Viernes, 22 de Noviembre de 2019

Estados Unidos se retira

ColombiaEl Tiempo, Colombia 21 de noviembre de 2019

"He aguantado casi tres años, pero es hora de salirnos de esas ridículas guerras interminables, muchas de ellas tribales, y traer nuestros soldados a casa

"He aguantado casi tres años, pero es hora de salirnos de esas ridículas guerras interminables, muchas de ellas tribales, y traer nuestros soldados a casa...". Con este tuit del martes pasado, el presidente Donald Trump iniciaba, con su habitual lenguaje desabrido, el fin del papel de hegemónico vigilante bélico ejercido hasta ahora por Estados Unidos y el cierre de los enfrentamientos abiertos o solapados que mantiene la primera potencia del mundo en la península coreana, en Europa, en Oriente y en Asia central. En un análisis objetivo puede concluirse que de los 5 grandes conflictos que Estados Unidos ha sostenido desde el final de la última guerra mundial, solo ha ganado, y parcialmente, en la llamada guerra del Golfo: no ha habido victorias en Vietnam, ni en Corea, ni en Irak ni en Afganistán, donde el balance de la intervención estadunidense ha sido calificado recientemente por Trump como "un caos y un desastre total". En octubre de 2001, el presidente George W. Bush decidió invadir Afganistán, tras acusarlo de albergar a los talibanes culpables de los atentados del 11S. Esta invasión, que ha costado un billón de dólares y llegó a movilizar 100.000 soldados durante el mandato de Barack Obama, se ha cobrado la vida de 2.400 estadounidenses y de un número indeterminado de civiles afganos. Hoy, los talibanes controlan más territorio que nunca, más de la mitad del país. Estados Unidos se metió en un pantano, ya que nadie reconoce la frontera entre Afganistán y Pakistán trazada en su momento por los ingleses. Así que los drones de la era Obama deambulaban intentando matar ‘terroristas’ a un lado y otro y provocando casi siempre víctimas civiles. De hecho, en este conflicto, Estados Unidos ha sido acusado por la fiscalía de la Corte Penal Internacional de crímenes de guerra y centenares de casos de torturas. ¿La respuesta? Retirarle la visa a la fiscal Fatou Bensouda, para que no pueda concluir su investigación en territorio estadounidense. Por su parte, Donald Trump lleva casi diez rondas de conversaciones con los representantes talibanes, para salir de esta región de Asia central cuanto antes, pero no sin dejar de emitir una de sus baladronadas: "Yo podría ganar esta guerra en una semana, pero no quiero matar a 10 millones de personas", declaraba antes de entrevistarse con el primer ministro pakistaní, Imran Khan, para que diera recado a los talibanes de su deseo de paz. La siguiente iniciativa, tomada el domingo pasado y desarrollada a lo largo de la última semana, ha sido el abandono de Estados Unidos de la zona fronteriza de Turquía y Siria, donde han apoyado a los kurdos (una etnia sin Estado a la que Turquía considera su enemigo principal), para exterminar prácticamente a los fanáticos del llamado Estado Islámico. Esta decisión del regreso a casa de los millares de tropas estadounidenses, beligerantes en territorio sirio sin ninguna autorización de la ONU, está siendo atacada fieramente desde diversos frentes, incluidos dirigentes del Partido Republicano, mientras la situación ha empezado a moverse en la zona. El presidente turco, Erdogan, va a tratar de atacar a los kurdos en su frontera sur (norte de Siria) para llevar allí a la mitad de los cerca de 4 millones de refugiados sirios que soporta, ingresando 30 kilómetros en esa dirección. Los kurdos van a estrechar su pacto con el autócrata sirio Al Asad, que podrá recuperar las fuentes petroleras bajo su dominio. Sin duda puede incrementarse la violencia en estos territorios, pero corresponde a Naciones Unidas establecer zonas de desarme y promover el respeto a las convenciones internacionales, no a una potencia ajena y lejana. Comparto las críticas a Donald Trump como personaje megalómano, de escasas luces, atrabiliario, tal vez deshonesto en muchos aspectos, pero me parecen positivas sus iniciativas en materia de política exterior para que Estados Unidos empiece a dejar de ser el gendarme supremo mundial que no responde ante nadie.
Un mundo sin rumbo
Antonio Albiñana