Miércoles, 12 de Agosto de 2020

Martín Guzmán: "Hemos hecho el máximo esfuerzo, el último, y esperamos la respuesta de los acreedores"

ArgentinaLa Nación, Argentina 12 de agosto de 2020

Silencio

Silencio. Profundo. Inesperado. No es consecuencia del viernes feriado a última hora en el que se hizo la entrevista, sino más bien del contexto en el que le tocó asumir -de aislamiento obligatorio- al frente de uno de los ministerios más ruidosos: el de Economía. Martín Guzmán, quien lleva más de siete meses repatriado de Estados Unidos y es fanático tanto del Central Park como de la ciudad de La Plata, está tranquilo.
El despacho mantiene intacta la disposición de sus inmediatos antecesores, excepto por algunas fotos y las seis pantallas en tono azulado que se volvieron epicentro de su oficina. Allí titilan, minuto a minuto, la gran mayoría de los números sociales, macro y financieros que el ministro consulta desde que llega hasta que se va.
"La pandemia ha llevado a adaptar los esquemas mentales, la forma de trabajar", revela con tono afable el hombre que conoció al presidente Alberto Fernández en un almuerzo cuando ninguno de los dos aspiraba a ocupar el puesto que hoy desempeñan. "Hablamos muchas horas sobre los problemas de la economía argentina, la forma de resolverlos tanto en lo macro como en la visión de desarrollo y el tipo de economía y de país al que aspiramos", rememora el delfín del Nobel de Economía Joseph Stiglitz.
"Con Stiglitz -el economista preferido de Cristina Kirchner- tenemos una relación muy cercana; tiene una cabeza totalmente excepcional y un compromiso con el bienestar global excepcional", describe quien aún hoy mantiene charlas frecuentes con el profesor de la Universidad de Columbia. "Es un momento delicado de la historia de la Argentina. Ya era delicado. Se ha dejado al país en una situación de vulnerabilidad, y a eso se suma el Covid-19. Que el Presidente me haya elegido para esta posición lo llevo con mucha paz y con la responsabilidad que la situación pide", resume el hombre de 37 años en su mano a mano exclusivo con LA NACION.
-¿Cuánto le preocupa llegar a un pronto acuerdo para la reestructuración de la deuda?
-Todos los pasos que hemos dado muestran que la Argentina tiene una voluntad plena de llegar a un acuerdo (N. del E.: Guzmán cedió entre US$8200 millones, según datos oficiales, y US$15.000 millones, de acuerdo con cálculos privados, entre su primera y última propuesta); el punto es que ese acuerdo le debe servir al país para poder establecer condiciones para la recuperación. Hemos hecho el máximo esfuerzo, el último, y ahora estamos esperando la respuesta de los acreedores. Hay algunos que ya están acompañando; ha habido una recepción inicial muy positiva, y esperamos que el resto decida.
- Dos de los principales fondos se mostraron a favor, pero otro comité, el grupo Ad-Hoc, en el que se encuentra BlackRock, dijo que no aún...
-Siempre hay incentivos para pedir más. Hay un grupo de acreedores con los que logramos ponernos de acuerdo antes de salir con la oferta y hubo otro conjunto, el del grupo Ad-Hoc, que en un momento dejó ya de querer negociar, se plantaron, y pretendían que la Argentina fuera más allá de lo que el país puede.
-¿Se alcanzan los umbrales mínimos sin el apoyo de los Ad-Hoc y los Exchange?
-No hay ningún grupo que de por sí constituya una mayoría. La mayor parte de la deuda, un 60%, está en manos que no participaban de las negociaciones por su tamaño. Hemos tenido una respuesta inicial muy positiva. Estamos recibiendo apoyo del mercado.
-Entonces...
-Es la forma en que han elegido manejarse, pero la Argentina fue al máximo de lo que podía ir.
-¿Qué cambia concretamente con un acuerdo?
-Que la Argentina, tanto el sector privado como el público, tenga condiciones para generar trabajo, generar inclusión, más oportunidades, abordar sus problemas de informalidad laboral, pobreza e indigencia. Eso es lo más importante para el ciudadano de a pie. Ahora bien, la deuda, en la forma que adoptó en 2018, significa una carga que asfixia esas posibilidades. Necesitamos sacarnos esa carga y tener una deuda en niveles que podamos cumplir para generar certidumbre en el sector privado a fin de crear empleo e invertir con condiciones de financiamiento adecuadas, y que el sector público pueda generar sus políticas de empleo, ciencia, salud, educación y así trazar un sendero de desarrollo económico y social positivo.
-El Presidente dijo que en el caso de llegar a un acuerdo con los acreedores van a revisar el "cepo" al dólar. ¿Qué se planea hacer?
-No es que llegar a un acuerdo va a resolver los problemas de la economía. Es un punto de partida para tener finanzas públicas saneadas y tener certidumbre en el sector privado. Hay problemas que van a llevar tiempo. A lo largo de nuestro gobierno apuntamos a que haya modificaciones en la regulación de la cuenta de capital, lo que llamás el "cepo", pero no se puede hacer de un día para el otro sin generar resiliencia y robustez. ¿Cómo se construye? Pudiendo acumular reservas. Sería imprudente tomar medidas muy rápidas.
-Se empieza a hablar de medidas a tomar el día después de la cuarentena. ¿En qué consiste este New Deal made in Argentina?
-La pandemia es un golpe a la economía mundial que no tiene precedente en la historia del capitalismo. No es un shock de confianza. No. Lo que ha habido es un shock sobre la manera de producir. El sistema está preparado para producir con circulación, de personas, de bienes, y aquí tuvimos que reducir la circulación para contener la expansión del virus. ¿Qué pasa? Vemos una caída fuerte sobre todo en los países que no actuaron a tiempo para detener esa expansión, porque su misma propagación va haciendo que se enferme la gente, y en las fábricas donde trabajan se frena la producción. Así, la crisis económica se hace más profunda.
-Pero concretamente a la salida...
-A la salida de la pandemia vamos a ver en el mundo muchos contratos y muchas empresas que van a estar en situación de inconsistencia. Problemas de haber tomado compromisos que ahora no se pueden resolver. Eso generará incertidumbre. Se va a empezar a demandar menos. ¿Por qué? Porque se tiene miedo a perder el empleo, a tener menos ingresos. Por eso estamos actuando con los países del G-20 para ofrecer estímulos de modo que la economía reaccione. Vamos a actuar en forma decidida.
-Cuánto se planea invertir en lo que ustedes denominan New Deal...
-Hay que manejarse con mucha prudencia, porque esto involucra el presupuesto de 2021 y recién el 15 de septiembre vamos a presentarlo.
-Usted hablaba de la expansión del virus, pero también se expandió la emisión monetaria...
-La economía argentina estaba enferma y le llegó el coronavirus, lo que hace más difícil lidiar con el problema. La Argentina no tiene acceso al financiamiento que tienen otras economías con finanzas sanas. Actuamos en una forma inmediata, rápida, con valentía, para asegurar que protegemos de la pandemia a los que caen en situación de vulnerabilidad, a empresas, trabajadores y el saber hacer.
-¿Le preocupan los actuales niveles de emisión?
-Debimos emitir para hacer todo eso. Desde que llegamos trabajamos en instrumentos de financiamiento y ahorro en nuestra propia moneda, para generar la curva de rendimiento en pesos, y eso nos ayudó mucho porque buena parte de la expansión monetaria fue absorbida en activos en nuestra moneda. Igualmente, hay que mirar esto con cuidado porque hay fragilidades. Vamos a tener a mano todos los instrumentos de los que disponemos porque vamos a actuar si es necesario sacar liquidez del sistema.
-De acuerdo con la escuela de cada economista, dicen algunos que se corre riesgo de espiralizar la inflación. Otros, en cambio, hablan de una híper. ¿Usted qué piensa?
-No, de ninguna manera. Acá hay un frente político muy fuerte capaz de prevenir y evitar todo ese tipo de situaciones. Todos los instrumentos disponibles y que sea necesario usar los utilizaremos si el nivel de liquidez en la economía es muy alto.
-Subir impuestos, ajustar, emitir y endeudarse. En el tablero de comando como ministro, ¿cuál es la opción a la que menos quiere recurrir?
-No importa la escuela de pensamiento. Acá lo que predomina es el pragmatismo. Hay circunstancias diferentes en las cuales la política adecuada es diferente. Hay que adaptarse al contexto. No tenemos acceso al financiamiento externo, y de tenerlo, debemos utilizarlo en forma prudente. De todos modos, el país tiene que generar condiciones de consistencia. ¿Qué significa? Establecer una secuencia hacia el ordenamiento de las cuentas, pero tiene que darse a una velocidad que le permita crecer.
-¿Cómo incide el déficit fiscal?
-Está claro que no se puede vivir todo el tiempo con déficit financiado con deuda, porque en algún momento eso explota, así como está claro que no se puede vivir todo el tiempo con déficit financiado por la autoridad monetaria, porque esos pesos empiezan a irse al dólar y generan problemas de inflación. Pero también tiene que quedar claro que estamos en un momento muy difícil y que debemos tender hacia una normalización que le permita al Estado hacer políticas públicas para generar más productividad, más empleo.
-Para reprogramar los vencimientos con el Fondo es de esperar que se pidan reformas más estructurales. ¿Avala la discusión sobre reformas del mercado laboral y las jubilaciones?
-Va a ser un programa diseñado por la Argentina. El país tiene una estructura productiva con niveles de informalidad altísimos, inflación en niveles que no son buenos, desempleo de dos dígitos, problemas de balanza de pago recurrentes, por lo que apuntamos a tener una reforma de la estructura productiva. Todo el esquema económico va a estar basado en esas premisas.
-¿En qué va a estar basada la reforma previsional?
Eso va a tener su lugar en el Congreso a su debido tiempo y, como siempre digo, necesitará el adecuado debate y legitimidad en su conjunto.
-¿Cómo se van a generar dólares sin financiación, con problemas de competitividad y pocos acuerdos comerciales?
-Primero se requiere consistencia macro, y es clave que haya estabilidad para que las empresas que producen bienes exportables tengan condiciones adecuadas en lo cambiario y el financiamiento; segundo, el Estado tiene un rol clave en ayudar al privado desde las políticas productivas. Tercero, la integración comercial debemos pensarla de manera inteligente, alineada con objetivos de desarrollo, como inclusión, productividad, dinamismo, estabilidad. La integración no es un fin en sí, sino un medio, y las políticas comerciales deben balancear qué le dan y qué le quitan al país en términos de dinamismo y generación de empleo.
-¿Cuál es su posición sobre el caso Vicentin?
-Lo importante es que el Estado actúe cuando hay un momento de crisis para que no haya pérdida de empleo y generación de divisas. Está actuando para resolver una falla de mercado y el Presidente ha dicho que estaba dispuesto a actuar y que consideraba (la expropiación) como una posibilidad, entre otras opciones.