallado, en cuyo interior estaban niños de distintas colectividades de la Iglesia Católica caracterizados como santos.
Los niños fueron de los primeros católicos en llegar a la Plaza Matriz para ver a León XIV. Esperaron con bastante calma -pese a la ansiedad que podía generar esa instancia-, uno al lado del otro. Horas después, vestidos en alusión a la Virgen María, san Tomás de Aquino, san Pablo, san José, don Bosco e incluso al propio papa, lo vieron a un metro y medio de distancia, momento en el que soltaron la efusividad que tenían guardada. Dejando la multitud atrás, León XIV subió la escalinata de la Catedral de Montevideo, donde lo esperaban obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seminaristas para una vigilia.
La Catedral estaba repleta y la expectativa se sentía en el aire. Desde hacía horas, los presentes esperaban que el papa cruzara la puerta principal para escuchar sus palabras. Cuando esto al fin sucedió, uno de los curas presentes no aguantó la emoción y gritó dos veces: "¡Viva el papa!". Lo volvió a hacer sobre las 21:00, cuando el pontífice se retiró rodeado de aplausos. Dentro de la Catedral, León XIV aseguró que era un honor estar allí, un lugar que guarda tantos "recuerdos de la vida de su pueblo". En especial, recordó que allí se encuentra la pila donde José Gervasio Artigas recibió su bautismo, lo que el papa entiende como un "signo de la fecunda contribución de la Iglesia al bien del país". En esa línea, agregó: "Allí comenzó para él una vida nueva como hijo de Dios.
Esa misma gracia está en el origen de nuestra propia historia. Por el bautismo, Cristo nos ha hecho partícipes de su vida y nos invita a crecer en su semejanza, hasta que aprendamos a mirar, a escuchar y a amar como él".
Y añadió: "El trato con Dios había modelado su rostro, sus gestos, su manera de estar entre los demás. Quienes se acercaban a él encontraban algo de la bondad de Cristo, incluso antes de escuchar una palabra de su predicación".
Pero no fue al único uruguayo al que se refirió: "Bajo las bóvedas de esta Catedral descansa el cuerpo del beato Jacinto Vera. En ese sepulcro esperan la resurrección aquellos pies que recorrieron los caminos del Uruguay para llevar el Evangelio a su pueblo; las manos que bendijeron, socorrieron a los pobres y administraron los sacramentos; los oídos que acogieron incontables confidencias y los ojos que se detuvieron en quienes necesitaban ayuda", expresó. Por eso, entiende que "uno de los secretos de la evangelización" es parecerse a aquel a quien anuncian "en esta tierra", donde muchas de las personas "contemporáneas apenas conocen a Jesucristo y tantos jóvenes han crecido lejos de la vida de la Iglesia".
También se refirió al hecho de que en Uruguay, en 2024, el seminario interdiocesano no recibió nuevos candidatos. Ante esa situación, recordó que "muchos fieles comenzaron a unirse en jornadas de oración y ayuno" para pedir que se sumen personas a la Iglesia, lo que dio resultado, señaló: "Hoy damos gracias porque varios jóvenes han comenzado su camino en el seminario y en la vida consagrada y están sentados en medio de nosotros", indicó.
Asimismo, expresó su deseo de que la "experiencia del Uruguay encontrara eco en toda la Iglesia". Por eso, desde la Catedral de Montevideo invitó a sus "hermanos obispos de todo el mundo a promover en sus diócesis jornadas de oración y ayuno por el aumento de vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada".
"¡Que las parroquias, las familias y las comunidades religiosas se unan en esta súplica!", dijo. Y añadió: "¡Que el ejemplo de esta tierra anime a muchos otros a pedir con la misma confianza!". Afuera, en la Plaza Matriz, católicos de varias partes del país -y también del mundo- siguieron la vigilia con un silencio atento a través de una pantalla gigante. En las vallas había banderas de Argentina, Venezuela e incluso de los EstadosUnidos.
Desde Río Grande del Sur llegó la hermana Diane, de 35 años, tras un viaje de 11 horas en ómnibus. Para ella, según contó a El País, concurrir a esta jornada "significa buscar la santidad, estar junto a la Iglesia y, así, buscar estar más cerca de Dios en el camino de santidad".
También estaban Nancy y sus sobrinas Melisa y Dulce, provenientes de Chiclayo, una ciudad del norte peruano con un significado especial para el papa, dado que allí fue obispo entre 2015 y 2023. Se ubicaron en primera fila y colgaron la bandera de su país para hacerlo presente, aunque viven en Uruguay desde hace 20 años.
El papa León XIV salió de la Catedral de Montevideo cerca de las 21:05 mientras sonaba la canción "Una nueva civilización". Se subió a su auto y, con la ventanilla baja, saludó a quienes quedaban en la plaza, dando por finalizado el último acto oficial de su primer día en Uruguay.
Un rato más tarde, ya cuando se había retirado del lugar, el pontífice publicó un cálido mensaje en su cuenta de la red social Twitter (X): "Deseo hacer llegar mi saludo a todos los uruguayos. Durante estos días tendré la alegría de recorrer algunos lugares de esta tierra, acercarme a su historia y encontrarme con hombres y mujeres que, en realidades muy diversas, forman parte de la vida del país. Al comenzar mi visita deseo poner bajo la protección de Nuestra Señora de los Treinta y Tres, Patrona del Uruguay, a quienes encontraré en mi camino". Hoy le espera otra larga jornada.
Ornamentos creados en Uruguay para León XVI
En la noche de ayer el papa León XIV realizó una homilía en la Catedral Metropolitana de Montevideo, donde lució ornamentos diseñados y confeccionados en el país. El sumo pontífice vistió una capa pluvial confeccionada en satén triple verde. La prenda rinde homenaje a la historia y al patrimonio religioso de Uruguay. Fue confeccionada por la modistaLaura Sorhuet, bajo la dirección de la marca de vestimentaBy Florencia, informaron desde la marca.
Los bordados, que fueron realizados de manera artesanal, tienen como inspiración los elementos simbólicos, así como la arquitectura de la catedral. "Así, establecen un vínculo con los orígenes de la Iglesia en nuestro país", detallaron.
La capa tiene en su centro un broche de orfebrería bañado en oro. Se destaca que el diseño "reinterpreta el sol presente en la Catedral de Montevideo, trasladando este símbolo a una pieza de carácter único". El broche también está rodeado de estrellas a modo de homenaje a la Virgen María.
Los diseños fueron aprobados por el Vaticano luego de que el sacerdote MartínMiranda, párroco de San José Obrero de Paysandú, viajara a Roma con un libro, la "memoria de diseño", escrito en español e italiano, con todos los detalles de la propuesta, con muestras de telas e hilos.