Viernes, 22 de Noviembre de 2019

Trabajar por plata

ColombiaEl Tiempo, Colombia 21 de noviembre de 2019

No hay nada más miserable que trabajar por plata, que no es lo mismo que trabajar en algo que te guste y, de paso, te asegure ingresos

No hay nada más miserable que trabajar por plata, que no es lo mismo que trabajar en algo que te guste y, de paso, te asegure ingresos. Lo dice Chris Rock cuando habla de la diferencia entre tener un trabajo y tener una carrera. Cuando tienes un trabajo, afirma, quieres que el tiempo se pase volando; cuando tienes una carrera, no te alcanzan los días para hacer todo lo que quieres. La razón por la cual no me gusta el stand up que se hace en Colombia es porque se limitan a contar chistes y situaciones medianamente divertidas, pero no te abren los ojos, no te hacen dar en el coco, reflexionar y cuestionarte. Aun así, hacer stand up comedy, así sea malo, es tremendamente difícil. Yo lo intenté un par de veces, solo para descubrir que no era chistoso. El punto es que cuando no sabes qué haces acá, te toca agarrarte al primer palo flotante que pase cerca para no ahogarte, entonces tu vida se convierte en sobrevivir al día a día, en contar las horas para que llegue el fin de semana, no para beber, que también, sino para que se acabe el mes porque necesitas que te vuelvan a pagar el sueldo. Lo curioso de que la mayoría de la gente no trabaje por satisfacción personal ni por tener un proyecto de vida, sino porque necesita plata, es que los trabajos cada vez pagan menos. Hace poco propusieron que los menores de 25 años se ganaran el 75 por ciento del salario mínimo. ¿Pero qué le pasa a esta gente? ¿No les alcanza con que Colombia sea uno de los países con peores salarios mínimos del mundo? ¿Qué creen? ¿Que esto es fútbol profesional, en el que hay selecciones juveniles? La idea no caló y no va a calar, porque uno de los muchos peligros es que echen a los mayores de 25 para no tener que pagarles esas fortunas de sueldos que se ganan. Es decir, el 75 por ciento del mínimo se convertiría con el tiempo en el nuevo mínimo. Con razón, la gente no quiere ir a trabajar si pagan una miseria al tiempo que matan los sueños, si es que alguna vez tuvimos alguno. La gente no quiere ir a trabajar, y menos para las empresas de hoy, que exigen todo a cambio de nada, que quieren menos responsabilidades con sus empleados y se desentienden de ti si te da una gripa. Ya no alcanza con ser responsable y eficiente, ahora hay que ser sumiso también. Nos quieren sometidos, agradecidos porque nos tiran sus monedas. Quieren que pensemos que podría ser peor, que podríamos estar sin trabajo. Son extraños los ricos. No les alcanza con lo que tienen, quieren más, quieren todo, y prefieren seguir acumulando que ir a un siquiatra a que les trate ese problema. A mí no me ha ido mal, y aun así me quejo. Es que quiero un poquito más; no mucho, la verdad. No tanto como para comprar un avión privado, pero sí lo suficiente como para jubilarme antes de tiempo. Es que estoy cansado de ver que otra gente hace lo mismo que yo por más plata. Veo lo que ganan algunos colegas y me pregunto en qué momento es que corona uno, a quién hay que lamerle los zapatos, de quién se necesita ser hijo o amigo para que me paguen por encima de mis habilidades. Pero, como eso no va a pasar, he contemplado otras salidas. Una de ellas es escribir más, aunque lo cierto es que el tiempo y la cabeza no me dan. La otra es salir a marchar aprovechando la efervescencia social del país, a ver qué pesco, pero no creo que sirva en el corto plazo, que es lo que necesito. En cambio, en mis momentos de mayor frustración fantaseo con convertirme en delincuente. Estafar, robar; así, sin asco y de frente. Volverme enemigo de la ley, lo cual no es muy difícil porque de entrada no me caen bien los que legislan, por lo que el paso por dar no sería muy largo. Esto de la civilización se está yendo al carajo y ahora es la selva, la ley del más fuerte, así que entrar a la ilegalidad sería la respuesta. Tenían razón en Goodfellas cuando decían que trabajar y ser honrado era para pobres diablos.
Busco otras salidas
Adolfo Zableh Durán