Lunes, 06 de Abril de 2020

¿Para qué la verdad?

ColombiaEl Tiempo, Colombia 6 de abril de 2020

La aspiración de acercarse a la verdad garantiza el progreso del conocimiento

La aspiración de acercarse a la verdad garantiza el progreso del conocimiento. Para la ciencia, la verdad es muy importante. No solo por ella misma (lo que sería suficiente), sino porque, además, es necesaria para resolver problemas. La ciencia no pretende tener una verdad terminada, sino una aproximación que se mejora continuamente por la necesidad de explicar nuevos hechos que contradicen el consenso temporal. Algunos consensos son fuertes y, aunque requieran ese acercamiento continuo hacia una verdad más precisa, son aceptados como hechos ciertos. Por ejemplo, no hay un geólogo que niegue la estructura de placas tectónicas de la Tierra, o un biólogo que dude de la evolución de las especies por selección natural. Quienes pretenden explicar la materia sin considerar la cuántica, o explicar la naturaleza humana sin acudir a la evolución, están hilando discursos retóricos, con poco contenido de realidad. También las ciencias sociales se acercan, con teorías, ejemplos y modelos matemáticos, a verdades del tipo descrito. Por ejemplo, los economistas saben que si un gobierno imprime todos los billetes que le dé la gana, el país desarrollaría altos índices de inflación. Hay condiciones particulares, pero quienes lo hicieron basados en consideraciones ideológicas o populistas siempre terminaron con ese resultado. Es descorazonador ver el desprecio creciente por el valor de la verdad. El siglo pasado, muchos posmodernistas abogaron por un relativismo según el cual las verdades son meros constructos sociales, diferentes para cada cultura e, incluso, para cada individuo. Ese pensamiento es similar a la famosa paradoja de Epiménides, quien siendo cretense afirmaba que todos los cretenses eran mentirosos. Si estaba en lo cierto, lo que decía sería mentira y, por tanto, los cretenses no serían mentirosos. Pero entonces lo que decía sería verdad, y así en círculos sin fin. Igualmente, quien afirma que toda verdad es relativa está haciendo una afirmación absoluta, que se contradice consigo misma. Es grave la aparición de la llamada ‘posverdad’ en política, medios y redes. Esta no pretende que la verdad sea relativa, sino que no es importante. El lema es ‘no moleste con hechos, no me interesa comprobar’. Se puede presentar lo que no funciona como si funcionara, o al revés, sin necesidad de revisar mínimamente la realidad. Basta un tuit arrogante que afirme cualquier cosa; mientras más absurdo, mayor el impacto. Una mentira sonora y descalificadora tiene miles de likes, su desmentido bien fundamentado pasa desapercibido. Sentimos que el fenómeno es grave porque lo padecemos hoy, pero tal vez no sea novedoso. Steven Pinker, en su último libro, dice que "la mendacidad, la verdad oscurecida, las teorías de la conspiración, los delirios populares y la locura de las multitudes son tan antiguos como nuestra especie, pero también lo es la convicción de que algunas ideas son correctas y otras, erróneas". Esa afirmación debía comprometernos más con la denuncia de lo falso. Una sociedad que no distingue la verdad de la mentira no podrá diferenciar tampoco entre el bien y el mal. Periodistas, científicos y maestros debemos sentirnos especialmente responsables. En periodismo se usan hoy los ‘verificadores de hechos’. Unos, manejados por los periodistas; otros, disponibles en ‘páginas web inteligentes’. Los educadores debemos insistir en el desarrollo de herramientas de pensamiento crítico con debates abiertos a posiciones opuestas y a preguntas incisivas. Una que me parece muy útil es la que propone el filósofo americano Peter Boghossian para que se hagan quienes se sientan muy seguros: ¿qué hecho me haría cambiar de idea? Si la respuesta es que ninguno, muy posiblemente se estaría engañando y engañaría a los demás. @mwassermannl
Ante un fenómeno grave
Moisés Wasserman