Martes, 21 de Mayo de 2019

¿Por qué nos matamos el Día de la Madre?

ColombiaEl Tiempo, Colombia 20 de mayo de 2019

Un análisis desde el punto de vista de la salud mental sobre el fenómeno que se ve cada año en el país

Un análisis desde el punto de vista de la salud mental sobre el fenómeno que se ve cada año en el país.
La figura materna, en los humanos, se enmarca en una ambivalencia entre el bien y el mal. Esta condición, de acuerdo con la psiquiatra Olga Albornoz, en personas con estructuras mentales básicas (con limitaciones en el racionamiento), puede pasar de la madre a la madrastra como en los cuentos de hadas, lo que en una celebración como el Día de la Madre puede generar conflictos emocionales, difíciles de controlar. Esto, en razón a que en una fecha de este calibre, dice la especialista, lo mandado es manifestar el amor a la mamá en toda su extensión, y no está permitido no quererla y menos manifestar algún sentimiento de desprecio por ella, lo que en estos individuos se convierte en una presión traducida en un malestar que para nada se alivia con lo que hay que proyectar. Y en este contexto, la psicóloga Ruby Osorio manifiesta que se promueve de manera inconsciente una especie de competencia entre hijos, que tratan de poner en escena quien quiere más y cuestionar al que no lo hace, en una especie de juego materializado en regalos, balances medidos en presencia, cercanía, colaboración y hasta abandono. "Aparecen culpas, reproches, frases calificadoras que al impactar en personas con dificultades para controlar impulsos detonan en conflictos y enfrentamientos entre familiares", dice. Rodrigo Córdoba, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario, dice que esto convierte el Día de la Madre en un momento de coincidencia obligada, en virtud a que esta celebración es una de las que tienen mayor confluencia familiar en contextos sociales como el nuestro, por encima de Navidad o Año Nuevo, cuando cualquier disculpa es válida para no estar cerca de la progenitora. Y como es natural, agrega Córdoba, entre hermanos y otros miembros de las familias pueden existir diferencias, enfrentamientos, heridas sin sanar o problemas irreconciliables, que en teoría pasarían a un segundo plano ante el imperioso deber de estar al lado de la mamá; sin embargo, en algunos casos esto no es posible y las reuniones se convierten en un foco de tensión emocional que afecta a todos. Si a todo lo anterior se agrega el alcohol, como es habitual, este logra liberar un poco esas presiones, desinhibir conductas, exacerbar ánimos y hasta promover violencia a partir de desencadenantes que pueden ir desde una frase, una discusión política, las diferencias por un equipo de fútbol o incluso la retoma de rencillas anteriores. Todo confluye en un peligroso coctel que, según Albornoz, es avivado por patrones culturales de machismo, intolerancia y la falta de respeto. "En una sociedad que no respeta límites y en donde cualquier autoridad es frágil, el entorno familiar replica fácilmente estos determinantes", apunta la experta. El resultado es el evidenciado en esta fecha: convertir el Día de la Madre en uno de los más violentos del país. "Una triste realidad que no se modifica solo con invocar cariño y respeto por las madres. Se requieren abordajes más estructurales", dice Osorio. Y en esto coincide Córdoba, quien asegura que el análisis sobre este problema debe darse desde la salud mental, e involucrarlo en una política pública, que el país está en mora de construir. Para empezar, finalizan los tres expertos, podría convertirse en norma sacar de dichas reuniones a quien tenga antecedentes violentos o promover la autocensura de quienes consideren que son incapaces de tolerar o de compartir con personas que se reunirán el Día de la Madre.