El sumo pontífice visitó el departamento sanducero en la mañana de este sábado; unas 40 mil personas fueron a la celebración en el Parque París Londres.
Peregrinar con reposeras. Despertarse a las cuatro, a las tres, a las dos, o directamente no haberse ido a dormir. Prepararse un mate y agarrar unas galletas. Ir de voluntario, colocar un puesto para vender y participar de una visita histórica. Cubrir los championes con bolsas y ponerse un piloto. Ayer estaba soleado y hacía calor; hoy no.
Antes de las siete de la mañana ya hay miles de personas en el Parque París Londres. Frente al escenario, que parece esperar a un artista internacional, una parte del campo está vallada. En un costado hay una hilera de curas sentados en sillas, esperando que alguien se acerque a practicar la reconciliación.
Hace frío -bastante frío- y la tierra está embarrada. El viento sacude uno de los parlantes que cuelgan detrás de donde va la prensa. Las nubes en el cielo no se abren para que entre el sol, pero tampoco se deciden a llover. Todavía faltan horas para que llegue el papa. Los católicos abrevian el tiempo acompañando con cantos y palmas las canciones que tocan unos músicos desde un estrado.
Pasa el tiempo y el parque se sigue llenando. Llegan a haber unas 40 mil personas. Hay uruguayos de todos los departamentos que integran la Diócesis de Salto, donde además de la propia Paysandú, están Artigas y Río Negro. Hay también muchos argentinos y brasileños, y algunos paraguayos y chilenos.
A medida que se acercan las 9:00, la ansiedad empieza a crecer. El papa está por llegar a Paysandú. En las pantallas dispuestas a lo largo del campo se puede seguir el aterrizaje del avión en el que viene. Con aplausos y cánticos, los católicos empiezan a saborear la llegada de su SantoPadre.
En paralelo, León XIV es recibido por autoridades departamentales en el aeropuerto y parte rumbo al parque. La delegación por tierra, con motos y varias camionetas, no tarda en llegar al predio donde será la esperada misa.
Antes de andar entre los fieles, el papa se detiene atrás del escenario y se sube al papamóvil. Ya en este vehículo que le permite estar más arriba y saludar a la gente, León XIV empieza a recorrer un circuito que se interna dentro de la multitud.
Contra las vallas, la gente se amontona para acortar la mayor cantidad de centímetros. Cuando el papa está por acercarse, empiezan los murmullos: "¡Ahí viene!". Y entonces aparece. Está vestido totalmente de blanco. Tiene un rostro sereno y una sonrisa que no muestra los dientes. Cuando mira a las personas, les genera algo a nivel de los órganos.
Logra el efecto de enloquecerlos y lo hace solo a partir de gestos mínimos. Es un hombre que habla cinco idiomas, pero que prefiere callar. Se dirige a la gente, reacciona a ella. Sube las cejas, abre mucho los ojos, hace una "O" con la boca. Recibe saludos, celulares que lo graban, un bebé para que lo sostenga y un grito de "¡Papa!" que se vuelve más agudo con cada letra.
León XIV sigue de largo y algunas personas se quedan en su lugar. Otras, en cambio, lo persiguen. El campo se agita con gente que corre en paralelo al papa para quedarse con unos segundos más de recuerdo. El sismo continúa hasta que termina su trayecto y se acerca al escenario. La gente queda emocionada. Una adolescente directamente se cae al piso.
La misa
Esta es la primera misa que León XIV dará en su gira por América Latina.
Visto desde lejos, ahora, parece un rey. Está sentado detrás del altar. Lo rodean sus hermanos sacerdotes, pero él está un poco por encima. Antes estaba solo de sotana y de abrigo blanco. Ahora tiene una casulla con detalles dorados y bordó, y una mitra en su cabeza.
"En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.", dice cantando. De fondo, se escucha un órgano y el coro que se mezcla con las voces del público responde "Amén". Una de las primeras cosas que hace el papa es hablar sobre Jacinto Vera, en cuyo honor se hace esta misa. El primer obispo del Uruguay fue nombrado beato en 2023. Se encuentra en un sendero que lo puede llevar a ser santo.
"Queridos hermanos, siguiendo las huellas del buen pastor, el beato Jacinto recorrió estas tierras llamando a la conversión y dedicándose al ministerio de la reconciliación", dice León XIV en un español correcto, pero que lo delata como angloparlante.
Lo sigue una lectura de una carta de San Pablo, un salmo y un fragmento del evangelio. Cuando vuelve a hablar, al comenzar lo que se llama homilía, saluda a los presentes y retoma su hincapié en Jacinto Vera. "Esta es la primera misa de mi visita que celebro en tierra uruguaya. Gracias por estar aquí", empieza y la gente lo aplaude. Habla del "obispogaucho" que recorrió tres veces a caballo todo el país con su generosidad y su entrega total a la misiónapostólica.
La mención a estos aspectos de la biografía del primer obispo uruguayo dialogan con la experiencia del propio papa. Cuando todavía se lo conocía como RobertPrevost, el sacerdote agustino de Estados Unidos se pasó 20 años de misionero en Perú. Y a él, además, le gusta andar a caballo.
La homilía, al referirse a Vera, también incluye una mención a una de las etapas más sensibles de la historia sanducera. "Durante la histórica Defensa de Paysandú, en 1864, Monseñor Vera se instaló en la Isla de la Caridad, frente a la ciudad sitiada, para atender a refugiados y heridos de ambos bandos. Allí se quedó hasta la caída del sitio para acompañar a su gente, suplicando en nombre de Dios que los ejércitos de hermanos se dieran el abrazo fraternal", recuerda el papa.
A continuación, la homilía sigue estando especialmente vinculada a Paysandú, porque desarrolla ideas a partir de tres elementos característicos de la región.
Primero habla sobre el concepto del puente y lo vincula con el que conecta Paysandú y Entre Ríos sobre el río Uruguay. "No es difícil imaginar los beneficios que genera un puente: apertura, comunicación, intercambio. Por eso, ¡qué importante es ser constructor de puentes! Esa es la vocación a la que todos estamos llamados".
El público, formado por personas de distintos países de América Latina, lo apoya. Cuando festejan, agitan sus banderas: las amarillas preparadas para la visita del papa, pero también las de Paysandú, Uruguay, Argentina.
Luego, se refiere a los palmares. Dice que las palmeras son árboles resistentes "a la fuerza de los vientos" y destaca que en esta región "no crecen aisladas".
"Así también la Iglesia es una comunidad de hermanos que hunde sus raíces y bebe de un manantial común", resume León XIV.
Y finalmente llega al punto de su homilía más celebrado por el público. El papa habla ahora del mate y la gente no aguanta sus aplausos.
León XIV se refiere a esta tradición como un signo de "encuentro" y de "hermandad". Dice que "tomar mate es un ritual lleno de simbolismos, donde se dialoga sin palabras y cada detalle posee un significado propio".
Y además lo vincula a escenas más íntimas, vinculadas a la fe. "Pienso también en los mates que uno toma cuando está solo y que acompañan un momento de silencio y oración. En esos espacios de soledad, cuántas veces tantos de ustedes le habrán confiado a Dios sus preocupaciones y necesidades, sus deseos y anhelos más profundos", dice el papa y una anciana asiente una y otra vez.
La misa, después de la eucaristía, llega a su fin.
Y el obispo de la diócesis norteña, ArturoFajardo, agradece la visita a León XIV y lo despide.
"Encomendamos su viaje apostólico, Santo Padre, a la protección de la madre de Dios, la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de nuestra patria", dice Fajardo.
El obispo alude a la operación que sufrió León XIV por un tumor en un pulmón, que por unos días parecía haber estropeado el viaje. "Hemos rezado mucho por su salud y lo seguiremos haciendo", le promete al papa.
Y León se va
En la PlazaConstitución lo esperan unas mil personas, muchas que por razones de movilidad no podían participar de la misa en el parque. Antes de dirigirse a ellas, el papa ingresa a la basílica Nuestra Señora del Rosario.
Como había solicitado, tiene ahí un momento de silencio y privacidad en el que le reza a la Virgen María y le hace una ofrenda floral.
Finalmente, sale y saluda a la gente. Reitera el concepto de los tres elementos sobre los que habló en su homilía y se va al aeropuerto.
Lo espera el intendente Nicolás Olivera, que le hace dos obsequios: un poncho de lana merino y un rosario hecho de tiento. Además, le da el libro de la ciudad para que lo firme y el papa deja allí un mensaje para los sanduceros: "Pido al Señor que bendiga a los habitantes de Paysandú, fortalezca su esperanza y haga fructificar el bien que siembra cada día".