El arquitecto considera que la principal obra del bicentenario sería mejorar las escuelas en el país, ahora que se pide el retorno a clases presenciales.
Por Rudolf Giese
La última Bienal de Arquitectura se desarrolló en Trujillo, en el 2018, y el libro con las ponencias y obras ganadoras acaba de ser puesto en circulación bajo los auspicios del Colegio de Arquitectos del Perú y la Universidad de Ciencias y Artes de América Latina (UCAL). Conversamos con Rudolf Giese, decano de la Facultad de Arquitectura de dicha universidad, y coeditor del volumen, quien comenta sobre los retos que afronta esta especialidad en un bicentenario marcado por la pandemia y por la existencia de grandes déficits en viviendas, escuelas y hospitales.
?¿Cómo responder desde la arquitectura frente a desafíos como la pandemia?
Un primer factor, es el territorio. ¿Cómo lo estamos ocupando? Lima tiene ya 100 kilómetros de largo por 70 ancho; es una megalópolis que crece de manera descontrolada, cuando debería ser una ciudad con varios centros que permitan que la gente no tenga que desplazarse tanto. Desde los años 70 del siglo pasado, el Estado se desentendió de la vivienda social y las ciudades crecieron al ritmo de la gente. Esta bienal trató de valorar los esfuerzos de la arquitectura por reencontrarse con los ciudadanos.
?Los artículos del libro destacan la importancia de escuchar a los usuarios de las construcciones a la hora de otorgar premios arquitectónicos.
El factor más importante es si un proyecto resuelve o no las necesidades de la gente. Si no lo hace, entonces no sirve. Esta bienal buscó eso.
?¿Y cuáles son esas demandas en el Perú?
Es una pregunta compleja, yo diría que la mayoría de los peruanos buscan un lugar donde puedan vivir con dignidad, porque el déficit de vivienda es enorme. El peruano está buscando resolver una necesidad básica; pero una vez resuelta, busca que ese espacio sea seguro y tenga cierto confort. Te diría que hay una preocupación en términos de sostenibilidad: se está empezando a valorar viviendas bien iluminadas, bien ventiladas, que puedan tener una vista a algún lado y no a la pared de un edificio. Y esto ha sucedido a raíz de la pandemia, porque hemos pasado meses en cuarentena y eso nos ha enseñado a valorar ciertas cosas.
?En Lima y en otras ciudades cobró auge la idea del condominio cerrado y seguro. ¿Cree que con la pandemia se vuelve a valorar el espacio público?
Sí, eso es definitivo. El espacio de socialización y aprendizaje es la calle. El encierro empieza, en realidad, en la época del terrorismo, en los años 80, cuando la gente abandonó la calle por seguridad; después vino la delincuencia y vimos la manera de protegernos hacia adentro. Primero enrejamos nuestras casas, después nuestros barrios, después nuestros parques. Hoy estamos volviendo a entender que el espacio público es fundamental para nuestra vida, las municipalidades están empezando a retirar las rejas?
?¿Qué le gustaría ver para el 2024 cuando culminen las celebraciones por el bicentenario?
Me gustaría que se cierren las brechas que existen. Faltan hospitales, pero la brecha en infraestructura educativa, creo, es una deuda que tenemos que saldar lo más pronto posible. Sería lo mejor que nos podría pasar para empezar bien los próximos cien años. Para garantizar un futuro mejor necesitamos colegios. No puede ser que miles de niños vuelvan a lugares donde no hay agua, no hay desagüe, no hay luz eléctrica. Hay que involucrar a los gobiernos regionales, al sector privado, fórmulas de asociaciones público-privadas, de obras por impuestos? esa tendría que ser una tarea de todos.
?La Bienal de Trujillo puso énfasis en las lecciones que podemos sacar de la arquitectura precolombina. ¿Qué podemos aprender de quienes nos antecedieron en este territorio?
Acabo de regresar de Calca, en Cusco, y no termino de sorprenderme de la capacidad de los antiguos peruanos para construir y pensar sus edificaciones en armonía con la naturaleza. El control que tenían del territorio. En Lima hicieron una red de canales para convertir el desierto en un valle fértil, sobre el que se ubicaron después los españoles. Las perforaciones que hacían para controlar los efectos de los sismos, o las inclinaciones que le daban a los muros. A nosotros nos toca revalorizar eso en un territorio complejo. El Hexágono de Oro de esta bienal fue para el aulario de la Universidad de Piura, que fue proyectado con un sistema de calles angostas que facilitan la sombra y los flujos del viento, con lo que se logró un edificio climáticamente perfecto en una región de altas temperaturas. No se trata de que las edificaciones sean un remedo de lo prehispánico, sino rescatar los principios e incorporarlos en las soluciones contemporáneas.