Carlos Ruckauf y el triunfo de Raúl Alfonsín: la intimidad de una derrota que el peronismo no vio venir
Herminio Iglesias quema un cajón que lleva escrito UCR en plena campaña presidencial
"Yo tenía la información de que perdíamos la elección dos meses antes del acto multitudinario de la 9 de Julio y de que ocurriera lo del cajón de Herminio [Iglesias]", recuerda Carlos Ruckauf , a 39 años del triunfo de Raúl Alfonsín en las elecciones que marcaron la recuperación democrática en la Argentina
Herminio Iglesias quema un cajón que lleva escrito UCR en plena campaña presidencial
"Yo tenía la información de que perdíamos la elección dos meses antes del acto multitudinario de la 9 de Julio y de que ocurriera lo del cajón de Herminio [Iglesias]", recuerda Carlos Ruckauf , a 39 años del triunfo de Raúl Alfonsín en las elecciones que marcaron la recuperación democrática en la Argentina.
Con la dictadura en retirada después de la derrota militar en la guerra de Malvinas y el llamado a elecciones, los partidos políticos comenzaron la campaña electoral. Y el Partido Justicialista estaba convencido de que ganaría los comicios. Una vez más.
Sin embargo, hubo una persona clave que le anticipó a Ruckauf, candidato a senador por la Capital y a cargo del comando de campaña de ese distrito, que el radicalismo llevaba la delantera en la intención de votos a nivel nacional. Nadie le creyó a esa persona que vaticinó la derrota, cuenta Ruckauf.
"En el medio de la campaña aparece alguien que luego tuvo mucho predicamento: el encuestador Julio Aurelio . Nadie lo conocía y nadie lo atendía. Me lo presentan. Y me dice:
-Mire, yo le quiero contar que yo estoy haciendo una cosa que en la Argentina no se conoce: se llaman encuestas. Hemos hecho una encuesta sobre estas elecciones. Y se está perdiendo.
-Sí, ya sé que pierdo en la Capital.
-No, se está perdiendo la elección nacional.
-¿Estás seguro?
-Totalmente.
-¿Por cuánto?
-Siete puntos.
-¡Siete puntos! No, no puede ser.
-¿Por qué no las lee?
"Nos pasamos una hora leyendo los datos. Era la primera vez que leía una encuesta. A Luder le pareció que no podía ser cierta. Y yo creo que la quema del cajón fue la ratificación de lo que la gente ya tenía en la cabeza", explica Ruckauf, sentado en el escritorio de su departamento en Palermo.
La llegada al poder de Raúl Alfonsín sorprendió al peronismo
El sociólogo Julio Aurelio, que había sido rector en la Universidad de Mar del Plata en los años setenta, ya había fundado su consultora Aresco, en España. Y cuando acercó esas encuestas a los principales referentes del peronismo y al propio Ítalo Luder, el candidato a presidente, esos números fueron desestimados.
En esa elección que hizo historia y dejó atrás décadas de inestabilidad institucional y golpes militares, la fórmula peronista obtuvo el 40,1% de los votos y el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín, el 51,7%.
Los candidatos
"Luder había sido el último presidente provisional durante la licencia de Isabel y su período en Ascochinga. Y había tenido una actitud muy digna cuando los militares le ofrecen prácticamente hacer un proyecto a la uruguaya con un presidente títere. Se niega y durante todo el tiempo en que empieza el proceso político Luder es el único que no arma una rosca buscando la candidatura", dice quien fue ministro de Trabajo durante el gobierno de Isabel Perón. Ruckauf tenía 31 años cuando asumió en esa cartera, el 15 de julio de 1975, un mes después del ajuste, la devaluación y la política de shock implementada por el ministro de Economía Celestino Rodrigo . Un episodio traumático que sería bautizado como el " Rodrigazo ".
En 1983, Ruckauf era el presidente del Partido Justicialista en la Capital y Herminio Iglesias , el presidente del partido en la provincia de Buenos Aires.
Ruckauf recuerda que varios querían encabezar la fórmula: Ángel Robledo, Raúl Matera y Antonio Cafiero.
Herminio Iglesias quema un cajón que lleva escrito UCR en plena campaña presidencial
"Luder era el candidato de Lorenzo Miguel . Si la candidatura la aprobaban las 62 Organizaciones era muy difícil que se pudiera evitar porque se elegía por congreso y la mayoría de los congresales respondían a la estructura que en ese momento estaba en pie. Si bien los dirigentes habían estado presos y los gremios intervenidos, cuando devuelven los gremios, la estructura existente es la que está. No había dirigentes políticos que tuvieran un aparato. Por ejemplo, Ángel Robledo , que era otro precandidato, se apoya en un sector gremial. Cafiero, que venía del vandorismo, curiosamente se convierte en el candidato de los 25 [la Comisión de los 25 sindicatos combativos de la CGT que enfrentaron la dictadura] de Roberto Digón , que era muy amigo mío. Y después estaba obviamente la gente que respondía a la vieja idea de Montoneros y su cabeza era don Vicente Saadi . Los congresales aprobaron que el candidato debía ser Luder. El candidato a vicepresidente se discutió más porque había varios, pero [Deolindo] Bittel era muy respetado por todos nosotros y había tenido una actitud ejemplar cuando viene a la Argentina Patricia Derian, la secretaria de Derechos Humanos de los Estados Unidos, y Bittel le acercó un documento escrito por él muy duro sobre las violaciones a los derechos humanos en la Argentina".
Ruckauf describe el perfil de las opciones que estaban sobre la mesa. "Robledo era un hombre inteligente, pero estaba enfermo. Matera era demasiado orgulloso. Saadi respondía a un espacio que no era el nuestro. Cafiero había pasado del vandorismo a los 25, y si bien se lo quería, no lo iban a aceptar para presidente. Y muchas veces en la política argentina, cuando hay una estructura de mucho poder, eligen al que no tiene aparato", explica.
"Me acuerdo de una reunión en un bar en la que estaban presentes los distintos sectores del Concejo Deliberante de la Capital Federal. Y había un señor que no estaba con nadie. Me pongo a tomar un café con el que estaba solo. Y entonces le digo: ‘¿Usted por qué no está de acuerdo con nadie?’. Me contesta: ‘Porque yo quiero ser el presidente del Concejo, y para ser el presidente del Concejo no tengo que ser de nadie porque entonces soy de todos’. Esta es un poco la característica que tenía Luder: el prestigio de haber sido un tipo serio en su momento, de no haberse rendido a los militares".
El afiche de Ruckauf como candidato a senador
Durante el interregno en el que Luder reemplaza a Isabel Perón en la presidencia, creó el Consejo de Seguridad Interior integrado por el presidente y los jefes de las FFAA y firmó el decreto para "aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el país" .
"Firmamos, sí", dice Rukauf en plural. "El decreto original decía ‘aniquilar los elementos subversivos’. Ese es el decreto que trae el Ministerio de Defensa a la reunión del gabinete nacional donde estaban presentes los tres jefes de Estado Mayor. Robledo y yo nos opusimos y sostuvimos que una cosa era el accionar y otra cosa eran las personas . Hubo un cambio por idea de Robledo, que era un tipo brillante, una idea que yo apoyé; y eso se mandó al Parlamento sujeto a su aprobación. Mucho tiempo después alguien me dijo que haberlo mandado al Parlamento aceleró el golpe militar porque ellos no querían que el Parlamento rechazara eso. Pero estábamos en una situación muy complicada".
Finalmente, la fórmula peronista de 1983 ratificada en la convención partidaria quedó integrada por Luder y Bittel. Ruckauf disiente con aquellos que piensan que Luder estaba demasiado relacionado a una figura desvalorizada como Isabel Perón . "Luder no estaba para nada pegado. Yo creo que no, no lo sentí nunca. Al contrario. Todos estábamos asociados al gobierno de Isabel. Todos veníamos de ahí".
También se definió que el candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires fuera Herminio Iglesias. La relación entre Ruckauf e Iglesias no era buena.
"En una reunión, en ese momento, le dije a Herminio: ‘Los que sirven para pelear no siempre sirven para gobernar’. Se enojó mucho, era un problema. Después tuvimos muchas discusiones porque yo no permití que entrara en la campaña de Capital: era un salvavidas de plomo porque estaba muy rechazado por los sectores medios y también por muchos sectores nuestros en la provincia de Buenos Aires que, de hecho, terminaron haciendo un fuerte corte de boleta".
María Estela Martínez de Perón
"Había comandos de campaña diferenciados en cada distrito. Yo manejaba el comando Capital y estaba en contacto con Luder que me propone un switch. Originalmente yo era el primer candidato a diputado nacional, pero me propone que vaya de senador. ‘Me mandás al muere, no le puedo ganar a los radicales en la Capital’, le dije. ‘Sí, pero vas a ser mi ministro de Acción Social’, me contestó. Luder estaba absolutamente convencido de que el candidato del PJ iba a ser presidente. De hecho, en la Unión Cívica Radical, donde tuve, tengo y tendré muchos amigos, varios pensaban que el camino para ellos era casi irremontable, salvo don Raúl [Alfonsín]. A tal punto que en la provincia de Buenos Aires fue candidato [Alberto] "Titán" Armendáriz porque pensaban que no se le podía ganar al PJ en ese distrito".
Fotos de campaña
La estrategia electoral del PJ se concentró en reforzar las lealtades de los votantes peronistas tradicionales y desatendió el acercamiento al electorado independiente. Dentro del variado universo peronista estaba Guardia de Hierro que, con un estilo confrontativo, apeló a la consigna "somos la rabia".
" Después de Perón, el peronismo no fue una sola cosa nunca más . Y Guardia tenía esa consigna, ‘somos la rabia’, como respuesta a aquello de ‘muerto el perro, se acabó la rabia’. Yo estaba absolutamente en contra de todo lo que fuera propaganda negativa. Son los que con esa consigna vienen a pedir mi cabeza en el PJ Capital liderados por Guillermo Seita. Decían: ‘¡Renuncien! ¡Mariscales de la derrota!’ En ningún lugar nosotros aceptábamos carteles con eso. No vas a encontrar ningún cartel cerca mío en toda la campaña que diga eso. Jamás. A mí me había parecido un acierto radical cuando ellos empezaron a decir ‘Somos la vida’. Y cuando Alfonsín cita el Preámbulo de la Constitución, muchos en el peronismo lo tomaban como algo superficial. Se reían. Yo decía: ‘No se equivoquen. Está planteando el camino exactamente opuesto al que plantea Guardia: el camino de la institucionalidad, de la unión nacional, que es el camino que nosotros planteamos toda la vida’. Toda la vida habíamos hablado de unión nacional. Uno puede tener diferencias sobre la ejecución, pero Alfonsín tomó el concepto de unión nacional y lo llevó adelante. Y apuntó a lo que los sectores medios estaban pidiendo" , reconstruye Ruckauf.
Deolindo Bittel e Italo Luder
La imagen más potente del cierre de campaña fue la quema del ataúd con las siglas UCR, el 28 de octubre de 1983. Un exultante Herminio Iglesias prendía el fuego entre la imagen de Eva Perón, una corona fúnebre, el sindicalista ortodoxo Norberto "Beto" Imbelloni y el empresario Carlos Spadone, que daban su aprobación. Esa foto en blanco y negro del acto de cierre de campaña fue el capítulo final de una derrota que estaba en marcha.
"Más allá de mis diferencias con Herminio, hay que desmitificar una cosa: el malestar del último tramo del gobierno de Isabel estaba en la gente. Más allá de mis diferencias con él, porque es fácil buscar chivos expiatorios, dos meses antes de la elección, Aurelio tenía el dato de que perdíamos y todavía nadie había quemado un cajón. Si no hubiera sido por la quema, poca gente común hubiera sabido quién era Herminio. En la provincia tenía mala fama, pero otra vez teníamos la sensación de que se podía ganar con cualquier candidato. Esto se repite hoy: el kirchnerismo cree que gana en la provincia con cualquier candidato", dice Ruckauf.
"Yo estaba en ese acto de la 9 de Julio, pero no vi la quema -recuerda-. Es muy interesante esto porque yo llegué a mi casa eufórico. Habíamos triplicado el acto radical. Y entonces mi mujer me dice: ‘¿Por qué estás tan contento si vamos a perder?¿No viste lo que hizo Herminio?’ La imagen del cajón en llamas ya estaba en la televisión."
Durante esa campaña, el peronismo convalidó la autoamnistía militar; eso empujó a Alfonsín a denunciar un pacto entre militares y sindicalistas. "Estaba en la cabeza de la gente la presunta complicidad con los militares, pese a que nos habían hecho mierda, pero no importa. Imagino que en algún momento Raúl ve esa encuesta y se le ocurre eso de denunciar el pacto militar-sindical. Lo cierto es que estábamos perdiendo".
Lorenzo Miguel
Mientras Ruckauf recorre el año 83, viene a su memoria una anécdota que ilustra aquella derrota que el peronismo no vio venir. "En casa trabajaba una señora que todavía hoy trabaja con nosotros. Empezó cuando nació mi hija Laura, hace 51 años. Antes de la elección, me reúno con mis chicos y les digo: ‘Miren, papá va a perder la elección. El lunes, en el colegio, los van a cargar, pero hay que bancársela; vamos a ganar a nivel nacional’. Bueno, los chicos se van a dormir y esta señora me dice: ´Doctor, ¿le puedo decir algo? En mi barrio -ella es de José C. Paz- la gente vota al Alfonsín, no al Luder. Son todos peronistas, pero todos dicen que el Alfonsín parece más peronista que el Luder’. Alfonsín parecía peronista en sus dichos, en su forma de acercarse a la gente. Mucha gente veía que el peronista era Alfonsín y no Luder."
"La señora nunca más erró una elección -cuenta Ruckauf-. Acertó todas, inclusive cuando Fernández Meijide le gana a Chiche Duhalde".
El día después
La derrota inesperada de un movimiento que se consideraba a sí mismo imbatible sorprendió al Partido Justicialista. Y solo hubo desazón, desconcierto y desconsuelo.
"Nunca pensamos que íbamos a perder. Nos agarró tal depresión que no pensamos mucho en ese momento. Pero mi sensación, a la distancia, es que el horror del ‘76 se tenía que pagar. Después de Perón, el peronismo no fue una única cosa. Ya no estaba el poder de Perón y esto estalla durante el gobierno de Isabel: el malestar del último tramo de ese gobierno estaba en la cabeza de la gente. El peronismo se dividió en muchas partes, muchas de ellas contradictorias: avanzan las organizaciones guerrilleras, avanza la ultraderecha y, para mí, la sociedad retuvo este conflicto y lo cobró en el momento de la elección que gana Alfonsín. Y Alfonsín era un gran seductor. Después de la muerte de Perón, el peronismo terminó siendo muchas cosas. De hecho, hoy se ve eso. ¿Qué tiene que ver Pichetto con Cristina? O Menem con Cristina", dice Ruckauf.
Raúl Alfonsín durante el cierre de campaña de 1983
Y sostiene sobre Alfonsín y Luder: "Creíamos que ganábamos así que la sensación fue de enorme desconsuelo. Pero yo no creo que hubiera un mejor candidato que Luder en ese momento. Y, además, enfrente teníamos ‘un pajarito llamador’, es decir, un personaje absolutamente carismático, hábil."
La UCR venció en las elecciones presidenciales en dieciséis de los veinticuatro distritos electorales, incluyendo la provincia de Buenos Aires. Esa derrota produjo "un inmenso temblor interno" en el peronismo, que después dio inicio a la Renovación. "En Santa Fe, [Raúl] Carignano; en la Capital, [Carlos] Grosso y yo; en La Pampa, [Rubén] Marín; en Córdoba, [José Manuel] De la Sota; en Mendoza, [Octavio] Bordón", enumera Ruckauf mientras recorre de memoria los distintos distritos de la Argentina.
"Luder era un tipo magnífico, un estadista. Hubiera sido un excelente presidente en Suiza. Pero a los argentinos nos gustan tipos más sanguíneos. Quienes estuvieron con Luder hasta el último momento vieron cómo, en ese instante final, se vació el mundo que estaba alrededor; quedaron unos pocos".
Ruckauf, ayer y hoy
Carlos Ruckauf
Nació en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires (1944). Trabajó como dactilógrafo en una compañía de seguros y comenzó a hacer carrera en el Sindicato del Seguro, donde llego a ser secretario adjunto. Ahijado de José Ignacio Rucci primero, y de Lorenzo Miguel, después, fue nombrado ministro de Trabajo del gobierno de María Estela Martínez de Perón, cargo que conservó hasta el golpe militar de 1976.
Estudió abogacía y ocupó diversos cargos públicos de relevancia: diputado nacional, embajador en distintos destinos y ministro del Interior y vicepresidente del gobierno de Carlos Saúl Menem . Entre 1999 y 2002, fue gobernador de la provincia de Buenos Aires; y luego, durante el gobierno de Eduardo Duhalde, se desempeñó como ministro de relaciones Exteriores.
Apasionado por la cocina desde siempre, Ruckauf planea hacer un programa de cocina en YouTube con su nieto. Los largos tiempos en la cocina, dice, los ayudan a pensar y ordenar sus ideas. En la actualidad, publica columnas de opinión en distintos medios de la Argentina.