Sábado, 11 de Julio de 2020

Un tiempo de revisiones

UruguayEl Pais, Uruguay 11 de julio de 2020


Puede sostenerse, no sin buenos argumentos, que el siglo XX, la centuria de las ideologías y los totalitarismos, de las grandes guerras, el racismo y la Shoa, constituyó un período aciago


Puede sostenerse, no sin buenos argumentos, que el siglo XX, la centuria de las ideologías y los totalitarismos, de las grandes guerras, el racismo y la Shoa, constituyó un período aciago. Probablemente de los peores, pese a lo mucho que se sufrió en los anteriores. No solamente, a decir de Nietzche, en él murió Dios sin sucesores, sino que las grandes construcciones seculares que procuraron sustituirlo terminaron todas ellas seriamente heridas. Varias naufragando para siempre. Bien mirado, ninguna alcanzó intacta el nuevo milenio. No porque, algunas no tuvieran razón en sus aspiraciones, particularmente las volcadas a la valoración del individuo como ser singular y autónomo, sino porque nunca lograron combinarlas con modelos sociales viables. > > Probablemente fueron los siglos XVII y XVIII, los que en el plano propositivo, al nivel del pensamiento y la valoración, prometieron las mejores décadas. Cuando el "sapere aude" de Kant, la fuerza de las luces y la confianza en el progreso ilimitado parecieron disipar las tinieblas teocráticas y monárquicas. Pese al eurocentrismo y porqué no, al racismo, que acompañaron a muchas de sus manifestaciones. Y al hecho que la sociedad, omisa en sus cambios, no acompañara a sus mejores pensadores. Luego el siglo XIX, ensayando la libertad propuso la igualdad, pero nunca supo conjugarla con el humanismo ilustrado. El XX, como sabemos, fue el tiempo de las realizaciones: de los grandes experimentos fallidos, de las prácticas abortadas, el fascismo a la derecha y el comunismo a la izquierda. También el tiempo de las decepciones. > > Hoy ni siquiera la naturaleza otorga respiro. Alcanzada por el humano afán depredatorio nos propone una catástrofe biológica por siglo, recordándonos que somos demasiados para una superficie de límites irrebasables que no podremos dejar de degradar por más que nos empeñemos. Ayer fue la gripe, ahora la neumonía, mañana la asfixia. La especie, aunque decirlo luzca agresivo o represivo, deberá limitar su crecimiento, entender que vive prisionera en un planeta limitado y encontrar soluciones a su expansión. Por más que ya no deba regresar a los extremismos, de derecha o de izquierda, eso sí lo sabemos, incompatibles con la democracia. Otro resabio feliz también en construcción. > > Sin contar dolores e inequidades notorias, en temas existenciales, heredamos poco del pasado. Y si ello no fuera suficiente hoy debemos lidiar con un ambiente cada vez más hostil. De ello, una rampante rebeldía social que también con razón, pero flojamente conceptualizada, gana presencia en la humanidad.
Un sentimiento tumultuoso pero carente de andariveles. También sabemos que la ciencia, por sí sola, tampoco basta para superar el reto histórico. Solo la auxilian en la postergada tarea reconstructiva, unos discutidos legados éticos y algunas pocas convicciones. Entre ellas la idea fuerza, más idealizada que practicada, que la herencia ilustrada, debidamente revisada, más una renovada y urgente concepción, aún en ciernes, sobre la economía y la vida colectiva, constituyen las únicas guías. Si es que los virus nos lo permiten.