Domingo, 22 de Septiembre de 2019

¿No hay alternativa?

ChileEl Mercurio, Chile 22 de septiembre de 2019

No hay reivindicación popular que no sea estigmatizada por las élites en nombre del populismo.

"Populismo" es la nueva palabra que está a la orden del día, sobre todo como arma arrojadiza que lanzar a la cara de quienes tienen ideas distintas a las nuestras. Para la derecha, la izquierda es populista, mientras que para la izquierda lo es la derecha. Es tan frecuente ese uso del término "populismo", que se ha transformado en el mayor insulto que se puede dejar caer sobre un gobernante o algún partido o coalición. Hay analistas que consideran que se trataría del peor mal de nuestro tiempo y la más significativa de las amenazas que se ciernen sobre la democracia, en circunstancias de que el daño a esta es mucho mayor en el caso de la corrupción. Algunos políticos, conscientes de que el daño que la corrupción causa a la democracia es más grave que el que produce el populismo, se refugian en esta última palabra como una manera de eludir los cargos que se les dirigen a ellos en nombre de la corrupción. Si en alguna medida son responsables de la metástasis de la corrupción, ya sea por acción propia o por tolerancia con la de sus camaradas, eluden responsabilizarla a ella de la crisis de la democracia y culpan entonces al populismo.
Para la izquierda, Bolsonaro es populista, y para la derecha lo es López Obrador en México, y lo que ambos gobernantes tienen en común es que fueron votados como reacción contra gobiernos corruptos. Entonces, los populistas no llegan al poder por populistas, sino por el enojo que producen los gobiernos corruptos en ciudadanos cansados de las irregularidades e impunidad de tantos agentes públicos. No es el populismo el que está ganando la partida, es la corrupción, y aquel es una reacción contra esta.
Otros políticos ven la causa del debilitamiento de la democracia en su distanciamiento de los reales problemas de las personas -lo cual es cierto-, pero no se trata de la causa principal. La justificada impaciencia de los ciudadanos ante la tardanza con que gobiernos centrales, regionales y comunales se hacen cargo de los problemas se acrecienta hasta la ira cuando esos ciudadanos perciben la rapidez con que la clase política resuelve sus propios problemas y llama "errores" o "malas prácticas" a los que no suelen ser más que groseros delitos.
Es en tal sentido que el discurso contra el populismo está queriendo ocultar una denuncia más enérgica y persistente contra la corrupción.
Otro uso interesado de la palabra se produce cuando algunos líderes de opinión, especialmente los economistas de derecha, acusan de populista a cualquier idea o iniciativa a favor de los trabajadores asalariados y grupos sociales más vulnerables. "No hay alternativa", dicen a coro con Margaret Thatcher, de manera que nadie debe alterar en lo más mínimo las lógicas del capitalismo neoliberal hegemónico de nuestros días ni preocuparse demasiado por las desigualdades que él produce en las condiciones materiales de existencia de las personas. "No hay alternativa", repiten, y eso en salud, en educación, en vivienda, en jornada laboral, en previsión, de manera que hay que olvidarse de los derechos de las personas en cada uno de esos campos y confiar en que los alimentos que sobran en la mesa de los más ricos llegarán en algún momento a los pobres que están tocando a la puerta, supuesto que el dueño de casa no prefiera darlos a sus mascotas. No hay reivindicación popular que no sea estigmatizada por las élites en nombre del populismo.
En esto nuestra época se parece a todas. ¿Ha habido alguna en que no se haya descalificado como política de baja estofa o ridícula utopía cualquier manifestación crítica que proviniera de la desazón popular y del fastidio con grupos políticos y económicos que incurren en reiterados engaños y no ven más allá de sus prejuicios e intereses? ¿Ha habido alguna vez en la historia una clase social poderosa o alguna autoproclamada élite que no resistiera el cambio en nombre de la catástrofe que este produciría en caso de concretarse?
Antes de que esa doctrina perdiera crédito en el mundo y entre los electores, el cambio era neutralizado con el cuco del "comunismo". Hoy lo es con el del "populismo".