Sábado, 30 de Mayo de 2020

Fotógrafos confinados: el rectángulo sigue en el ojo

ChileEl Mercurio, Chile 29 de mayo de 2020

Si no pueden salir cámara en mano, hacen imágenes de su entorno íntimo, bosquejan libros y proyectan futuras instancias de trabajo colaborativo.

Surge en cualquier sitio y momento. Pero lo más usual es que la pulsión fotográfica brote en contacto con otro, puertas afuera, durante el deambular. Después viene el cuarto oscuro -sobreviviente aún- o el proceso de elegir imágenes digitales. Puro silencio. El oficio de los fotógrafos tiene bastante de eso. "Uno trabaja mucho encerrado en el taller. La única diferencia es que ahora no podemos salir, aunque queramos. Creo que los artistas siempre estamos en una suerte de cuarentena", dice Marcelo Montealegre (1936).
El fotógrafo está confinado desde marzo. Vive en el Harlem de Nueva York, así que siente fuerte la amenaza del covid-19. "Faltan tantos recursos médicos y hemos visto negligencias criminales de la administración", afirma. Por lo pronto, aunque ya no salía tanto a hacer imágenes, prefirió darle prioridad a un proyecto abordable desde su pieza: crear un nuevo sitio web.
"El actual está cada día más caduco. Quiero darle otra dirección: mostrar trabajos más personales y recientes. Igual los antiguos me gustan, porque son una máquina del tiempo: uno se emociona hasta las lágrimas al revisarlos", confiesa Montealegre. Su tarea actual es elegir imágenes y digitalizarlas. "!Estoy hasta arriba de la cabeza con eso¡", dice. En el sitio dispondrá unos mil archivos de un acervo voluminoso: 60 mil imágenes análogas y 100 mil digitales.
Desde Limache, Rodrigo Gómez Rovira (1968) también piensa que los fotógrafos o artistas tienen algo a favor para la cuarentena. Y explica: "Al adoptar una disciplina expresiva como camino de vida no hay separación clara entre el mundo personal, o íntimo, y el laboral. Es un todo. Entonces, a través de la fotografía, uno permanentemente trata de entender qué está pasando. Es así en los momentos de gloria como en los de pena. Existe esa sensibilidad con el entorno y con uno mismo".
Apenas se agudizó esta crisis, trasladó archivos y cajas con negativos desde su taller, en Valparaíso, hasta su casa. Y armó un laboratorio en un baño, donde inició el revelado de más de 100 rollos pendientes. Mientras trabaja a distancia con los equipos de Casa Espacio Buenos Aires, Imagen Salvaje y el Festival Internacional de Fotografía (FIFV), que dirige, comenzó además la maqueta de un libro. "Saco fotos, también. Doy cuenta con ellas del estado de ánimo; hay días en los que uno está más prendido, otros más apagado. Intento reflejar eso con imágenes", afirma Gómez Rovira.
La fotógrafa Julia Toro (1933) hace tres meses que no sale de su casa. Cuenta que ha fotografiado cosas que se vinculan con sus proyectos: "El archivo de fotos, negativos y diapositivas que mi hijo Mateo está poniendo en orden en un catálogo razonado, y mis acrílicos sobre piedras. Con ellos lleno mis tardes, entre los pinceles y las lecturas". Aunque su rutina no se ha visto tan alterada, dice, "la atmósfera de lo cotidiano ha cambiado profundamente y eso nos afecta a todos; es algo tan nuevo, que todavía no lo puedo definir".
Usa su iPhone para hacer algunas imágenes, como las de sus piedras. Algo ha publicado en redes sociales. "Yo misma las recolecto y otras me las han traído de regalo desde playas, ríos y montañas. Reproduzco cuadros que me han gustado mucho y los adapto a la curva de las piedras. Estoy pintando también telas pequeñas. Ahí no copio cuadros famosos", explica Toro, quien espera que en un futuro próximo se concrete su primera exposición en Buenos Aires. Sería en Muntref, organizada por la Factoría Santa Rosa, y quedó pendiente por el coronavirus. "Con Penguin Random House estamos avanzando en un libro de mis cuadernos y memorias para el año que viene", remata.