Jueves, 14 de Noviembre de 2019

Muere Juan de Dios Vial Larraín: un filósofo que gozaba la vida

ChileEl Mercurio, Chile 14 de noviembre de 2019

Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales y exrector de la Universidad de Chile , toda su obra académica y filosófica estuvo marcada por la relación del hombre con lo divino. Solía explicarse los fenómenos de la vida humana a la luz de los grandes pensadores y decía que la presente centuria tenía un ingrediente religioso muy decidido.

Una de las cosas que siempre defendió Juan de Dios Vial Larraín fue lo que él llamaba "mi absoluta autenticidad". Y definía esto así: "Yo no digo sino lo que pienso, y lo que pienso, lo digo".
Fue una constante en su vida, decir las cosas por su nombre. Partiendo por asuntos muy generales como "nada se ha hecho nunca sin una élite" a asuntos particulares y personales del más variado carácter: "Soy un gozador de la vida y también un hombre retraído. Soy católico. He sido fiel... También he tenido una experiencia tensa y conflictiva, que me parece está en la índole de la fe".
Nacido en Santiago el 10 de agosto de 1924, falleció ayer, a las 08:56. "Estuvo lúcido hasta pocas horas antes de morir. Estaba muy tranquilo", dijo su hijo Aníbal.
"Los chilenos no tenemos conciencia de nuestra realidad histórica"
Vial Larraín realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San Ignacio. En 1942 ingresó a estudiar Derecho en la Universidad Católica; paralelamente decide estudiar Filosofía. En 1950 se tituló como abogado. Ejerció la abogacía en forma particular hasta 1960 y desde 1956 trabajó como profesor de Filosofía en la U. de Chile. También fue docente de las universidades Autónoma de Barcelona, Navarra, Granada, FinisTerrae, Católica de Valparaíso, Concepción, Austral y de los Andes. Fue delegado de Chile a la Asamblea de la OEA en Washington, vicepresidente del Instituto Goethe, secretario del Consejo Superior de la Universidad Católica, rector de la Universidad de Chile (entre 1987 y 1990), presidente de la Academia de Ciencias Sociales, presidente del Instituto Chile y decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica, cargo que ocupó en dos oportunidades. En 1997 recibió el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales de Chile.
Decía pasar días y noches en conversaciones íntimas con pensadores clásicos, pero nunca dejó de lado la vida más concreta de Chile y el mundo. De hecho, en su obra siempre plasmó lo que él veía como la influencia de la filosofía clásica en el mundo de su tiempo.
Se interesaba particularmente en el transcurso del desarrollo del país. Estando a las puertas del Bicentenario, lamentaba que Chile no hubiera logrado los sueños de crecimiento social, cultural y económico que se había planteado cuando nacía como República. Pensaba que eso se debía a que "los chilenos no tenemos conciencia de nuestra realidad histórica. Sin una élite que lidere y eduque, nada se genera históricamente".
En su pensamiento, el hombre siempre se ha movido por ideas. Por eso afirmaba que la gran falacia del marxismo es creer que son las fuerzas productivas las que generan la cultura y la historia humana; vale decir, que la historia estaría determinada sobre la base de los procesos técnicos en la producción económica.
"Así", decía, "la religión y la cultura serían una supraestructura casi accidental de ese proceso propio de la materia y sus energías. No hay que olvidar que el marxismo tiene vínculos originarios con el capitalismo liberal, al cual el 'Manifiesto Comunista' prodiga elogios. La teoría del trabajo como fuente de valor da pie a la plusvalía y al concepto de proletariado como agente de la historia a través de la revolución y la dictadura del proletariado que el marxismo forjó".
Las llamadas de Pinochet y de Lagos
Juan de Dios Vial decía tener un "gran respeto por Pinochet". Nunca habló de "dictadura" sino de "gobierno militar". A Pinochet no le reprochaba nada, aunque sí a su entorno. Estaba seguro de que "las cosas graves que se hicieron, por supuesto que él no las conocía". Solía distinguir que no se consideró un partidario del general. "No lo fui. A mí, en un determinado momento me llama y me pide que asuma como rector de la Universidad de Chile, en reemplazo de Luis Federici" (1987).
En ese momento, consultado acerca de cómo la dimensión ética se inserta en la vida política, declaró que "hay una verdad que respeto en quien afirme la necesidad de un gobierno fuerte, porque cree que es la única manera de lograr transformaciones sociales que posibiliten una democracia que no caiga en la parálisis ni conduzca a la guerra civil".
Ese llamado de Pinochet lo sorprendió tanto como cuando, estando en Zapallar, lo llamó el Presidente Ricardo Lagos para pedirle que integrara el directorio de Televisión Nacional (2004): "Al Presidente no se le dice que no".
Brotes esperanzadores
Entre sus obras destacan "La metafísica cartesiana", "Filosofía y teoría del amor", "La filosofía de Aristóteles como teología del acto", "La metafísica platónica" y "La vía de la verdad".
A fines del siglo XX, Vial Larraín estimaba que faltaban buenas ideas en el mundo. Al comparar la primera mitad de la centuria con la segunda, observaba grandes diferencias.
Las primeras cinco décadas fueron "de una gran riqueza intelectual y espiritual", decía: "La ciencia y la transformación de la visión de la naturaleza por la física fue una notable empresa a partir de Einstein y Plank. Filósofos como Heidegger, Husserl, Bergson, Wittgenstein, y también Ortega y Gasset y Unamuno, en España, han sido figuras eminentes para cualquier tiempo. Si además se tienen en cuenta la investigación del código genético en la biología, del inconsciente en la psicología, de lo hecho en la antropología y la lingüística dentro de las ciencias sociales, y lo que fueron escritores como Proust, Kafka, Rilke, Valéry, Pound, o Picasso y Matisse en la pintura, y Debussy o Stravinsky en la música, hay que reconocer que la vara quedó muy alta".
Hombre entregado a la formación de las generaciones más jóvenes y a la docencia, definía el hecho de enseñar como un "cierto momento de un proceso que empieza como meditación y termina como escritura".
Marcado por las guerras mundiales, el siglo XX habría dejado en la humanidad una marca indeleble: "Nos dejaron devastados, y posiblemente va a pasar un tiempo antes de que vuelva a brotar la fuerza creadora del hombre". A su juicio, la obra escrita de los dos papas anteriores a Francisco, Wojtyla (Juan Pablo II) y Ratzinger (Benedicto XVI), "tienen un valor y una profundidad que excede del ámbito del cristianismo".
En esa línea, al plantearse sobre el siglo XXI recurría a Malraux, quien dijo que "el siglo XXI o es místico o no es nada". Para Vial, "desde la segunda mitad del siglo XX hemos quedado huérfanos de ideas, pero hay brotes esperanzadores y que tienen un ingrediente religioso muy decidido".
Él veía a la religión como un catalizador del renacer de la cultura: "La fe es la presencia de Dios, la relación del hombre con lo divino. Nada hay más alto que eso". No creía en los ateísmos, a los que definía como "fanatismos religiosos con signo menos, idolatrías", y pensaba que así como el nihilismo iba quedando atrás, "la vida humana siempre recupera su profundidad, su eternidad. Hacia delante veo brotes provenientes de estas fuerzas más profundas que no están destinadas a agotarse. Creo en la vida humana, en que el hombre está recuperando su profundidad y su eternidad".
Al hablar de la muerte, era muy claro: "No tengo ningún temor a la muerte. Uno de los temas de Rilke es la muerte propia, que viene a ser en cierto sentido la madurez, una perfección que implica una clausura. Creo que las cosas nacen y terminan. No pienso demasiado en la muerte, la veo como otra cara de la vida".
Una gran pena
Casado con Teresa Echeverría, con ella tuvo nueve hijos: Teresa, Juan de Dios, Leonidas (empresario), Aníbal (exrector de la Universidad Santo Tomás y gerente general de la Fundación Irarrázaval), Santiago, Manuel José, María, Natalia e Isabel. Una de sus grandes penas de los últimos años fue el fallecimiento -en el accidente que sufrieron alumnas del colegio Cumbres en Putre en 2008- de su nieta Bernardita Barros Vial, hija de Natalia con el abogado Fernando Barros.
Juan de Dios Vial será despedido hoy, a las 14:00 horas, con una misa en la Parroquia Santa Elena. Sus exequias serán luego en el Parque del Recuerdo.
Amigos y discípulos lo recuerdan Pedro Morandé, sociólogo y académico:   "Tengo una inmensa deuda de gratitud intelectual con Juan de Dios Vial Larraín. Con una inteligencia muy aguda, gustaba exponer el pensamiento de los filósofos en su propia lógica y estructura sin mezclarlo con sus ideas personales, por legítimas que fueran. Su fecunda vida intelectual y familiar corona una trayectoria dedicada a la búsqueda de la verdad sin otra vara de medida que la del recto juicio. Fue un auténtico pensador metafísico. Su profunda fe en Jesucristo no fue nunca argumento apologético, sino una confiada inteligencia para explicar la consistencia de todo lo que existe".
Juan de Dios Vial Correa, exrector de la Universidad Católica:   "Fue una persona notable y para mí un amigo muy querido desde la juventud. Juan de Dios fue un cristiano muy recto y talentoso, que puso todo su talento al servicio del Señor y de la Iglesia. Estoy muy impresionado con su partida".
José Luis Cea, presidente de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile:   "Fue un gran consejero, modesto, sencillo, de buena voluntad, generoso con su conocimiento, de una inteligencia superior. Es una figura excepcional dentro de la intelectualidad chilena. Su criterio nos sirvió de máxima ayuda en muchas ocasiones. Fue un hombre de una lucidez fuera de lo común. Hace pocas semanas estuvo en la Academia para un coloquio acerca de la inteligencia artificial. Estuvo encantado con los expositores y participó de esa reunión con su habitual sabiduría y brillo".
Ignacio Sánchez, rector de la Universidad Católica:   "Juan de Dios Vial Larraín fue un gran pensador y humanista, un ejemplo de profesor universitario. Un formador e investigador, autor de más de 14 libros que recorren el pensamiento de Aristóteles, Platón, Descartes, Kant y Heidegger".
Joaquín García-Huidobro, filósofo y académico de la U. de los Andes:   "Estaba en el colegio cuando leí el primer artículo de don Juan de Dios en 'El Mercurio'. Desde entonces nunca dejé de agradecer sus reflexiones, que en ellas iluminaba los acontecimientos de la vida nacional con una sabiduría recibida de los grandes pensadores de Occidente".
Isabel Cruz de Amenábar, historiadora: "Fue un gran hombre. Hombres así no van quedando. Un gran pensador, íntegro, de mentalidad muy ordenada. Tuve el honor de que presentara mi libro 'El traje: transformaciones de una segunda piel' y de un tema muy femenino y cotidiano extrajo una reflexión de gran profundidad y significado".